Diario Vasco

Arranca la batalla contra la gripe

Sara no recuerda cuándo comenzó a vacunarse contra el virus, pero no falla ni un año.
Sara no recuerda cuándo comenzó a vacunarse contra el virus, pero no falla ni un año. / REPORTAJE GRÁFICO: MIKEL FRAILE
  • El programa de vacunación se prolongará durante dos meses en ambulatorios de Osakidetza

Por miedo, por precaución o por costumbre. Estos fueron los principales motivos que empujaron ayer a cientos de guipuzcoanos a librar su batalla contra la gripe. En el primer día de vacunación fueron muchos los que acudieron a su ambulatorio a recibir ese pinchazo «algo molesto», pero protector. María se acercó por la mañana al de Amara, en Donostia, porque tiene una nieta de tres años «que va a la haurreskola, donde se pillan de todo». A sus 66 años está dentro de uno de los grupos de riesgo -junto a las embarazadas, los enfermos crónicos, el personal sanitario y los trabajadores sociales- y por eso se vacuna desde hace dos años.

Aunque el buen tiempo empujó a Osakidetza a retrasar el inicio de la campaña de vacunación en Euskadi, esta se prolongará desde ayer hasta el 17 de diciembre. Al menos durante el primer mes, la consulta 013 del centro de Amara Berri se convertirá en una sala de vacunación. Desde ayer bastará con acercarse a cualquier centro de salud de Osakide-tza en Euskadi para la inyección.

Para este periodo se han previsto un total de 380.000 dosis con un coste de 1,2 millones de euros -lo que viene a ser 3,25 euros por unidad- que podrá verse incrementada en caso de ser necesario. Guru-tze García, enfermera del centro amaratarra, asegura que «cualquiera que se acerque con cita previa podrá vacunarse, sin necesidad de prescripción médica».

Sara, una vecina donostiarra de 84 años, se muestra rotunda al afirmar que la gripe le da «mucho miedo». A pesar de vacunarse «desde hace muchos años, ni idea de cuantos», un año enfermó y lo pasó «francamente mal». A su edad no duda que vacunarse es la mejor idea, y «cuanto antes mejor», por eso no dejó que pasara un día desde que se inició la campaña. «Es un pinchazo de nada, casi ni duele. Bueno, aunque puede que sea porque estoy tomando otro medicamento», bromea.

«Como cada año»

La incertidumbre de si iban a vacunarle o no ha estado a punto de hacer que José se quedara en casa. No tenía prescripción médica, y «había leído algo de que eso podía suponer que me mandasen de vuelta a casa sin vacuna». Por fortuna, sus temores se vieron apaciguados cuando, «como cada año», le pusieron la inyección contra la gripe.

Dentro de la consulta, Nora y Paula dan paso a los impacientes que quieren estar protegidos desde el primer día de la campaña. Las dosis se suministran desde las 9.30 horas hasta las 13.30 de manera ininterrumpida. A las 15.00 horas se vuelve a abrir la puerta de la sala de vacunación durante un par de horas más. Durante todo el día se ponen «al rededor de 200 vacunas», aunque a estas hay que sumar las que se inyectan en el resto de las consultas. Además hay pacientes «a los que se visita en su domicilio y a los que también se inmuniza. Todas estas vacunas desde un solo centro de salud». Respecto a los pacientes, la mayoría de los que pasaron ayer por su consulta son mayores de 65 años, «aunque también ha venido una embarazada».

Entre las dos atienden a quienes ya tenían cita y quienes no. En el centro hay mucho revuelo. En las paredes hay carteles que ya advierten de la necesidad de lavarse las manos para evitar posibles contagios. A las 11.30 horas encontrar una silla en la que esperar es tarea complicada. Por no mencionar la cola que se ha formado en la recepción. Aun así, Gurutze García afirma que «es lo habitual porque es lunes».

Fernando es uno de los afortunados que espera sentado a su turno. A diferencia de quienes le rodean, no está convencido de si debe vacunarse. «Empezando por que no me gustan nada las agujas y siguiendo por que creo que aunque no me vacune no me voy a poner enfermo», asevera. Cuando se le pregunta por qué ha acudido entonces a vacunarse, responde que sus hijos le han «obligado». Añade que a sus 72 años puede hacer «lo que quiera». «Debe ser que en el fondo sí quiero que me pinchen», concluye.

Es posible que esta decisión se deba a que es conocedor de lo que sucede a quienes no se vacunan, sobre todo si pertenecen a algún grupo de riesgo. Durante el año pasado el 63% de las 174 personas que sufrieron complicaciones y que presentaba factores de riesgo no había recibido la vacuna antigripal. El consejero de Salud, Jon Darpón, aseguraba la semana pasada durante la presentación de la campaña que el año pasado, de las más de 367.000 vacunas administradas, solo hubo seis casos con una reacción adversa, todos ellos de carácter leve.

Cobertura del 65%

Maritxu, que acaba de vacunarse, sabe qué significa sufrir una reacción adversa a la vacuna. Desde que le pasó no ha vuelto a protegerse de la gripe, «y de eso hace ya años». Pero el miedo ha hecho que este año se haya decidido a acompañar a su marido, que se vacuna cada año. Enrike insiste en que «el pinchazo no duele, es más aprensión». Ambos tienen 75 años y no están dispuesto «a asumir demasiados riesgos».

El pasado mes de abril Maritxu sufrió una neumonía que le supuso una semana de ingreso. «Además, últimamente hemos andado con bastante catarro y por eso he decidido vacunarme después de muchos años», agrega. Su madre nunca lo hacía y a ella tampoco le gusta mucho, pero es consciente de que cada vez es más vulnerable y «el miedo a morir ha forzado la decisión».

A mediodía Nora ya ha abierto la segunda caja de vacunas. El primer día siempre es el más ajetreado, «incluso toda la primera semana». A partir del primer mes es posible que la consulta 013 deje de ser una sala de vacunación, «porque con que pidan cita y vayan donde su médico de cabecera será suficiente». El objetivo de esta campaña, tal y como aseguró Darpón, será llegar al 65% de la población de riesgo.

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