Diario Vasco

Pánico frente al espejo

Michael Jackson mostró una especial obsesión por eliminar sus rastros negros en un proceso de 'blanqueamiento'.
Michael Jackson mostró una especial obsesión por eliminar sus rastros negros en un proceso de 'blanqueamiento'.
  • El temor a la fealdad y los defectos físicos, reales o imaginarios, disparan la dismorfobia en una sociedad entregada al culto a la imagen. Cada vez más gente se niega a aceptar su apariencia física

«Vivimos en un mundo donde los cánones de belleza cada vez son más foco de nuestros pensamientos y actuaciones. Existen personajes que sirven de aspiración para muchos de nosotros, siendo ejemplos de belleza concretos. Es positiva la ilusión por realizar cambios, retoques o mejoras y los avances médicos nos lo permiten de forma muy saludable, pero siempre con un control, ya que cuando esta sensación va más allá, convirtiéndose en una obsesión y una transformación de la realidad, nos adentramos en un problema donde el aspecto psicológico es clave y su tratamiento, básico».

Jorge López Vallejo, psicoterapeuta y experto en Terapia Breve Estratégica, habla bien a las claras sobre un grave asunto que, a su juicio, se cierne sobre cada vez más gente y tiene todas las pintas de terminar convirtiéndose en una «plaga social»: la dismorfobia o el miedo excesivo a la propia apariencia física. O, lo que es lo mismo, cuando la belleza se convierte en un factor de desequilibrio corporal y emocional. La preocupación por los defectos, ya sean reales o imaginarios, alcanza tanto a partes concretas (nariz, cara, pecho, genitales...) como aspectos de la piel (vello corporal, acné, manchas, cicatrices, verrugas... ) y de la estructura corporal (peso, proporción, dimensiones...) Da lo mismo: los afectados siempre se encuentran fallos «insoportables».

Pánico al espejo

El psicólogo analiza este trastorno «postmoderno» y detalla las claves para su recuperación: «Tiene una base fóbico-obsesiva. Está en conexión con la noción de que hemos avanzado tanto que podemos cambiar incluso lo aparentemente inmutable, como nuestra apariencia física, y genéticamente determinado», reflexiona. López Vallejo descarta cualquier paralelismo entre la dismorfobia y la cirugía estética. «Esta es en sí misma útil y preciada, aunque su utilización excesiva e impropia puede volverla perjudicial y peligrosa». Sin embargo, en el fondo subyace un conflicto similar: la escasa aceptación de uno mismo. «Cuando una persona se obsesiona sobre una peculiaridad estética, lo vive como un tormento a lo largo de todo el día, con el pánico a colocarse enfrente de un espejo o sentir la mirada de otros», afirma López Vallejo.

Al tocar fondo es cuando el tratamiento psicológico se antoja imprescindible. En la mayoría de los casos estos defectos estéticos «son insignificantes» cuando no peor: simplemente inexistentes. Se trata «únicamente» de una fijación mental que a menudo está conectada con conflictos de relación con otras personas o con un profundo sentimiento de inseguridad. «La mente se agarra a una imperfección y mantiene la ilusión de que una vez suprimida o modificada todo volverá milagrosamente a su lugar», argumenta. «En algunos casos ocurre, hemos acertado, pero ¿si no es así?», se pregunta.

Pánico frente al espejo

Aunque muchos pacientes acaban contentos con los resultados, otros siempre encuentran «algo más» en sus cuerpos que puede «ser mejorado» y entran una espiral adictiva. Emprenden un proceso falso que les aporta la ilusión de poder tener el control sobre su aspecto, pero, en realidad, se consigue el efecto contrario: ese control se pierde irremediablemente. «Una intervención llevará a otra, después a otra, y así sucesivamente, haciendo que se viva en la constante necesidad de sedar las reacciones de pánico provocadas por la idea de tener defectos». Otra solución que suelen tomar los dismorfóbicos es el aislamiento social, «con el fin de evitar el sufrimiento y las crisis de pánico». ¿Resultado? Alimentan el miedo y engrandecen el problema. No ayuda en nada el culto a la imagen que enfatiza la sociedad actual.

López Vallejo asegura que se puede poner freno a esta patología con la analogía de las cajas chinas. «En Terapia Breve Estratégica trabajamos directamente y desde la primera sesión con la persona para provocar un cambio en su percepción erradicando el miedo a entrar en un callejón sin salida, un miedo mayor que tapa el miedo menor», razona.

'Síndrome Michael Jackson'

A las consultas llegan afectados que se obsesionan tanto por que su imagen exterior sea perfecta que llegan a maltratar su cuerpo sin importarles las consecuencias que puede tener para su salud. La dismorfobia no es ningún complejo. La definen los expertos como una alteración de la percepción visual. «Raquel se ha levantado esta mañana. Se ha mirado al espejo y ve su nariz demasiado grande y su frente extremadamente ancha. La semana pasada sentía horror por sus pómulos». Y así hasta el infinito. Otras veces a una operación de aumento de pecho sigue casi de inmediato una intervención para efectuar un retoque labial. Así, claro, hasta la próxima operación. ¿Y por qué todo esto? La dismorfobia distorsiona la imagen que «tenemos de nosotros mismos, con una percepción alterada a nivel visual, unido a un temor terrible a la fealdad». Este cóctel desencadena una gran inseguridad y termina golpeando hasta destrozar «la autoestima».

Pánico frente al espejo

La mayoría de los pacientes no toleran su imagen y se incapacitan tanto para el establecimiento de relaciones sociales satisfactorias como para sentirse a gusto consigo mismo. El camino es irreparable y en muchos casos se traduce en el abuso de la cirugía estética. López Vallejo lo define como el 'síndrome Michael Jackson' «Una buena solución, si se repite, a veces puede llegar a ser un problema». El difunto artista mostró una especial obsesión por eliminar sus rastros negros en un proceso de 'blanqueamiento' que sólo concluyó con su inesperada muerte. Para los dismorfóbicos, el espejo se convierte en su peor enemigo, pero tampoco pueden prescindir de él por su poder adictivo. En los casos más extremos hay quienes acaban retirando la mirada ante el reflejo de su apariencia en él, o lo hacen aplicando una luz que no sea muy potente para tolerar mejor su imagen. El aislamiento sume a muchos en la angustia y finalmente en la depresión.

En su triple faceta de psicopedagogo, educador y psicólogo, López Vallejo se permite aconsejar sobre una técnica que ayuda a corregir estos comportamientos disfuncionales: «En las próximas semanas diviértete mirándote en el espejo, cinco veces al día, cada tres horas durante cinco minutos. Coge un lápiz y un papel, y apunta todos tus defectos estéticos. Escríbelos y piensa en cómo podrías corregirlos. Es la manera perfecta de evitar el juego de las cajas chinas, ¿de acuerdo?»

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