Diario Vasco

Wert, Trillo y otros políticos convertidos en embajadores

Trillo presenta sus credenciales ante la reina Isabel II.
Trillo presenta sus credenciales ante la reina Isabel II. / AFP

Cuando José Ignacio Wert, el ministro más impopular del Gabinete de Rajoy, fue enviado como embajador español ante la OCDE muchos se rasgaron las vestiduras. Dejaba la cartera de Cultura para instalarse en un piso de 500 metros cuadrados en la cotizada avenida Foch de París, junto a su recién estrenada esposa. También Federico Trillo, que salió tocado de su paso por Defensa tras el escándalo del Yak-42, fue recompensado con una embajada. Ni más ni menos que la jugosa legación londinense.

Aunque ambos nombramientos levantaran suspicacias, entran dentro de la legalidad. El Gobierno de turno puede nombrar a personas ajenas a la carrera diplomática que sean dignas de su confianza, una prerrogativa de la que los diferentes ministros de Exteriores han hecho un uso dispar.

El nuevo reglamento se anunció como un mecanismo más justo para la promoción de los funcionarios de carrera, pero no ha eliminado la discrecionalidad con la que el Ejecutivo reparte las sedes. Fuentes cercanas al ministro Margallo deslizan que le «colaron» los nombramientos de Trillo y Wert. Pero la nómina de embajadores políticos ha llegado a ser mucho más abultada. Zapatero batió récord con ocho.

En Estados Unidos es habitual que el presidente premie a donantes generosos en campaña. Dicen que la embajada de Londres 'cuesta' un millón de dólares. Madrid se queda en 500.000.

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