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Abre el primer restaurante para mujeres de Afganistán

Una mujer afgana espera a ser atendida en el restaurante familiar Bost Family en Kabul.
Una mujer afgana espera a ser atendida en el restaurante familiar Bost Family en Kabul. / EFE
  • El establecimiento Bost Family está gestionado únicamente por miembros del colectivo femenino y pretende ser un espacio para ayudar en Kabul a quienes sufren abusos y acoso de una sociedad machista

Nacido como un proyecto para víctimas del maltrato, un grupo de mujeres ha abierto el primer restaurante para mujeres en Afganistán. El espacio está pensado para ayudar a las miembros del colectivo femenino que sufren el abuso físico y psicológico de una sociedad machista y además quieren disfrutar de una comida sin sufrir estigma o acoso.

En el sitio pueden comer sin que decenas de ojos estén mirando, tomar agua sin que el marido tenga que pasar el vaso por debajo del burka, así como conocer la vida de la mujer afgana a través de los rostros de otra época. Así es el Restaurante Bost Family.

Pensado como un proyecto para mujeres maltratadas, tras un trabajo de casi tres años de la organización no gubernamental Centro para el Desarrollo del Talento de las Mujeres Afganas (AWSDC) y desde hace alrededor de un mes es un lugar de encuentro para mujeres y familias que quieren disfrutar de una salida no siempre fácil en Kabul.

Alrededor de 25 jóvenes, en su mayoría víctimas de violencia doméstica, trabajan como camareras y cocineras en el primer local hostelero en ser construido, decorado y dirigido por mujeres en la capital de Afganistán. En una pared naranja, retratos de las mujeres de los reyes afganos; en las mesas, comida tradicional y de otras latitudes con la calidad de un restaurante de primer nivel con la que alimentar el cuerpo pero también el espíritu.

«Nuestra sociedad todavía no ha alcanzado la madurez para aceptar nuevas prácticas y costumbres para la sociedad de hoy», indica Humaira Kohzad, fundadora del restaurante y consultora. Kohzad quiere que el establecimiento sea un «lugar seguro para que las mujeres se puedan reunir, sentirse libres, lejos del acoso en las calles y donde puedan charlar mientras comen».

Dos camareras sirven comidas en el nuevo local.

Dos camareras sirven comidas en el nuevo local. / EFE

En el punto de mira de los hombres

«Si un chico va a un restaurante con su novia en Kabul, todos los hombres mirarán a la chica. ¿Cómo van a disfrutar de la comida?», se pregunta esta activista, al señalar que esa es una de las razones por la que las familias no frecuentan este tipo de locales. La única forma que tienen de hacerlo, dice, es pagando un dineral para viajar al extranjero y poder disfrutar allí de un espacio público.

«Queremos darles eso a menor costo», asegura Kohzad al mencionar un menú en el que el plato más caro cuesta 350 afganis, alrededor de cinco dólares. Y está funcionando. Decenas de familias visitan ya a diario este restaurante situado en el corazón de la ciudad en el que los hombres solo se encargan de la protección, y donde el resto de trabajos, salvo el del jefe de cocina, son desempeñados por mujeres.

Durante un año las trabajadoras serán también aprendices que se capacitarán en asuntos como gestión de negocios, hospitalidad o servicios gastronómicos y se graduarán con la idea de comenzar ellas mismas un negocio en el que la AWSDC les ayude. «Pueden establecer su propio restaurante, da igual si grande o pequeño, incluso si es una cafetería», señala la promotora.

Los beneficios del restaurante también van a los bolsillos de las empleadas, sobrevivientes de la violencia y de las dificultades que han tenido que pasar, algunas de ellas sin familia y todas en la lucha por continuar su vida tras el trauma. Aryan tiene 23 años y es madre de tres niños de entre 1 y 4 años. Fue víctima de violencia en su hogar y se separó de su marido hace un año quedándose sin un medio para continuar con su familia.

«Sufrí mucho»

Buscó refugio en una casa de acogida de la ONG y hoy es una camarera más del restaurante, pero a pesar de los 15 años de avances para la mujer tras la caída de los talibanes en 2001, la conservadora sociedad afgana sigue considerando un tabú que las miembros del colectivo femenino trabajen fuera o lleven su propio negocio.

«¿Cuánto tiempo más deben ser identificadas las mujeres a través del nombre de su marido o de su padre?»

«Sufrí mucho, mi familia no me permitía trabajar, vengo aquí en busca de refugio, mi único objetivo es ahora permanecer firme y tener mi propio negocio para alimentar a mis tres hijos», indica con cara de tristeza Aryan. «Como miembros de la sociedad, quiero cuidar de mis hijos, quiero otra vez mi propia vida y mi propia identidad», subraya con convicción.

Kohzad dice que es el momento de cambiar y que las mujeres deben pelear por tener su propia identidad. «¿Cuánto tiempo más deben ser identificadas las mujeres a través del nombre de su marido, de su padre?», se pregunta, mirando a la pared naranja. En ella, entre los rostros de las primeras damas aparece una mujer con burka.

«¿Conoces a esa mujer? Es la mujer del mulá Omar», la esposa del fallecido líder de los talibanes. Kohzad sostiene que todos los afganos saben de los reyes de Afganistán, pero apenas de las mujeres que les acompañaron y por eso han tratado de retratarlas a ellas en el tiempo en que vivieron.

Y la mujer con el burka refleja el gobierno de los talibanes, cuando todas fueron obligadas a llevar ese atuendo y a ser siempre acompañadas por un hombre cuando salían de casa, afirma.

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