Diario Vasco

«Cada uno llevaba chaleco y casco. Sabían las normas, no iban a la aventura»

  • El joven de Ermua que quedó atrapado tras volcar su balsa mientras hacía rafting en el río Nive, en Bidarray, sigue en estado muy grave

Lo que prometía ser una excursión divertida, como tantas otras que habían hecho, acabó en tragedia. Un joven de Ermua, de 28 años, se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Baiona al que fue trasladado el domingo después de que volcara la balsa en la que hacía rafting con un grupo de amigos en el río Nive, en Bidarray. Fueron sus propios compañeros los que le rescataron e hicieron todo lo posible por reanimarlo mientras esperaban asistencia sanitaria. Ahora solo pueden aguardar. «Están destrozados», dicen en su entorno.

Un grupo de miembros del club de montaña Artarrai, de Ermua, partió el domingo por la mañana en autobús hacia la localidad de Bidarray, en Iparralde, con la intención de pasar un día agradable en las aguas del río Nive. No era la primera vez que lo hacían. Era una excursión que se repetía desde hacía al menos tres años. Tenían experiencia.

Prefieren no dar su nombre pero sí quieren contar lo que ocurrió en un río poco complicado que está considerado como ideal para una jornada de diversión. El domingo no bajaba demasiada agua por el Nive, cuyo caudal se hallaba justo por encima del límite mínimo que garantiza un descenso rápido pero no vertiginoso.

«Cada uno llevaba su chaleco salvavidas y su casco, todos sabían las normas, no iban a la aventura», aseguran desde el entorno de los excursionistas. En la balsa contaban también con las preceptivas cuerdas de rescate en caso de un posible vuelco o caída al agua, una situación que no es extraña en este tipo de actividades y que habitualmente no deja de ser un motivo más de diversión.

Rescate

Los amigos se dividieron en grupos para turnarse en los descensos, ya que contaban con una sola balsa. Realizaron dos sin problemas. Fue en el tercero cuando todo se torció. Hacia las cuatro de la tarde, la embarcación volcó y las seis personas que la ocupaban en ese momento cayeron al agua. Salieron a la orilla por sus propios medios, pero no todos. En un principio pensaron que el percance no había tenido mayores consecuencias, pero cuando se miraron se dieron cuenta de que faltaba uno de ellos.

«¡Se ahoga, se ahoga!», gritó una voz. Uno de los excursionistas no había salido a flote, había quedado enganchado en una cuerda bajo la balsa. Desde un puente cercano un joven, al parecer monitor de una empresa de aventuras de la zona, también lanzó la voz de alarma. No hizo falta mucho más. Los amigos del hombre atrapado se lanzaron al agua en su busca, ayudados por el joven del puente. «Hicimos todo lo que pudimos, no lo dejamos solo», insisten.

Dos de ellos llegaron hasta su compañero y comenzaron una lucha contra el tiempo para liberarlo de la cuerda que lo aprisionaba. No fue sencillo rescatar a un hombre de metro ochenta que ya para entonces estaba inconsciente, pero al final consiguieron transportarlo con vida a la orilla. «No fue fácil, tuvimos que hacer un gran esfuerzo», aseguran.

Reanimación

Uno de los ermuarras, que tenía nociones de socorrismo, empezó de inmediato a realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar para mantener con vida a su amigo hasta que llegaran los equipos de salvamento. Tras una espera que se les hizo eterna, aparecieron los servicios sanitarios, que lograron estabilizar al accidentado. Según comentaron en ese momento, el joven respiraba por sus propios medios pero su estado era muy grave.

Un helicóptero medicalizado Ecu 64 del destacamento aéreo de la Gendarmería se encargó de trasladarlo al Hospital de Baiona, donde quedó ingresado «con un pronóstico vital comprometido», según señalaron fuentes del centro sanitario. El estado del joven seguía siendo ayer muy grave.

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