Diario Vasco

Albañil rumano y cuidadora nicaragüense: los trabajadores extranjeros más demandados en Euskadi

Cuidadora nicaragüense y albañil rumano: así se ganan la vida los extranjeros en Euskadi
  • Más de 52.000 inmigrantes cotizan a la Seguridad Social en el País Vasco, un 2,4% más que hace un año.

Dicen los rumanos medio en broma que en cada andamio hay por lo menos un compatriota subido. Nicu Denisov cuenta hasta siete en las obras de al lado de su bar, un restaurante pizzería que abrió hace ocho años en Lasarte y que reparte también a domicilio. Nicu llegó al País Vasco hace quince años, cuando aquí no había más que 1.500 rumanos y estaban lejos de ser una de las comunidades más numerosas, como lo son hoy.

La tercera concretamente, con 15.373 ciudadanos, solo por detrás de marroquís (20.255) y colombianos (17.138), según datos del Ikuspegi, que cifra en 188.213 el total de inmigrantes en la comunidad autónoma. Los rumanos son terceros en el ranking de nacionalidades, pero primeros en afiliados a la Seguridad Social: 8.021, del total de 52.287 extranjeros que cotizan en Euskadi. Los datos los ha hecho públicos el Ministerio de Empleo y corresponden al mes de septiembre.

Nicu es uno de esos ocho mil y pico rumanos que cotiza, y ha encadenado trabajos de marinero, oficial frigorista y cocinero, su empleo actual. «Aunque en el bar hago de todo, de chef, de camarero, limpio platos...». Llegó a Euskadi para hacer la campaña de la anchoa, luego la del bonito, la sardina y el verdel, y vuelta a empezar otra vez. «El primer marinero rumano en Orio fui yo», presume. Cinco años en la mar, cargando «atunes de doce o quince kilos», un trabajo de enorme desgaste físico. «En el barco me tocaba cocinar cada diez días. Como mis compañeros eran vascos hacía comida de aquí, platos contundentes porque el trabajo era duro. Preparaba garbanzos con chorizo y morcilla, vuestro marmitako, chuletas, rodajas de bonito, carne...».

Acabó el trabajo en el mar e hizo un cursillo de cocinero. Al cabo de cuatro años ya tenía su propio restaurante, en el que tiene una empleada rumana, además de sus dos hijas, que acuden a echar una mano cuando pueden. «Una acabó Empresariales y en dos meses encontró trabajo. Al cabo de seis meses le hicieron fija. La otra está acabando Químicas en la Universidad». Explica Nicu que el espectacular incremento de la comunidad rumana en Euskadi se debe «al boca oreja». «Somos buenos trabajadores, cuando llegamos aquí en dos o tres meses encontramos empleo. Hay quien se conforma con las ayudas sociales. Piensan: 'Si me dan 800 euros ¿para qué voy a trabajar por 1.200? Pero nosotros no pensamos de ese modo. Además, en la construcción pagan bien. Así que uno ha animado a venirse al primo, otro al hermano, luego a los sobrinos...».

Luz Marina Pineda (Jinotega, Nicaragüa, 40 años) solo piensa en que vengan sus hijos. Tiene tres, de 20, 16 y 13 años, y su condición de madre soltera le ha obligado a buscar el sustento fuera: ha vivido en Panamá, Guatemala, Costa Rica y Honduras. Hace cinco años unas primas que habían llegado antes a Bilbao le animaron a probar. Y aquí no sabe lo que es estar parada. Trabaja como cuidadora de mayores y pone rostro y testimonio a un nuevo fenómeno, el de las empleadas de hogar nicaragüenses.

El sector del hogar es el que más inmigrantes emplea y suma 11.672 cotizantes en Euskadi. Las mujeres de Nicaragüa son mayoría: 2.074, y le han arrebatado la hegemonía a las bolivianas (1.567), que hasta el año pasado eran el colectivo de latinoamericanas más numeroso en este tipo de trabajos.

Luz Marina (en la foto) estuvo cuatro años y medio con un matrimonio y desde hace ocho meses cuida de una señora de 80 años en el barrio de Deusto (Bilbao). Está interna pero tiene los domingos libres y tres horas de asueto cada día, de cinco a ocho. «Cuando regreso por la tarde de estar con mis sobrinos o de tomar un café con mi hermana o mis primas, porque somos muy cafeteros, la mujer me dice que me ha echado de menos. Y sus hijos y las nueras me tratan muy bien, tienen detalles conmigo en el cumpleaños, por ejemplo. Están contentos conmigo, y yo estoy contenta con ellos».

- ¿Por qué cada vez hay más demanda de mujeres nicaragüenses en el servicio doméstico y en el cuidado de ancianos?

- Porque somos muy dedicadas. A mí me gusta el trabajo, está bien pagado, cobro 950 euros con Seguridad Social y me doy por satisfecha. Doy lo mejor de mí y cuando llevo a la señora al médico las enfermeras siempre me dicen: '¡Ojalá hubiera más personas que cuidaran a los mayores con tanto mimo!'.

Y con el mismo cariño que trata ella a su empleadora, cría su madre a sus tres hijos en Nicaragüa. Cada mes les manda dinero «para que no les falte comida, ni zapatos...» y hace dos años que les vio por última vez, cuando ella viajó a casa. «Es duro estar fuera pero es la única manera de sacar adelante a los hijos».

- ¿Por qué eligió venir al País Vasco?

- Tenía ilusión por conocer España y sabía que en Euskadi había un progreso mejor que en otras zonas. Me dijeron que era un lugar muy bonito y en el que se podía salir adelante. No me quiero ir de aquí, me siento bien acogida, incluso voy a hacer un curso de euskera, porque de momento solo sé dar los buenos días y cantar el 'Zorionak zuri'. Se lo cantaron a ella, por cierto, este mismo sábado.

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