Diario Vasco

El nuevo curso llega en funciones

El nuevo curso llega en funciones
  • El año escolar empieza con una indefinición marcada por las elecciones y una Lomce agónica

  • Alrededor de 370.000 alumnos se incorporarán desde el miércoles a las aulas vascas. Solo ellos tienen claro lo que van a hacer allí

Las escuelas de Magisterio quizá deberían pensar seriamente en la posibilidad de introducir en sus planes de estudio la asignatura de Adivinación avanzada. De esta manera los profesores del mañana quizá sean capaces de predecir con algún margen de acierto qué materias van a tener que dar en el futuro, cómo deben hacerlo y cuándo tendrán que evaluar a sus alumnos, entre otros muchos detalles. Pero como esta asignatura aún no existe, hoy por hoy es imposible hacer predicciones. Ni siquiera a corto plazo. Lo único que se sabe que el curso está a punto de empezar. Poco más.

A partir del próximo día 7 comenzarán a incorporarse a las aulas vascas los alrededor de 370.000 alumnos que este año se han matriculado en la enseñanza no universitaria. Será este el primer curso en el que la Lomce estará ya plenamente implantada en todas las etapas, aunque eso significa poco. La reforma que en su día defendió con uñas y dientes el exministro de Educación y ahora embajador en París, Juan Ignacio Wert, el que dijo que con el castigo se crece «como un toro bravo», es una sombra de lo que fue. La todopoderosa Lomce es ahora una ley moribunda aunque ya en marcha en casi todos sus artículos, lo que le permitirá cabalgar después de su defunción hasta que alguien apruebe una nueva reforma educativa.

El nuevo curso empieza en Euskadi con una ley casi muerta pero casi viva, con un Gobierno central que a saber cuándo dejará de estarlo y en qué términos, y con las expectativas de las elecciones autonómicas del próximo día 25, que pueden modificar el equilibrio del poder en el País Vasco. «Es la tormenta perfecta», admiten en el Departamento vasco de Educación.

Las reválidas

En este contexto tormentoso, nadie sabe cómo se desarrollará el próximo año lectivo ni si lo que ahora está en vigor seguirá estándolo dentro de nueve meses. El PP ha reconocido esta semana que el acuerdo de investidura con Ciudadanos «implica paralizar la Lomce», aunque está en vigor «en su totalidad». Sin embargo, admite que «hay aspectos pendientes» que, aunque ya han sido aprobados por decreto, «tendrán que valorarse una vez que se haya constituido el Gobierno». Es probable que este acuerdo nunca llegue a ponerse en práctica, pero revela que para los populares la Lomce ya no es una prioridad.

Los aspectos pendientes, que aún no se han aplicado, son las dos grandes e importantes novedades que la Lomce prevé -o preveía- para este curso: las reválidas finales de ESO y Bachillerato. El calendario de la reforma educativa establece que este curso los alumnos que terminen cuarto de ESO y segundo de Bachillerato deberán someterse a una evaluación. Aunque este año no será necesario aprobar las pruebas para obtener el título de graduado en ESO o Bachiller, sí debería serlo en cursos posteriores. Pero es dudoso que ese momento llegue. Por de pronto, el Departamento de Educación ya ha dicho que este curso no convocará la reválida final de ESO.

Lo que sí llegará es junio de 2017 y el instante en que la sustituta de la Selectividad ponga a prueba los nervios de los estudiantes. En un principio esta reválida -la de segundo de Bachillerato- estaba planteada para ser una prueba de 350 preguntas tipo test igual en toda España. Sin embargo, el actual ministro de Educación, Iñigo Méndez de Vigo, ha descartado esta idea y ha permitido que sean las comunidades autónomas las que elaboren los exámenes, fijen los tribunales y decidan las fechas de las pruebas. La Selectividad quedaría así más o menos como hasta ahora, aunque con un nombre diferente.

El problema es que nadie sabe qué sobrevivirá de todo esto cuando llegue la hora. «En estos momentos no hay nada decidido. Estamos analizando la situación y tenemos que hablar con la Universidad en el caso de la Selectividad y ver cómo actuar. Pero en la situación actual no hay decisión tomada porque no sabemos lo que va a pasar con el Ministerio como lo que pueda pasar con el Gobierno. La situación no da opción a tomar una decisión», afirmó la consejera de Educación, Cristina Uriarte, el pasado mes de abril. Lo que la actual consejería sí tiene claro es que no se hará la prueba de Bachillerato, sino «una selectividad acorde a nuestro sistema educativo».

Tiempo al tiempo

La primera de las cuatro evaluaciones de la Lomce se llevó a cabo el curso 2014-15 entre los alumnos de tercero de Primaria. Este examen, que no tenía repercusión académica y servía para valorar la evolución de los alumnos, no se realizó en Euskadi, al menos nominalmente. Lo que hizo el departamento fue trasladar a tercero la evaluación diagnóstica de cuarto y programarla con carácter experimental en treinta colegios. Esta decisión recibió numerosas críticas de padres y sindicatos pero sirvió para guardar las apariencias con respecto al cumplimiento de la Lomce.

No ocurrió lo mismo con la evaluación de sexto de Primaria, también sin consecuencias académicas y prevista para el curso pasado. En este caso Educación no llegó a convocar las pruebas. Cristina Uriarte aseguró que, «sabiendo cuál es el marco normativo de obligado cumplimiento», el Gobierno Vasco sigue «su camino». Y añadió que, tras «adecuar las evaluaciones a los perfiles de salida de cada etapa», se harán «sin prisas y de forma progresiva», lo que era una sutil manera de decir algo así como 'esperaremos hasta que el cadáver de la Lomce pase por nuestra puerta'.

Esta negativa ha provocado la presentación ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco por parte del Gobierno central de un recurso contra Heziberri 2020, el plan que recoge el marco del modelo educativo pedagógico, los decretos curriculares de la Comunidad Autónoma Vasca y la futura Ley vasca de Educación. El recurso se apoya en el argumento de que esta normativa incumple las medidas fijadas en la Lomce, entre ellas la negativa a realizar la evaluación de sexto de Primaria.

Lo que ocurra con el recurso puede carecer de importancia a las puertas de las elecciones vascas del día 25, que alterarán la actual correlación de fuerzas en Euskadi. Las más que probables negociaciones para alcanzar pactos de gobierno pueden hacer que Educación caiga en manos diferentes de las del PNV y, con ello, que Heziberri, el proyecto estrella de la legislatura de Cristina Uriarte, se convierta en un episodio del pasado.

En medio de la tormenta perfecta navegan, como siempre, los profesores y los alumnos. El curso que está a punto de comenzar estará marcado, más que nunca, por la indefinición. La reforma educativa, aquella que, como dijo Wert, llevaría a los jóvenes vascos a saber «quién es Agustina de Aragón», es ahora una moneda de cambio para pactar votos de investidura. Una sombra que todos los partidos, salvo el PP, quieren eliminar.

No todo desaparecerá. Este curso habrá clases de Religión, que será puntuable al igual que su alternativa, los alumnos tendrán que optar entre varios itinerarios a menor edad y las evaluaciones seguirán en el horizonte. De la Lomce sobrevivirá lo ya aplicado. Hasta que a alguien se le ocurra preparar otra reforma educativa. Y volvamos a empezar.