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Adictos al madrugón

Adictos al madrugón
  • «Todo lo importante ocurre antes de las ocho de la mañana», defiende un madrugador. Él y un médico debaten acerca de los beneficios e inconvenientes de levantarse antes de que salga el sol

Sostiene César Piqueras que «las cosas importantes ocurren antes de las ocho de la mañana». Para esa hora, él ya ha hecho su ratito de meditación, quince minutos de gimnasia intensa, ha escrito en su diario, leído las noticias... y desayunado abundantemente: avena con café con leche, chocolate puro sin una pizca de azúcar, tostadas de pan sin gluten con aceite, cereales y yogur. «A veces me preparo también dos huevos revueltos. El desayuno es la comida importante del día».

Es conferenciante, escritor y coach y trabaja en la formación de directivos y el asesoramiento de empresas. Pero su curriculum no dice nada de otro rasgo tan definitirio suyo como la profesión... es un adicto al madrugón. La cosa tiene hasta nombre en inglés, varios, de hecho: 'morningophiles', 'earlyriser', 'earlybird'... A este club no pertenecen los que madrugan por obligación, solo los que lo hacen voluntariamente. Como César, que pudiendo levantarse más tarde lo hace a las seis, y a las siete los fines de semana en los que no tiene obligaciones.

«Eso de que 'si madrugas Dios te ayuda' es una verdad como un templo. Yo tengo la sensación de que voy con ventaja, que voy por delante del resto de la gente», explica César, que nunca se acuesta más tarde de las diez y media, antes de que empiecen las series y los programas del 'prime time' en la tele. «A esa hora ya no doy más de mí y, además, tengo una regla de oro, no dormir menos de siete horas. Si puedo, siete horas y media. No tiene sentido dormir tres o cuatro».

Ni es saludable, advierte el doctor Luis Estrade, especialista en Neurofisiología clínica y responsable de la Unidad del Sueño en el Hospital Quirónsalud Bizkaia. «Lo ideal es un descanso de siete a ocho horas, y nada de siesta. Solo si es absolutamente necesaria, por ejemplo para la gente que trabaja a turnos. Incluso en ese caso, no más de quince minutos. Es mejor dormir un buen sueño por la noche que fraccionarlo durante el día», recomienda el especialista.

«La mejor hora para levantarse son las ocho»

Él no es devoto del madrugón y advierte que la mejor hora para levantarse son las ocho de la mañana, lo que implica acostarse en torno a la medianoche para descansar lo suficiente. «Si uno se acuesta a las nueve o a las diez es probable que no duerma tan bien porque hay más ruido ambiente, gente en la calle, actividad... pero a medianoche ya cesa. Es el horario social».

En todo caso, garantiza que madrugar no tiene tampoco mayores contraindicaciones. «La cuestión es no hacer cambios de horario, mantener la misma rutina todos los días, incluso los fines de semana. No puedes levantarte el lunes a las seis y el domingo dormir hasta las doce. Eso no es saludable».

¿Y salir a correr a las seis de la mañana lo es?

No tiene por qué no serlo. De hecho, el deporte hay que hacerlo por la mañana. Mejor a primera hora del día que a última porque es una actividad estimulante y si la hacemos tarde nos cuesta dormir. Jugar un partido a las ocho de la tarde, por ejemplo, está contraindicado. Así que el footing a las seis de la mañana puede ser hasta bueno.

César ha salido a correr hoy, ocho kilómetros de carrera antes de amanecer. «Si no corro, hago ejercicio intenso durante un cuarto de hora, sentadillas, flexiones... ejercicios que me ponen el corazón a mil en poco tiempo. Me cuesta muchísimo, como a todos, pero el ejercicio no puede faltar, noto que después soy más productivo». También le ayuda, dice, la meditación. «Visualizo cómo quiero que sea el día, la reunión con los clientes, me preparo para que eso ocurra. Incluso cuando estoy por trabajo fuera de casa, en un hotel, saco un rato para meditar en la habitación».

Advierte que cuesta porque el pensamiento va y viene y concentrarse no es sencillo, pero la clave es la constancia. «Para que algo se convierta en hábito hay que hacerlo durante 66 días», advierte Piqueras. Y esos dos meses largos valen para habituarse a la meditación... y al madrugón.

A las cuatro y media

El ejercicio, la meditación y un diario en el que escribe sus reflexiones y sus anhelos ocupan esas primeras horas de la mañana de César, que en otro tiempo salía a pasear -«casi una hora, y me sentaba super bien, oía a los ruiseñores»- y también tuvo una época en la que madrugaba «para ver salir el sol».

Y César no es una excepción. Los fanáticos del madrugón, más o menos dispersos, son ya una comunidad, y tienen hasta una revista 'My Morning Routine', una publicación online que se edita desde 2012 y donde los aficionados a ver amanecer despiertos cuentan sus rutinas y experiencias: «Me levanto siempre a las seis y, tras desayunar, dedico la primera hora del día a escribir, y quince o veinte minutos a estar en silencio», cuenta Todd Henry, escritor y autor de 'bestsellers'.

Le gana a madrugadora Shawna Kaminski, que se dedica al mundo del deporte y desde ¡los 8 años! se pone el despertador a las 4.30 horas. «Nada más levantarme leo la prensa y luego hago deporte una hora, saco al perro... Para las nueve de la noche ya estoy con un libro en la cama». A la hora que los nocturnos andan todavía a mitad de jornada.

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