Diario Vasco

Mikel Goñi niega amenazas y lesiones y afirma que le utilizaron como «cebo»

Mikel Goñi, a su llegada ayer al palacio de justicia de Pamplona.
Mikel Goñi, a su llegada ayer al palacio de justicia de Pamplona. / CALLEJA
  • El expelotari se enfrenta a 9 años de prisión en el juicio que se celebra desde ayer en Pamplona por unos hechos ocurridos en 2014

«Creo que me usaron como cebo. Metieron la pata y creyeron que por que yo soy una persona pública me iba a callar». Con esas palabras explicaba ayer el expelotari Mikel Goñi en el Juzgado de lo Penal nº 3 de Pamplona su implicación en diversos hechos acaecidos a finales de 2014 a raíz de la desaparición de una plantación de marihuana en la vivienda que Goñi tenía alquilada en el concejo de Anocibar, en el municipio de Odieta. La Fiscalía y la Guardia Civil no creen la versión expuesta por Goñi y sostienen que tanto él como su amigo, el otro acusado, buscaban activamente la marihuana y amenazaron a los que consideraban autores del robo, los retuvieron durante horas y en algunos casos les ataron o causaron lesiones como golpes, un corte en la mano con un cuchillo o introducir un destornillador bajo la uña. Por ello, solicitan 9 años de cárcel. Tanto Goñi como el otro acusado se declararon inocentes.

La primera discrepancia en las declaraciones fue la de quien era el responsable de esa plantación. Goñi señaló que, a través de un amigo común, contactó en septiembre de 2014 con el propietario de una vivienda en Anocibar. «Es una especie de chalé que tiene separados la casa propiamente dicha y una bajera. Acordé con el casero que le dejaría la parte de abajo para sus cosas. Un día, por un problema con el diferencial de la luz, descubrí la plantación», señaló. «Le pregunté al propietario y me dijo que no hiciera nada. Al poco fue nuestro amigo común, el que nos había presentado, el que apareció un día con una escopeta y me dijo que ya se encargarían de lo que tenían que hacer».

La fiscal le preguntó a ver si ese enfado no se debía a que en realidad iban a medias en el 'negocio' de la plantación, pero Goñi no quería compartir los beneficios. «Usted necesitaba esa plantación para saldar una deuda con ciertas personas de Irun», le dijo. Goñi lo negó.

La situación se tensó cuando esa marihuana desapareció de la bajera. Goñi aseguró que no fue un robo, que se la llevó alguien que tenía la llave y no era él. Sin embargo, la reclamación por lo ocurrido sí le llegó a él. «Tres gitanos me llamaron un día al timbre y me dicen que a ver qué ha pasado con la marihuana, que o la saco o les pago 10.000 euros. Yo no sé de qué me hablan. Llamo a mi amigo (el otro acusado) y vamos a preguntar a mi conocido, el que me había presentado al casero». Así, se presentan en una casa de Eugui, a la que acude ese hombre. «Forcejeamos y le suelto un puñetazo bueno, sí, soy de carácter. Él dice que no tiene nada que ver con la movida y que la droga la tiene otra persona, al principio habla de un vecino de Elizondo». Según el testimonio de Goñi, en este punto finaliza la tensión hacia su persona. «Accedió a ir a Elizondo, pero no le atamos las manos, ni nada de eso. En cuanto reconoce que la marihuana la tiene otro, yo me desvinculo».

En el trayecto a Elizondo, indica, los gitanos sustraen el teléfono de ese primer agredido y, según relata, descubren que en realidad el compinche es el casero de Goñi. «Me dicen para quedar con él la noche siguiente en la casa, me usan como cebo», insistió. Al intermediario entre ambos lo abandonan en Elizondo, donde llama por teléfono a otro conocido que lo recoge y lo lleva de vuelta a Eugui. «Me habían golpeado en la cabeza, estaba aturdido. Me ataron las manos con una cuerda y me llevaron a Elizondo, cerca del río. Me bajaron del coche y me dejaron allí. No denuncié por miedo».

Así, la noche siguiente, Goñi afirmó que esperaba con los tres gitanos en la casa de Anocibar a que llegara el propietario. «Una vez que estuvo allí yo me quedé arriba con uno de los gitanos, mientras que otros dos bajaron con él a la zona de abajo. Oí ruidos y barullo durante 15-20 minutos y subieron diciendo que la cosa ya se había solucionado».

«Tú de esto, chitón»

El relato del casero fue radicalmente opuesto. «Tenía problemas con Goñi desde que le alquilé la casa. No me pagaba, no respondía a mis llamadas. Un día fui a la casa y vi la plantación, de la que no tenía ni idea. Él me dijo: 'Tú de esto chitón, que ya te pagaré cuando pueda'». Cuando fue citado en su domicilio, no recuerda la presencia de ningún gitano. Sí a Goñi, fuera de sí, con el otro acusado, que sólo ejerció un papel de acompañante, matizó. «Me amenazaba con un cuchillo diciendo que me iba a matar, que le habíamos robado la marihuana y que si no le daba los 10.000 euros, personas de etnia gitana iban a matar a su padre. Tenía una radial y me decía que me iba a cortar la pierna que me queda», dijo. «Llamé a mi hermano y con él reuní el dinero, que le entregué al día siguiente. Estaba muy asustado y por eso tardé unos días en denunciar todo lo ocurrido», declaró. El propietario reconoció a Goñi como el autor del corte en la mano y las lesiones con el destornillador.

El expelotari negó las acusaciones. «Ni lo torturé ni le mostré fotos de nuestro amigo común con la cara amoratada. Yo no conocía a esos vecinos de Irun hasta que vinieron a buscarme a casa. ¿Lo del destornillador? Con todo respeto, esas cosas solo las veo en televisión». En su declaración, el otro acusado corroboró la versión de su amigo Goñi. «Siempre nos hemos ayudado el uno al otro. Cuando llegaron los gitanos y me llamó, accedí a acompañarle».

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