Diario Vasco

El hombre que no sentía miedo

Alex Honnold, especialista en escalada extrema sin cuerda.
Alex Honnold, especialista en escalada extrema sin cuerda.
  • Neurólogos estudian el cerebro de Alex Honnold, especializado en escalada extrema sin cuerda, y concluyen que «no siente el temor como el resto de nosotros»

Alex Honnold decidió en 2014 coronar sin ningún tipo de cuerda que lo asegurase una ruta apodada 'el sendero luminoso', en el Potreo Chico (México), y tardó poco menos de tres horas en trepar los 764 metros de esta pared vertical. En Internet abundan los vídeos que muestran a este escalador asaltando todo tipo de colosos calcáreos. El espectador sufre náuseas, escalofríos de vértigo y comienza a sudar incontroladamente, pero Honnold nunca parece preocupado, ni siquiera titubea cuando sus dedos se agarran a una muesca imperceptible a más 500 metros de altitud, o cuando sus pies se sujetan sobre una laja más pequeña que un sacapuntas. En esta modalidad deportiva, denominada escalada libre o ‘free solo’, el escalador no utiliza ningún tipo de cuerda o equipo que lo asegure. El escritor John Long lo resumió en una frase lapidaria, «si caes, mueres». Ahí es donde Honnold se ganó el apodo de ‘No big deal’ ('sin más', en inglés), frase que repetía ante las situaciones más aterradoras.

La Sociedad National Geographic invitó a Honnold, al fotógrafo Jimmy Chin y al aventurero veterano Mark Synnott al auditorio de los exploradores. Después de la charla, una neuróloga, impresionada por los cuentos vertiginosos del escalador, se acercó a donde Synott para advertirle sobre su compañero: «La amígdala de este chico no está bien». Meses después, el neurólogo cognitivo Jane Joseph se presentaba voluntario para «investigar qué tenía que decir la ciencia al respecto». El impertérrito escalador accedió a hacerse una resonancia magnética en la Universidad Médica de Carolina del Sur. La prueba consistía en visionar una serie de imágenes que perturbasen o excitasen al paciente. En este particular carrusel del horror, Honnold tuvo que ver caras sangrientamente desfiguradas, retretes rebosantes de heces, mujeres depilarse sus genitales con cera o escenas de escalada extrema.

«No tuvo ninguna reacción interna a estos estímulos”, se sorprendió Joseph. “Podría haber varias razones. Una es que la amígdala no funcione como debería. Otra, que disponga de un sistema regulador tan perfeccionado que, aunque sepa que está sintiendo todo eso, el cortex frontal le permita calmarse». Durante el resto de las pruebas neuronales, Honnold demostró poseer unos atributos que le permiten estar increíblemente concentrado y ser increíblemente paciente, y al mismo tiempo, encajar en el perfil de lo que los neurólogos denominan ‘un buscador de experiencias extremo’. Los especialistas creen que las pruebas, sencillamente, no fueron suficientemente fuertes. Cuando las testaron en otro escalador de la misma edad, sin embargo, los colores de su amígdala se dispararon. La madre de Honnold reconoce que ella sí pasa miedo, «Al final, debes confiar en el juicio de tus hijos, ya sea con el dinero, el trabajo, la casa o cualquiera de las cosas que nos lanza la vida. La escalada es el trabajo de Alex. Y confío en su juicio». Su hijo se encoje de hombros y se limita a matizar que su característica más singular no es su capacidad para escalar sin cuerda, si no sus ganas de hacerlo. Quizá busque esa emoción que se escapa de los escáneres neurológicos.