Diario Vasco

Vivir con una bala en la cabeza

El futbolista paraguayo Salvador Cabañas.
El futbolista paraguayo Salvador Cabañas. / Eduardo G. Cuasimodo
  • Desde que un narco le disparó a bocajarro, el futbolista Salvador Cabañas ha luchado por su vida. Hoy, aun con el proyectil en su cerebro, lo ha conseguido

Lo primero que te entra por los ojos cuando le das la mano y le miras a la cara son esas dos cicatrices de unos seis centímetros de longitud, en sentido vertical situadas a cada uno de los dos lados delanteros de su cabeza. Salvador Cabañas (Asunción, Paraguay, 5 de agosto de 1980), lo tenía todo: salud, dinero, amor y fama. Con 29 años, la vida había elegido para él ese estatus de futbolista de élite que el noventa y nueve por ciento de la sociedad desearía tener y que solo representa a unos cuantos elegidos por el destino. Pero no siempre las historias del deporte rey tienen un final feliz: «Era el 25 de enero de 2010. Yo jugaba en el América, el equipo más popular de México y uno de los grandes de todo el continente. Todo me iba fenomenal y aquella noche decidí salir a celebrar tan dulce momento», relata Salvador Cabañas.

El futbolista paraguayo, junto a María Lorgia Alonso, su pareja desde 2003 y madre de sus dos hijos (Santiago y Mía Ivonne), pasan la velada en el exclusivo club ‘Bar Bar’, de México D.F. Allí beben, bailan y disfrutan como adolescentes. A sus 29 años, Cabañas es la estrella del América y el líder de Paraguay, selección que aspira a ser la sorpresa del Mundial de Sudáfrica; y acaba de llegar a un acuerdo para jugar durante cuatro temporadas con el Manchester United (a partir de julio, una vez terminada la Copa del Mundo). En su palmarés, una Liga de México, dos pichichis en la Copa Libertadores (2007 y 2008) y un Balón de Oro de América (2007). En su cuenta corriente, unos ingresos anuales cercanos a los dos millones y medio de euros. Pero todo este cuento de hadas va a sufrir un dramático e inesperado giro de guión.

A las cinco de la madrugada, Salvador decide ir al baño. Será la peor decisión de su vida: «Cuando voy a entrar al aseo, choco contra un señor, que pasa justo detrás de mí y deja a dos personas fuera, en la puerta, vigilando que no entre nadie». Esa persona es José Jorge Balderas Garza, alias ‘el JJ’, un peligroso narcotraficante que comete sus fechorías bajo el abrigo de Edgar Valdez Villareal, uno de los criminales más sanguinarios de Norteamérica, más conocido por ‘La Barbie’ debido a su parecido con Ken, el novio de la muñeca más famosa del planeta.

«Una vez solos dentro del aseo, este señor comienza a insultarme y a acusarme de que le estaba robando al pueblo mexicano. Yo le dije que eso era mentira, que solo estaba allí porque el América me había contratado para ganarme mi pan como futbolista de ese equipo. Discutimos durante un par de minutos, pero él ya tenía claro que iba a hacer. Sacó una pistola, me apuntó en la frente con la mano temblorosa, y me dijo que pidiera un último deseo porque me iba a matar», detalla el exfutbolista. En ese momento, ‘el JJ’ apretó el gatillo y metió una bala del calibre 25 en la cabeza de Salvador Cabañas: «Yo no le guardo rencor a ese señor. Está perdonado desde hace mucho tiempo. No hay otro modo de vivir en paz. Si pensara las 24 horas del día en vengarme de aquello no sería feliz. Quizás yo tuve más culpa que mi agresor por estar a las cinco de la mañana en una discoteca. No era lo correcto para un futbolista de élite. Todavía me preguntó por qué lo hice», lamenta Cabañas.

