Diario Vasco

A un paso de la ciencia ficción

A un paso de la ciencia ficción
  • La misión Rosetta llega a su fin tras doce años de viaje interplanetario, posando el satélite en la superficie de un cometa

Doce años después de partir a la caza del cometa 67-P 'Chury', este viernes la sonda Rosetta se ha apagado para siempre. En sus tripas electrónicas tenía las instrucciones que han hecho que reduzca su velocidad y choque, suavemente, contra el suelo que con tanto ahínco ha estudiado. En cuanto sus sensores han detectado la colisión, ha enviado sus últimas fotos a la Tierra y se ha desactivado por completo. Su cadáver surca el espacio a bordo de su propio cementerio de hielo, polvo y partículas orgánicas.

El madrileño José Luis Pellón, ingeniero de control de vuelo de Rosetta, ha sido el último eslabón humano de la ESA con una sonda espacial que descansará para siempre en la superficie de un cometa. Horas antes de apretar el ejecuar la última orden a Rosseta, pudo antender a DV desde Darmstadt, donde se 'pilota' la nave. «Lo más complicado de la fase final ha sido coordinar los instrumentales necesarios. Utilizamos dos estaciones que captan la señal de Rosetta, una nominal de la NASA, que nos apoya con una antena de espacio profundo de 70m de diámetro, y otra nuestra de 35m, 'en la sombra'. Ambas tienen tasas de transferencia de bits de distinta velocidad. Por si algo fallara, hemos tenido que calcular una posible transición para no perder los últimos datos de ciencia que nos envíe Rosetta».

La lejanía desde la que operan, no solo provoca un retardo de unos 40 minutos en las transmisiones con Rosetta. Al encontrarse tan lejos del sol y depender de los paneles solares para su funcionamiento, «hemos tenido que alternar y elegir qué instrumentos encender para mantener la energía necesaria».

Impactar era la opción

La órbita del cometa se alejaba del sol y si Rosetta hubiese seguido operando «en su máximo alejamiento, probablemente se habría congelado el combustible y no se podrían haber mantenido encendidas las resistencias que consiguen que no se congelen los aparatos. No estaba garantizado que Rosetta despertara y fuese utilizable tras una posible hibernación de tres años. Los científicos tomaron la última decisión».

Dimensionar las limitaciones tecnológicas contra las que han luchado en este viaje se hacen dfíciles de digerir. Aparatos diseñados en los 90, pensados ante todo para resistir la radiación, el mayor enemigo en el espacio. «El smartphone más modesto del mercado actual es más potente que Rosetta» admite Pellón.

Un gemelo del satélite es utilizado en Darmstadt para probar los comandos antes de enviarlos abordo. Los instrumentos, a pesar de estar en un habitáculo de atmósfera protegida, se han ido deteriorando con el tiempo. «El ordenador que dirige el interfaz de potencia se rompió y tuvimos que comprar un modelo equivalente en Ebay. Imagínate, el software lo teníamos grabado en un disquete», resalta Pellón entre risas. Alargar la misión en estas condiciones era una quimera. «Mantener nuestros equipos de tierra tres años más era casi imposible y el propio equipo humano no puede estar 3 años parado. Se habría marchado a otros proyectos».

Desarrollo paralelo

A pesar de que Pellón trabaja como ingeniero de control de vuelo de Rosetta desde 2008, su relación con la misión data de 1996. «Hemos crecido juntos. Entonces me tocó calcular las órbitas que trazaría la sonda. Llegué a la ESA en noviembre del 91, sin hablar ni una palabra de alemán, pero me gustó el trabajo y el ambiente. Así hasta hoy».

El conocimiento acumulado para la ESA «es muy alto. Se han desarrollado muchas áreas solo para Rosetta. Las antenas de espacio profundo se hiceron para ello. En dinámica de vuelo también se ha evolucionado mucho. Sobre todo la navegación óptica en torno al cometa, utilizando las fotos como referencia. Eso no existía en Europa», destaca José Luis, que no escatima elogios. «Lo que han conseguido los compañeros de 'Fly Dynamics' ha superado incluso a lo conocido en EE UU. En navegación óptica e interplanetaria sin duda estamos por encima de la NASA. Hay muchos jóvenes españoles de gran talento en ese grupo».

