Diario Vasco

El día en el que en Mosul la música sonó más fuerte que las balas

Mokdad con su violin en Mosul
Mokdad con su violin en Mosul / REUTERS
  • Un violinista iraquí regresa al último bastión del ISIS en Iraq para realizar un concierto en medio del estruendo de las bombas

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Entre el estruendo de las guerras y los llantos de quienes ya no tienen nada, los acordes del violinista Amin Mokdad resonaron como un ápice de libertad en Mosul donde las fuerzas iraquíes, apoyadas por Estados Unidos, y el Estado Islámico luchan por hacerse con el control de la ciudad.

Empuñando su arco en medio de la guerra, en las ruinas de un antiguo lugar venerado por musulmanes y cristianos, Mokdad, que compusó las partituras en secreto cuando vivía bajo el duro régimen del grupo islamista, devolvió, por unos minutos, la música al último bastión del grupo terrorista en Iraq. «Esto es lo que los jóvenes necesitamos», decía Abdullah Thaier, una de las veinte personas que se acercaron a contemplar una estampa insólita en un campo de batalla. Un concierto.

Estado Islámico, que controla Mosul desde verano de 2014, ha convertido esta ciudad en su principal bastión en Iraq. A finales de enero, el Ejército de Iraq anunció la toma de todos los barrios de Mosul ubicados al este del río Tigris, aunque lo cierto es que, a día de hoy, los yihadistas siguen controlando parte de la zona occidental de la ciudad. Desde que comenzara una operación militar para expulsar a los milicianos, la escasez de alimentos y combustibles ha hecho que los civiles que no han podido escapar del terror se hayan visto envueltos en combates diarios y hayan convertido el fragor de las bombas en su melodía habitual.

El violinista Mukdad, de 28 años, huyó de Mosul después de que combatientes de Estado Islámico entraran en su casa y le confiscaran sus instrumentos al considerar su música como una violación de su interpretación radical del islam suní. Tres años después, en un acto de resignación, este joven decidió regresar a la ciudad y sorprender a sus compatriotas. «Este es un lugar para todos, no sólo una secta. Daesh no representa una religión sino que es una ideología que reprime la libertad», declaró el violinista, utilizando el nombre despectivo empleado para referirse al grupo que lider Abu Bakr al Baghdadi.

Cuidando al detalle la escenificación de este concierto, Mukdad, no en vano, eligió la Tumba de Jonás, o la mezquita del profeta Yunus (Jonás), que representa la unidad. «Quiero aprovechar esta oportunidad para enviar un mensaje al mundo de que la música es algo hermoso y dar un golpe contra el terrorismo y todas las ideologías que restringen la libertad», puntualizó Mukdad.

Una decisión audaz en un Mosul oriental en el que los milicianos aún controlan la Ciudad Vieja al otro lado del río Tigris. «El concierto fue como un sueño», reconoció Tahany Saleh, una mujer a quien le obligaron a dejar sus estudios universitarios. Satisfecha por que la música haya sonado más fuerte que las bombas, que la pólvora haya dado paso a la cultura, la joven quiso dejar claro que «la guerra no ha frenado la vida en Mosul. Se puede ver todo el daño pero aún queremos ser felices, queremos escuchar música», sentenció.

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