‘El JJ’ pasó una época en la cárcel por todo aquello, mientras Salvador comenzó una agónica lucha por su vida: «Los doctores hicieron un milagro conmigo. Estuve en coma varias horas y me operaron a vida o muerte. Yo no podía hablar ni moverme, pero sí hubo una cosa que pude escuchar. Fue como los médicos le decían a mis padres que fueran preparando mi entierro». Cabañas tenía el cerebro destrozado por el disparo y mínimas opciones de sobrevivir. A su favor, la edad y el buen estado físico de un futbolista de alto nivel. En contra, todo lo demás, excepto una sola cosa, que fue la que hizo posible el milagro: «La bala no cogió la velocidad suficiente para traspasar mi cabeza. Si me hubiera disparado a solo cinco centímetros de distancia de mi cara, sí que habría muerto desangrado. Estoy vivo porque la bala se quedó dentro de mi cabeza».

La operación de Salvador consistió en abrirle el cráneo de una lado a otro, hacerle una limpieza y extraerle la bala, pero no hubo manera. Se quedó en la parte trasera de su cabeza, justo unos milímetros por encima de una de las venas principales que riega el cerebro, y el riesgo era muy elevado: «Ahí se quedo y ahora ya está encapsulada. Forma parte de mi cerebro, pero por suerte no me provoca ninguna molestia. Ni durante el día, ni a la hora de dormir. Irá conmigo a la tumba», detalla Cabañas. Lo que si le quedaron fueron importantes secuelas que le retiraron prematuramente del fútbol de élite: «Con el ojo izquierdo solo puedo ver de frente, nada de soslayo. Y como la bala me afectó el lado derecho del cerebro, sufro una leve hemiplejia en la parte izquierda de mi cuerpo. En esa zona la musculatura no se desarrolla como lo hace en mi lado derecho y eso provoca que tenga mayor debilidad. Volví a jugar al fútbol, pero ya en equipos de menor categoría», recuerda.

Su rehabilitación fue de extrema dureza. Cuatro meses intensivos, durante ocho horas al día. No había tiempo que perder si quería volver a tener una vida digna: «Los doctores me contaron que era muy difícil que volviera a tener una vida normal, pero trabajé muy duro durante más de cien días para recuperarme. Cada día, me machacaba en la piscina horas y horas para volver a caminar derecho, para no perder el equilibrio. También hacía muchos ejercicios para fortalecer mi motricidad, sobre todo encima de la bicicleta, y recuperar la movilidad de todas las partes de mi cuerpo. Nunca se me pasó por la cabeza rendirme», asegura.

Patrimonio robado

Tristemente, «volver a nacer» no fue la única lucha que tuvo que afrontar Salvador Cabañas. Durante los meses que estuvo de rehabilitación, su por entonces pareja, su representante, José María González, y su abogado, Óscar Germán Latorre, le robaron todo su dinero y propiedades: «Falsificaron mis firmas para sacar del banco los doce millones de dólares que tenía. Me quitaron una mansión en Asunción valorada en cinco millones, y otras dos casas que tenía en Acapulco y Cancún. Y también me robaron joyas de gran valor, económico y sentimental».

Del hospital, Salvador pasó a los juzgados y ahí lleva los últimos seis años de su vida, intentando recuperar un patrimonio que desapareció de su vida en un visto y no visto: «Me dejaron en la ruina, pero por suerte estamos cerca de recuperar todos mis bienes, aunque el dinero será complicado. Nadie sabe dónde fueron a parar esos doce millones de dólares que sacaron de mis cuentas. Así que seguimos en pleitos judiciales y es muy probable que mi expareja acabe en la cárcel por lo que hizo. Mi antiguo representante ya estuvo dos años en prisión y a mi exabogado le retiraron la licencia para ejercer. Si te soy sincero, me dolió bastante más que la gente que más quería me robara que el disparo que recibí en mi cabeza».

Hoy, a sus 36 años, Salvador gestiona el complejo Cabañas, un recinto deportivo que levantó en Asunción, y que ahora es su fuente de ingresos. Además, se ha sacado el título de entrenador y ya dirige a un equipo de la cuarta división paraguaya: «Solo quiero recuperar lo mío, disfrutar de mis hijos y vivir en paz. No pido más», concluye Cabañas.

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