En contacto con la NASA

José Luis resta cualquier atisbo de competencia entre ambas agencias. «El conocimiento se intercambia. Utilizamos las antenas de unos u otros según la necesidad. Por ejemplo, los americanos tienen robots en la superficie de Marte y les ofrecemos nuestros satélites para que se comuniquen con ellos cuando lo necesitan». La colaboración con Rosetta es absoluta. «De hecho tienen abordo dos instrumentos científicos propios».

Información valiosa

Las aplicaciones desarrolladas «tendrán impacto y la información valdrá para todas las misiones futuras». Las grandes constructoras aeronáuticas y la industria europea que respalda a la ESA también sale reforzada, pero a pesar de los éxitos de la misión «no existe aún una política expansiva en contrataciones en la agencia. La gente aún considera el gasto espacial como superfluo, aunque si lo comparamos con otras partidas presupuestarias es mínimo», lamenta Pellón. «Hay un mito de que el espacio es caro. Esto viene de la carrera espacial norteamericana en plena guerra fría».

El retorno global de una misión como Rosetta para la sociedad civil es muy extenso y a veces intangible. «Para las empresas que participan es muy útil, pero también se abren nuevos horizontes y crea adicción y motivación para la ciencia. «Yo cuando llegué pensaba para mí 'si esto sale es ciencia ficción'. ¡Cómo se va a poder orbitar sobre un cometa a 1,7 km de distancia!». Cada próxima meta iba de la mano de la determinación y un acto de fe. «A pesar de la incredulidad inicial siempre han salido las cosas adelante. Te das cuenta de que uno es capaz y te anima a poner metas altas para avanzar. Cada reto se supera».

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El último, posar Rosetta. «Los científicos querían que cayese en un punto específico. Nosotros hemos hecho la 'moviola', un cálculo hacia atrás para saber cuándo cancelar la velocidad orbital y darle un pequeño impulso hacia el cometa. Impactará a 90cm por segundo, pero no sabemos cómo será. En la superficie hay una capa de polvo y otras más duras debajo, depende de dónde y cómo caiga». Antes de tocar la superficie, «hemos modificado el software para que Rosetta pase a 'modo seguro' y básicamente se apague. Teníamos que dejar libre su frecuencia de emisión».

Label guipuzcoano

En el mismo pasillo de la ESA, a pocos pasos del despacho de Pellón, trabaja Ignacio Tanco, el urnietarra que pulsó la tecla 'intro' para posar por primera vez en la historia un artefacto humano en la superficie de un cometa. Hoy en día es el jefe de operaciones de 'Solar Orbiter' y apoya los inicios de 'Juice', otra aventura que navegará hasta las lunas de Júpiter. Ha ido cambiando de misiones según suponían un avance profesional y volvió al proyecto para reforzar al equipo para posar Philae. Hoy se reúne con las 'viejas glorias' que han participado en la misión, una despedida en familia.

«Es un momento agridulce porque esto se acaba. Con el tiempo nos damos cuenta de que Rosetta ha supuesto para Europa lo mismo que el programa Apolo para EE UU. Las misiones futuras aumentan en complejidad, en distancia, en riesgo... Todo es más».

Hitos históricos

Una mirada atrás a doce años de viaje interplanetario y sus años de preparación, deja varios hitos que Pellón y Tanco ponen en común. Además de la navegación óptica que Ignacio destaca en los mismos términos que describía su compañero, citan los logros más llamativos.

Las maniobras de asistencia gravitacional consiguieron imprimir a la sonda la velocidad necesaria para llegar hasta la posición del cometa. «Giramos primero alrededor de la Tierra, luego en Marte y volvimos a la Tierra para un último impulso. José Luis hacía entonces dinámica orbital» recuerda Tanco.n

La hibernación de dos años y medio en los que apagaron el satélite mientras viajaba hacia el cometa y volver a encenderlo en el espacio profundo, supuso «un verdadero acto de fe. Fue como poner un despertador y esperar a volver a tener su señal. Un momento tenso», rememora José Luis.

