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«El problema no son las cenizas sino el respeto hacia nuestros difuntos»

Koldo Apezteguia, en el columbario de la catedral del Buen Pastor de San Sebastián.
Koldo Apezteguia, en el columbario de la catedral del Buen Pastor de San Sebastián. / USOZ
  • El párroco del Buen Pastor asegura que para los creyentes es «un alivio contar con columbarios para que se guarden a los seres queridos»

Qué hacer con las cenizas de los difuntos. Este ha sido el gran dilema de los católicos desde que esta práctica comenzó a ganar terreno a los entierros. El pasado martes el Vaticano prohibió esparcir las cenizas o guardarlas en las viviendas tras la publicación de la instrucción 'Ad resurgendum cum Christo', elaborada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el objetivo de regular la sepultura de los fallecidos y la conservación de sus cenizas en caso de cremación. «El problema es el respeto hacia nuestros difuntos», incide Koldo Apezteguia, el párroco del Buen Pastor de San Sebastián.

El papa Francisco de este modo advierte que las cenizas deberán ser guardadas en un lugar sagrado, ya sea un cementerio o el columbario de una parroquia, y solo se permitirá en casos «graves y excepcionales» y con el permiso del obispo diocesano la conservación en el hogar. «Así se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación», subraya la publicación del Vaticano. Además, la normativa aprobada también sostiene que las cenizas tampoco «pueden ser divididas» entre amigos o familiares.

La catedral del Buen Pastor de San Sebastián cuenta desde hace tres años con un columbario que nació por la necesidad de «dar un lugar a las cenizas», explica Apezteguia. En sus cerca de 20 metros cuadrados hay espacio para 232 nichos con capacidad para tres o cuatro urnas. Este lugar puede dar cabida hasta a 928 inquilinos y en la actualidad acoge a cerca de cincuenta. La mayoría son de San Sebastián, aunque también hay de otras localidades del territorio porque la cripta está abierta a toda Gipuzkoa. Apezteguia reconoce que este servicio que comenzaron a dar los feligreses fue un «alivio para las personas que tenían las cenizas en casa. En vez de tenerlas en una repisa, que puede parecer algo frívolo, aquí están cuidados y bajo buen resguardo».

El párroco del Buen Pastor recurre a la «dignidad de nuestros difuntos» para defender que sus cenizas tengan que ser guardadas en nichos o columbarios. Para Apezteguia el problema no es la incineración, una práctica que tal y como argumenta «se está normalizando y cada vez lo eligen más personas. Otra cuestión es el tratamiento que se les da». Apezteguia se suma a la opinión del Vaticano señalando que con el paso del tiempo, las cenizas pierden valor para los familiares más lejanos. «La primera generación lo suelen guardar con mucho cariño pero cuando los descendientes los heredan y se encuentran con una urna de una persona que no han conocido, muchas veces, no saben qué hacer con ellas, y se pierde el respeto hacia el fallecido».

«Al final, después de que el cuerpo se entierra y pasa un tiempo también se convierte en ceniza. Lo único que se hace ahora es acelerar el proceso. Ese no es el problema, sino el respeto hacia ellos con el tratamiento que se les realizan. Echar las cenizas al mar o dejarlas debajo de un árbol nos es un folclore, se trata de algo muy importante», hace hincapié Apezteguia.

Apezteguia asimismo se congratula de que las costumbres de los ciudadanos comiencen a variar. «Antes, mucha gente solía guardar las cenizas en su casa, pero poco a poco hemos conseguido ubicar más columbarios en las parroquias o en los cementerios para que den un final digno a sus difuntos». El párroco reconoce que «la iglesia ofrece un servicio para que las cenizas estén bien guardadas».

Las posibilidades son variadas en el columbario del Buen Pastor y se pueden consultar en la librería Idatz, situada junto el templo, en la calle Urdaneta. Alquilar un nicho por quince años cuesta 1.650 euros. Si se eligen veinte años el precio asciende a 1.950 euros y si se prefiere la modalidad de tres décadas el desembolso es de 2.800 euros. También existe una opción gratuita. Quienes no puedan abonar estas cantidades podrán depositar las cenizas en un espacio común que está situado en el centro del columbario.

Ni recuerdos, ni joyas

El nuevo reglamento del Vaticano tampoco permite que las cenizas de los difuntos sean convertidas en recuerdos conmemorativos o en piezas de joyería y se exige «respeto y condiciones adecuadas de conservación». En ninguno de los supuestos citados pueden involucrarse «razones higiénicas, sociales o económicas» para justificar que se opta por ellos.

Por su parte, el catedrático de Teología Moral Fundamental y consultor de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ángel Rodríguez Nuño, matizó ayer la posibilidad de negar el funeral a una persona que haya optado por la cremación aunque solo en aquellos casos en los que esta decisión se haya tomado «por razones contrarias a la fe públicamente reconocidas». En el caso de que esas razones no sean conocidas «no se priva de las exequias eclesiásticas», explicó Rodríguez Nuño.

Nuño precisó, incluso, que en el caso de que sean conocidas esas razones contrarias a la doctrina cristiana «siempre se puede rezar por estas personas y el sacerdote puede ofrecer privadamente una misa». A su juicio, la celebración de un acto público «causaría escándalo si la persona ha declarado notoriamente que procede así por razones contrarias a la fe». El catedrático de Teología Moral insistió en las razones doctrinales y pastorales que llevan a la Iglesia a expresar su preferencia por la sepultura de los cuerpos en vez de la incineración, aunque admitió la cremación por razones «económicas, higiénicas o de espacio».

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