Diario Vasco

«No somos psicólogos ni llaneros solitarios»

Los negociadores no llevan uniforme, sino un chaleco negro identificativo. / EC.
Los negociadores no llevan uniforme, sino un chaleco negro identificativo. / EC.
  • El grupo de negociadores de la Ertzaintza media en extorsiones, atracos con rehenes, intentos de suicidio y secuestros, en busca de «la salida más adecuada para todos»

No llevan uniforme sino un discreto chaleco negro identificativo, y su principal arma es la palabra. Son los negociadores de la Ertzaintza. Diez hombres y tres mujeres, integrados en el área de delitos contra las personas de la Sección Central de Investigación Criminal y Policía Judicial (SCICPJ), con formación para afrontar «situaciones críticas en las que es necesaria una respuesta especial por parte de la Policía», como secuestros, atracos con rehenes, suicidas, extorsiones... Su objetivo pasa por «minimizar riesgos y daños. Buscamos la salida más adecuada para todos, las víctimas, los policías y también para los captores», explica Hugo Prieto, jefe del grupo de negociadores de la Policía autonómica.

Hace quince días, un equipo formado por tres agentes -dos hombres, entre ellos Prieto, y una mujer- acudieron al barrio bilbaíno de Zorroza donde un hombre, encaramado al alféizar de la ventana, amenazaba con tirarse. «Cuando llegamos, un bombero que le conocía estaba hablando con él. En estos casos valoramos y si la persona ha ‘enganchado’ bien, nos quedamos en un segundo plano», recuerda el responsable de los negociadores. Todos los casos de suicidas, también el de Zorroza y el del pasado jueves en Travesía Tívoli, «los hemos sacado bien». Depusieron su actitud, a veces después de muchas horas. «No somos charlatanes, sino que practicamos la escucha activa y efectiva, la persona tiene que sentir que le estás prestando atención y generar así confianza».

Generalmente, son movilizados junto con el Grupo de Intervención, especialistas en operaciones con armas. De camino al incidente van recibiendo información sobre el caso: «quién es, su persona de confianza, qué otras le disparan, sus aficiones...». El primer paso al llegar a la escena es «enfriar emociones, a veces se chilla mucho y hay que bajar el tono, tratamos de ganar tiempo. Todo el mundo pone muy buena voluntad, pero para negociar hacen falta técnica y método».

«También tenemos miedo»

A diferencia de lo que se ve en algunas películas, no entran en el banco o en la vivienda corriendo. «Hay que bajar los niveles de tensión, las emociones están arriba y la racionalidad abajo, tenemos que equilibrar la balanza. Todos tenemos miedo, también la Policía». Uno de los agentes se coloca en el papel «primario», en contacto directo con el suicida, extorsionador... Otro hace de «secundario». Y el tercero, que ejerce de jefe del equipo, va obteniendo información. Al primario solo puede molestarle el secundario porque debe estar «focalizado». En función de los casos, se presentan como ertzainas e intentan un acercamiento, a veces la conversación no se realiza cara a cara, sino a través de la puerta o por teléfono. «Los suicidas, por ejemplo, suelen querer hablar».

En los últimos meses han intervenido también en dos desahucios, en Rentería e Irún, en los que el inquilino al que se iba a expulsar de su casa por impago, «amenazaba con volar el edificio. Habían abierto la espita y olía mucho a gas, estaban desesperados». «La solución te la dan ellos mismos, intentas ofrecerles otras salidas. Nosotros no aconsejamos, no ordenamos ni amenazamos, describimos situaciones y riesgos. El momento de abrir la puerta es importante, el acuerdo está cerca».

El grupo recibió «la mejor formación posible» a mediados de 2015, cuando agentes de la Guardia Civil, la Policía Nacional y los Mossos, además de un experto del FBI, les instruyeron en el «método de negociación». Antes, en los años 2000 y 2006 ya habían mediado en extorsiones a empresarios por parte de delincuentes comunes y en el secuestro virtual del grupo vasco indie Delorian, de gira en México. «Estuvimos 36 horas seguidas recibiendo continuas llamadas, con el inconveniente de la diferencia horaria». Los secuestradores contactaron con los familiares de los músicos en Euskadi pidiendo un rescate de 30.000 euros, que rebajaron después a 10.000, simulando que tenían a los tres miembros del grupo retenidos. «Que tengamos constancia, aquí nunca se ha pagado por un secuestro virtual».

Los negociadores deben hacer gala de una gran «capacidad de comunicación y un fuerte control de las propias emociones. No somos psicólogos ni llaneros solitarios como en las películas, no resolvemos problemas sino situaciones de crisis. Lo primero es la seguridad tanto de las víctimas, como de los agentes, y también de los captores». Como «afortunadamente no tenemos tantas negociaciones», no se dedican a ello en exclusiva, también investigan delitos graves y seriales, secuestros, trata de seres humanos y homicidios.

También han tenido que intervenir en ingresos no voluntarios de enfermos mentales, a veces armados. «Es importante conocer la patología, no es lo mismo alguien con una esquizofrenia que con paranoia», matiza Gonzalo, otro miembro del equipo. «Somos policías, pero nos tenemos que quitar el uniforme para hablar con la gente». Como en toda negociación, reciben peticiones, generalmente de dinero, pero «no mercadeamos con cosas imposibles, a veces el interlocutor está esperando un no. Por ejemplo, si nos pide que le regalemos el Guggenheim».

Tampoco consideran un fracaso una negociación que acaba con una «intervención táctica». «Al menos, hemos ganado tiempo». El caso más temido es aquel en el que hay muchas posibles víctimas. En el Bataclán de París hubo un intento de negociación, un agente de la Policía gala llegó a hablar unos minutos con un asaltante. «Cuando el fundamentalismo está presente, es difícil enganchar, pero siempre hay que intentar la comunicación».

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