Los paneles solares, que miden 64m de punta a punta, han conseguido llevar a la sonda «a una distancia récord lejos del sol, solo usando su energía» destaca Pellón. «Ha habido otros artefactos en el espacio que llevaban 'ayuda' nuclear», precisa. Una muestra del desarrollo de las energías renovables.

En cuanto al aterrizaje de Philae, conseguir posar un robot en la superficie de un cometa fue otro gran momento. Pellón destaca «sobre todo la precisión que tuvimos. Hacer diana y caer a 100m de donde lo planeamos era impensable». Para Tanco fue «algo único que firmaba volver a vivirlo. Fueron unos días increíbles». También lograr la prueba fotográfica del hito ha sido muy importante, solo a falta de un mes para el fin de la misión.

Problemas a bordo

Problemas a bordo

Ambos ingenieros coinciden en que casi no ha habido anomalías. «Los problemas que teníamos eran propios de una tecnología antigua. Piensa en un ordenador de hace 17 años», apunta Tanco. Demostrada la dureza de los equipos integrados en Rosetta, en tierra, su réplica de pruebas ha padecido roturas, pero los mayores inconvenientes surgieron con la necesidad de migrar software. «Los sistemas operativos quedan obsoletos. Tuvimos que pasar de Solaris a Lynux, pero con el tiempo la versión que teníamos se iba a quedar sin soporte. En el futuro se llevarán equipos en los que podamos 'virtualizar', crear una ventana donde podamos utilizar el sistema que queramos y así no depender de nadie en misiones de largo desarrollo. Es como hacer correr Windows en un Mac. Algo ya posible», destaca Tanco.

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El legado

En el ámbito tecnológico «los equipos creados parecen primitivos, pero son muy robustos. «Los materiales que usamos son muy resistentes y ultraligeros. Están en el filo de lo que se puede hacer. Cuando pedimos a la industria europea estos prototipos se empuja a crearlos y se expande su capacidad de producción», resalta Tanco.

Respecto al desarrollo científico, Pellón recuerda que a pesar de todas las dificultades que tuvo el robot Philae, «se consiguieron hacer más del 80% de los experimentos científicos previstos».

Una de las grandes preguntas que tenía que resolver Rosetta era saber de dónde viene el agua en la Tierra. «La respuesta ha sido que no proviene de este tipo de cometa. Se ha constatado que lleva agua, pero sus isotopos son distintos de los que hay aquí. Además, contiene una gran cantidad de compuestos orgánicos», recalca Tanco. No se descarta que los cometas sean portadores de la semilla de la vida. «Solo que este cometa no creó la vida en la tierra».

Tanco se remite a Larry O'Rourke, que ha gestionado las operaciones de ciencia de Rosetta desde Madrid. «En términos científicos ha sido un éxito absoluto. Son muchos datos obtenidos y se necesitarán muchos años más para obtener resultados. Dará trabajo a una nueva generación de científicos y generará más preguntas», sentencia Tanco.

Además del conocimiento, lo más valioso ha sido «la experiencia. Lanzamientos, operaciones críticas, cosas que curten para poder adaptarte a retos nuevos. Las operaciones de satélite prácticamente solo se pueden aprender aquí. Es un mundo muy reducido».

Retos y ciencia ficción

Todavía no existe ninguna misión prevista que pueda considerarse 'hija' de Rosetta. Hay algunas en evaluación, pero «no siguen su estela. La misión AIM, junto a EE UU, prevé que ellos pudieran disparar a un asteroide y nostros ver su impacto». Existen misiones ya aprobadas, por lo que «se necesitarán varios años para que las prioridades cambien y veamos una posible continuación de Rosetta. Nuestro foco ahora está en Marte, con la llegada de ExoMars en dos semanas», explica Tanco.

Posar a Rosetta pone fin a una misión que ha lindado con la ciencia ficción. Sobre si se podría resucitar el funcionamiento del satélite en un futuro muy lejano, la respuesta es clara. «Posible, sí. Probable, no», responde Tanco. «Le han insertado un software para que crea que está encima del cohete de lanzamiento. Le han engañado para que duerma justo antes de tocar el cometa». Su despertar, por ahora, solo sería factible en algún guion cinematográfico.

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