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Investigan a dos hermanos por la desaparición de una amiga de su madre en Ondarroa

Investigan a dos hermanos por la desaparición de una amiga de su madre en Ondarroa
  • Maite Eguiguren fue a visitar a la mujer hace un año a su piso, desde el que efectuó una última llamada al 112: «Que no, que a mí no me toreas», se oyó

¿Dónde está Maite? La Ertzaintza investiga el paradero de Maite Eguiguren Arauco, una mujer de 64 años que desapareció en «extrañas circunstancias» en la localidad vizcaína de Ondarroa el 8 agosto de 2015, según ha podido saber El Diario Vasco. La Policía vasca no descarta «ninguna hipótesis», aunque las principales líneas de investigación se han centrado hasta el momento en la vivienda a la que acudió a visitar a una amiga y, más concretamente, en los dos hijos de ésta, que se encontraban allí en el momento en el que se pierde su rastro. Su familia está convencida de que Maite ha sido asesinada «por algo relacionado con lo que pasó en aquella casa» de 25 metros cuadrados.

El último día del que hay noticias de Maite arranca en uno de los pisos tutelados del hospital psiquiátrico de Zaldibar. La desaparecida había tenido hasta entonces una «vida complicada», marcada por una adicción a las pastillas y al alcohol que la llevaron a pasar temporadas en varios centros sanitarios de estas características. Según explican desde su entorno más cercano, «cuando era más joven a veces se montaba en un autobús y se marchaba sin avisar a una ciudad distinta porque había conocido a alguien». Pero «no tardaba» en dar señales de vida y en avisar dónde estaba. Además, en los últimos tiempos su comportamiento había cambiado totalmente. «Me llamaba todos los días por teléfono para hablar», explica su hija Victoria.

El 8 de agosto del pasado año Maite salió de casa para visitar a María G. N., una «amiga» que vive en Ondarroa, donde reside también su hermana. Lo hizo con el permiso del Hospital de Zaldibar. Se fue a Durango y pasadas las 12.15 horas se subió en el autobús de la línea 3915 de Bizkaibus. Un día antes había sacado 300 euros del banco y solía llevar bastantes anillos y colgantes de oro. Según las fuentes de la Policía vasca consultadas por este diario, su rastro se vuelve a detectar, ya en Ondarroa, poco después de las dos de la tarde. A esa hora efectuó una llamada con su teléfono móvil.

Maite subió después al piso de su amiga María, un tercero sin ascensor. Se sabe que estuvo con ella en su habitación y que se encontraban en ese momento sus hijos, José e Iván H. G. Según declaró uno de ellos, Maite se fue al baño y a las 14.50 horas se marchó. Lo hizo, según dijo, sin despedirse y «sin ofrecer explicación alguna». Se fue, además, sin llevarse su bolso, su cartera con documentación, su teléfono móvil y una bolsa en la que llevaba un tinte de pelo que había comprado horas antes. La madre y los hijos no avisaron a nadie de que Maite se había olvidado sus pertenencias.

El lunes 11 de septiembre la hermana de Maite recibió una llamada del hospital para informarle de que llevaba dos días sin acudir al centro sanitario. Empezaron a preocuparse y a pensar dónde podía estar. Una vecina les dijo que Maite solía acudir a veces a visitar a una señora mayor en Ondarroa. Fue entonces cuando la hermana acudió al piso acompañada por su hijo para preguntar si la habían visto. Allí les dijeron que Maite había estado en la vivienda y que se marchó sin dar explicaciones. «Cuando me enteré de que se había dejado el bolso supe que algo había pasado y que mi hermana no iba a aparecer. Maite no se dejaba el bolso ni para ir al baño», asegura Marian. De hecho, los médicos que la trataban declararon que esta mujer sufría un peculiar trastorno: sospechaba que podía ser atracada en cualquier momento y que, por tanto, «nunca abandonaba sus pertenencias». Ni siquiera en su residencia. Además, precisaron que su enfermedad no influye en su sentido de la orientación ni le puede provocar una pérdida de conciencia.

«Contradicciones»

La Ertzaintza abrió una investigación en la que no tardaron en detectar «incongruencias», «contradicciones» y «comportamientos anómalos en el entorno de la vivienda». Pero además, al estudiar su móvil detectaron otros datos preocupantes: desde el teléfono de Maite se efectuó una llamada al servicio de emergencias (112) a las 14.50 horas. En la grabación se escucha a una mujer alterada. «Que no. Que a mí no me toreas», se oye. Su familia dice que es su voz.

Esta llamada se corta. Y la señal de Whatsapp del móvil desaparece poco después de las tres de la tarde. El análisis de la Ertzaintza determina que la pérdida de la señal se produjo porque alguien activó el modo avión, un recurso del que es probable que Maite no tuviese conocimiento. La madre y sus dos hijos declararon a la Policía vasca que no usaron el móvil y que la desaparecida tampoco lo hizo mientras estaba en la vivienda.

La Ertzaintza ha analizado los teléfonos móviles, registró días después la vivienda en busca de indicios y ha realizado batidas con perros. De momento, sin éxito. «A mi madre no se la ha podido tragar la tierra», clama su hija. «Viva o muerta, pero necesitamos que aparezca», se duele su hermana.