Diario Vasco

Vecinos denuncian alquileres ilegales y prostitución en un piso de VPO en Bilbao

Bloque de Miribilla donde se ha producido la denuncia.
Bloque de Miribilla donde se ha producido la denuncia. / JORDI ALEMANY
  • La vivienda, que lleva 10 años con esta actividad irregular, se anuncia en páginas de contactos, con precios y servicios, y en portales inmobiliarios

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Los vecinos del número 23 de la calle Espinosa Oribe de Miribilla (Bilbao), un bloque de protección oficial, ya no saben qué hacer. En diciembre de 2002 pensaron que les había tocado la lotería al poder acceder a un piso nuevo en una buena zona por unos módicos 120.000 euros antes de que se desatara la crisis y se desplomaran los precios. Pero a lo largo de los últimos años algunos han optado incluso por mudarse. Un matrimonio con una niña pequeña insonorizó el piso, pero terminaron por trasladarse. «El ruido de tacones era insoportable», protestaron.

La culpa la tiene uno de sus vecinos, que llegó al bloque al morirse la primera propietaria. Se notó su aparición desde el primer momento. De estar la vivienda vacía pasaron a escuchar «jaleo día y noche y olor a porros», explica un portavoz de los afectados. Al principio, sólo protestaban los residentes en el piso superior e inferior al 'problemático'. «Hasta que un día encontramos a dos travestis en la escalera, y venga a entrar y salir gente del portal».

Ante el cariz que tomaba el asunto, dos vecinos se pusieron a investigar quién era ese individuo. Lo que averiguaron no les gustó. Aquel hombre, que cuenta con antecedentes policiales, anuncia su piso en internet, indicando incluso la dirección exacta y el número de teléfono del que es titular, para alquiler de habitaciones, una actividad prohibida y sancionable para los pisos de VPO. De hecho, «él admite que alquila su casa, lo que niega es que se ejerza la prostitución. Dice que lo harán cuando él no está...». Esto, sin embargo, no era lo peor. También descubrieron que prostitutas se anunciaban en páginas de contactos con la misma dirección. Los vecinos llamaron para hacer la prueba y, después de informarles sobre los precios de sus servicios, entre 30 y 120 euros, según el tiempo, les indicaron que el piso de citas era el de este hombre.

Con todas estas pruebas, acudieron al Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco, que abrió una investigación y sancionó al propietario en septiembre de 2012 con una multa de 6.000 euros, que no abonó en su totalidad al declararse insolvente. Fue imputado por dos faltas graves de no utilización como vivienda habitual y subarrendo de habitaciones, señala el Departamento de Políticas Sociales. Después de un parón, los problemas regresaron. «En este portal viven niños menores de diez años que no tienen por qué ver determinadas cosas».

A lo largo de los diez últimos años lo han intentado todo para erradicar lo que consideran un foco de «inseguridad». Los vecinos colocaron carteles simulando que tenían cámaras para ahuyentar a posibles clientes y «alguien las arrancó». Desconectaron el portero automático y la segunda puerta. «Aunque nos jodíamos todos, así evitábamos el trajín de personas y les obligábamos a que tuvieran que bajar a abrir», pero un día apareció la cerradura arrancada. Ahora se plantean instalar un sistema de vídeovigilancia real.

«Preciosa, ¿estás?»

En las fiestas de Miribilla, en septiembre, varios residentes recibieron una inoportuna llamada al portero automático a las siete de la mañana. «Preciosa, ¿estás?», les preguntaba un desconocido que, claramente, se equivocaba de piso. Este tipo de incidentes se han repetido.

En febrero de 2012, la cosa llegó a mayores. Se estaba celebrando una fiesta en la vivienda y los «ruidos y gritos a alta voz» llevaron a los vecinos a llamar a la Policía Municipal, cuya comisaría central se encuentra a pocos metros. Los agentes llegaron sobre las 00.30 horas, después de comprobar que en la escalera había «un fuerte olor a marihuana», señala el informe policial. Dentro había cuatro personas.

Cada uno ofreció una versión distinta de su presencia en la vivienda, pero el último no supo qué contestar. En las puertas de los dormitorios había cerraduras. «Él vive en la sala, donde tiene cama y nevera», detallan los afectados, que han vuelto a denunciar el caso recientemente ante el Gobierno Vasco.

El Departamento de Vivienda va iniciar otra inspección tras recibir estas quejas entre julio y septiembre, aunque advierte de que «sólo podemos entrar si se está dando un uso indebido a la vivienda de protección, no en si se ejerce la prostitución», actividad que tendría que ser denunciada ante un juzgado invocando la Ley de Propiedad Horizontal.

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