Diario Vasco
La getxotarra María Villar Galaz.
La getxotarra María Villar Galaz.

«María era una mente despierta, a la que le encantaban los desafíos»

  • La Policía de México cree que la ejecutiva vasca fue retenida por delincuentes inexpertos en secuestros, lo que precipitó su muerte

«Era una mente despierta, a la que le encantaban los retos; muy inteligente y desprendida». El asesinato en México de la joven ejecutiva vasca María Villar Galaz (39 años) ha causado consternación en el barrio getxotarra de Las Arenas, donde vivió su infancia y juventud, hasta que marchó a Madrid, al terminar la carrera de Económicas. Uno de sus cuñados no pudo evitar ayer emocionarse al recordarla, como una mujer sonriente, agradable y sociable, a la que le encantaban los niños. La investigación sobre su secuestro y muerte continúa en México y aportó ayer algunas destacadas novedades. Por ejemplo, la Policía sospecha que la mujer fue víctima de la falta de habilidades y recursos de una banda de secuestradores inexpertos.

A la espera de que su cadáver sea repatriado, previsiblemente en los próximos días, sus vecinos, conocidos y amistades de toda la vida preferían recordar a la mujer triunfadora, que la consultora Everis decidió enviar a México hace tres años para atender uno de sus proyectos estratégicos. Llegó allí junto a su esposo, el hispano brasileño Cristiano Do Vale y hace un año más o menos, la multinacional IBM decidió que la quería para su centro de negocios de Santa Fe, en Ciudad de México. «Ha sido un palo tremendo. ¡Qué puedo decirte, cuando ni siquiera puedo hablar!», acertó a decir su amiga Garbiñe antes de visitar la casa familiar, situada en una urbanización de Las Arenas, próxima a la ría de Bilbao. El hogar fue testigo ayer de un auténtico desfile de familiares y amigos emocionados, que se acercaron para dar sus condolencias a los padres y tres hermanas de la víctima.

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María era muy querida en el barrio, aunque a sus conocidos les cuesta hablar de ella dando su nombre. Prefieren la discreción. Las Arenas está conmocionada con su historia. «Era un cielo, un amor, majísima y muy sociable y comunicativa», explica una vecina de su portal. «Lo tenía todo, porque era simpática, buena estudiante, inteligente y una triunfadora», apostilla.

Otros, como Mikel, sólo guardan de ella un recuerdo vago de la infancia. «La recuerdo muy maja y muy alegre», evoca Mikel Fernández, nueve años menor que María. La joven ejecutiva estudió en el colegio de La Merced, donde empezó a labrar un currículo educativo brillante. Las buenas notas perduraron en su etapa de estudiante de Económicas en la Complutense, de Madrid. Muy pronto le llamaron para trabajar. Su ascenso fue vertiginoso. «Es que era muy capaz y brillante», valoró un allegado.

Al otro lado del Atlántico, a la espera de que se repatríe el cadáver de la sobrina del presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, los servicios de seguridad aztecas continúan las investigaciones. «Los trabajos van muy adelantados», afirmó la coordinadora nacional antisecuestro, Patricia Bugarin, quien adelantó también algunas de las nuevas hipótesis que baraja la Policía científica. Cada vez parece más evidente que la joven no fue capturada por «una banda profesional», sino por un grupo de delincuentes sin experiencia en la gestión de secuestros, lo que al parecer pudo precipitar la muerte de la víctima.

Dos comunicaciones

«Eso es parte del motivo del lamentable fallecimiento de la señora María Villar Galaz», subrayó Bugarin, cuyo servicio depende directamente de la Comisión Nacional de Seguridad. El relato de lo ocurrido, según la versión facilitada en los últimos días, también parece tambalearse, al menos en parte. Hasta ayer, la ejecutiva vasca había tomado, por equivocación, un taxi 'pirata', que le impidió llegar a su destino. A las nueve de la noche, la hora en que comenzó la odisea, llamó por teléfono a su marido, el brasileño Cristiano Do Vale, para comunicarle que ya iba para casa, pero nunca llegó.

Los investigadores no saben ahora si fue secuestrada por el taxi al que se subió, en el centro comercial El Patio de Santa Fe, o si por el contrario sus captores la sorprendieron cuando se bajó del coche y la forzaron a acompañarles. Sí se sabe que la obligaron a acudir a, al menos, dos cajeros automáticos, donde le vaciaron las tarjetas de crédito; y que después del asalto la pusieron en contacto telefónico con su marido para forzar la negociación del secuestro. Esta operación se conoce en argot como 'prueba de vida'. Los delincuentes demuestran que la víctima está viva y comienzan a especular.

Todo apunta a que María Villar sobrevivió «como máximo» treinta horas, hasta que fue abandonada en la orilla de un riachuelo, maniatada y con una bolsa de plástico en la cabeza. Su esposo y su primo Gorka Villar recorrieron todas las morgues de la ciudad hasta que seis días apareció y se identificó el cadáver. La familia adelantó que supo de su muerte por los medios de comunicación y que, en contra de la información difundida, pagó todo el rescate pactado con los secuestradores. Este aspecto aviva la teoría de que se trataba de inexpertos. El ministro de Interior, Jorge Fernández, calificó ayer lo sucedido como «un hecho dramático».