Diario Vasco

Ni joyas, ni conducir de noche, ni taxis

  • Los guipuzcoanos en México escogen el arma de la precaución para evitar peligros

  • Viven o trabajan en el país latinoamericano, con 'colonias' en el barrio de El Polanco, «que es muy seguro», o en ciudades como Puebla o Querétaro

Elena Irazustabarrena es una joven financiera donostiarra que este domingo partirá hacia México DF por motivos de trabajo. Tendrá buen cuidado de que el taxi que coja pertenezca a Uber, una aplicación que indica tanto de dónde ha salido el vehículo como el nombre de su conductor. Nunca parará un vehículo por la calle. Después se alojará en El Polanco, la gran zona residencial europea de la capital mexicana en la que residía María Villar, la getxotarra secuestrada y asesinada. Es el ámbito habitual en el que se desarrolla la vida de Elena y la de la mayoría de los europeos que viven o trabajan puntualmente en esta gran ciudad. Allí se siente segura.

Lo que más le llamó la atención a Elena la primera vez que llegó a DF fue que la propia Policía le advirtiera que llegaba a una ciudad peligrosa. «Me dijeron que no llevara relojes caros, ni gargantillas o pendientes de valor. No sé si en el resto del país ocurre lo mismo».

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«Es un buen barrio, en el que trabajo, me alojo y al que salgo a cenar o a tomar algo con mis compañeros. Nunca se me ocurre ir a determinadas zonas, aunque sí conozco todo el área turística y sé lo que cuentan mexicanos sobre secuestros y sobre la necesidad de tener precaución».

Querétaro

Hace quince años que otro donostiarra, Iñaki, llegó a México, esta vez a la ciudad de Querétaro y tras un periplo laboral que también le llevó a Brasil. Llegó para tres años y lleva ya trece en esta ciudad, en la que hay plantas de empresas guipuzcoanas que descartan la capital y los decadentes y saturados polígonos industriales de México DF y buscan otras localidades más tranquilas como Querétaro o Puebla que resultan más atrayentes para sus directivos que unas calles peligrosas.

Vive con su mujer y sus dos niñas pequeñas en un barrio tranquilo, pero reconoce que se lo piensa más de una vez a la hora de ir a las playas cercanas porque la carretera pasa por barrios complicados y no quiere sustos. «Pero en Querétaro se respira tranquilidad, la gente sale por la noche... No hay sensación de riesgo ni de peligro. Otra cosa es ir al DF. Allí hay que ir con cuidado y evitar, por ejemplo, conducir por la noche. Puedes encontrarte con la Policía y es posible que te la líen, que te paren a ver si te sacan algo».

Pese a que su vida es tranquila, no niega que la peligrosidad de la capital es algo que todo el mundo conoce en el país. «Se producen situaciones que pueden parecer de película y que serían impensables en Donostia, por ejemplo. Tengo amigos a los que, al salir del aeropuerto, unos tipos vestidos de policía han asaltado con pistolas. O taxistas que han atracado a personas que se montaban en sus coches al ver el reloj que llevaban. Hay que ser discreto, no hacer ostentación, intentar pasar desapercibido y desde luego no coger un taxi por la calle. No hay que olvidar que tiene treinta millones de habitantes».

Veracruz y DF

Pablo Izeta ha vuelto a Gipuzkoa para dirigir la empresa Bellota Heramientas, de cuya planta en México fue el responsable durante cuatro años. Dos de ellos vivió en Córdoba, en el estado de Veracruz, una ciudad considerada pequeña y rural con sus 400.000 habitantes. Los otros dos estuvo en El Polanco, el barrio europeo de México DF, donde también vivía la asesinada.

El directivo asegura que el país es muy agradable, (todos parecen compartir este criterio) y nunca ha sufrido ningún asalto o suceso desagradable. Ni siquiera en el DF, pese a su mala fama.

«La planta de Bellota está junto a Córdoba, un lugar tranquilo. La capital es diferente y hay que tomar precauciones, pero creo que se está exagerando, aunque está claro que se trata de un lugar mucho más peligroso que cualquier ciudad española».

Durante los cuatro años en México, Pablo no vio ninguna situación de asaltos o robos con pistolas, aunque es consciente de que existen los secuestros exprés y nunca se acercó a barrios que pudieran ser conflictivos. Tampoco cogió nunca un taxi en la calle. «Hay que asegurarse de que pides el servicio a una compañía oficial». Como la mayor parte de los europeos, vivió en El Polanco. «No es un guetto cerrado como ocurre en otros países. Se trata de un barrio tranquilo con tiendas, restaurantes, centros comerciales, zonas de encuentro... Como cualquier barrio europeo que es seguro».

Tampoco cree que la peligrosidad reatraiga a futuros trabajadores a desplazarse hasta allí. «Tal vez fuera a causa de la crisis, pero mientras estuve en México recibí un montón de currículums de personas que querían ir a trabajar allí».

En Puebla

Maider Juanena y su marido, Pablo, ambos ingenieros, han vivido cuatro años en Alemania. Desde hace uno residen en Puebla porque su trabajo es montar la planta de Audi en la ciudad mexicana. «Es la región más tranquila y en la que están las mejores universidades en las que estudian los hijos de 'los peligrosos' del país, así que no les interesa que haya violencia». Reconocen que llegaron con miedo, «pero pasa un mes, ves que vives en un lugar tranquilo y te confías. Tal vez es lo que le pasó a esta chica», dice Maider. Lo que tiene claro la joven pareja es que México DF es otra cosa. «Es inmenso, es tan grande que hay muchos sitios en los que no te puedes meter. Eso sí, tanto Santa Fe (donde María Villar cogió el taxi) como El Polanco son las zonas más seguras de toda la capital». Tampoco ven probable que se produzca un secuestro exprés en pleno Zócalo, en el área turística. «Otra cosa es que te encuentres con un carterista».