Diario Vasco

El verano deja en Euskadi la cifra más baja de demanda de la RGI desde hace dos años

  • Lanbide cierra agosto con 64.391 perceptores de la prestación social, un 1,2% menos que el mes anterior

Mal agosto para el paro, bueno para la demanda de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). En los últimos meses ha quedado demostrado que el empleo está siguiendo un camino opuesto a la necesidad de ayudas sociales. La creación de puestos de trabajo que despuntó a finales del año pasado ha tardado tiempo en trasladarse a la evolución de la RGI que no ha empezado a mejorar hasta este mes de junio cuando el empleo llevaba ya varios meses en positivo. Ahora que el final del verano ha roto el oasis laboral, con un aumento del paro en los tres territorios, la demanda de la renta social vuelve a ir por otros derroteros y se apunta una nueva bajada, la tercera consecutiva este año.

Euskadi cierra el mes de agosto con 64.391 perceptores, la cifra más baja desde hace dos años. Hay que remontarse a principios de 2014 para encontrar datos por debajo de esa barrera. Desde entonces la demanda no ha hecho más que subir, en paralelo a las mayores necesidades sociales. La mejoría detectada en el último trimestre, no obstante, no permite lanzar las campanas al vuelvo y necesitará confirmarse en el tiempo pues se trata de cifras aún muy elevadas en las que sigue patente el azote de la crisis.

El descenso, en todo caso, queda reflejado en los tres territorios. Gipuzkoa logra una bajada del 1,4% en el último mes hasta los 15.140 perceptores, pero la demanda continúa en esa horquilla, donde el territorio lleva instalada desde hace ya dos años, cuando rondaban los 8.000. Eran los tiempos en que la palabra crisis no había entrado todavía en el vocabulario de la gente. Tanto Bizkaia (-0,75%) como Álava (-2,7%) cierran el mes de agosto con menos perceptores de la prestación, que garantiza unos ingresos mínimos de 625 euros al mes.

Esta última foto de la RGI cumple el ansiado deseo de los responsables de Lanbide y del Gobierno Vasco de que empiece a rebajarse la presión sobre una ayuda a la que se destinan casi 500 millones de euros al año, incluido el gasto en la Prestación Económica de Vivienda (PCV) para el alquiler.

Incertidumbre

Pero ese alivio llega todavía con timidez y con la incertidumbre de que sea pasajero. Si se rasca bajo la superficie de la estadística se encuentran zonas de sombra. Ahí continúan, por ejemplo, las más de 3.000 personas (3.081) que en Gipuzkoa completan sus bajos salarios con la prestación. En Euskadi, son 12.485, un 20% del total de beneficiarios de la ayuda.

El colectivo de los llamados trabajadores pobres ha vuelto a elevarse, después de que por primera vez en los últimos tiempos su peso bajara en sintonía con las cifras positivas del mes de julio. De nuevo en agosto se certifica que este fenómeno, ligado a la precariedad laboral y al empleo parcial, ha venido para quedarse, como ya llevan tiempo advirtiendo las entidades del Tercer Sector y expertos en políticas sociales.

La evolución del año pasado también obliga a andar con pies de plomo. El verano de 2015, con las consiguientes contrataciones de la temporada alta, rebajó la presión a la RGI. Y cuando ya parecía que había pasado lo peor volvió a encenderse el piloto de emergencia con un aumento sostenido hasta el pasado mes de junio cuando se rompió la racha negativa.

Los datos del paro del mes de agosto no pueden pasarse por alto. Los tres territorios vascos aumentaron sus cifras de desempleo y dejaron atrás los puestos logrados con las contrataciones de verano. Teniendo en cuenta que el comportamiento del mercado laboral ha tenido un efecto retardado sobre la demanda de la RGI, es de esperar también que ocurra lo mismo a la vuelta de la esquina, cuando ya se asome el otoño, un tiempo gris que nadie quiere que se instale en las economías de las familias.