Diario Vasco

¿Conoce su 64 apellido?

Luis Goñi, Begoña Senar y Jean Fernández Múgica muestran algunos de los trabajos genealógicos que han realizado.
Luis Goñi, Begoña Senar y Jean Fernández Múgica muestran algunos de los trabajos genealógicos que han realizado. / LUSA
  • Internet y la digitalización de los archivos han contribuido a facilitar la localización histórica de antepasados de las familias, en algunos casos hasta el Renacimiento

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¿Sabe cómo se llamaba, dónde vivía y a qué se dedicaba el padre de su tatarabuelo?, ¿ha traspasado la barrera de los ocho apellidos indagando en su propia genealogía?, ¿le gustaría saber cuál es su apellido 64, remontándose seis generaciones atrás? Pues no es un objetivo imposible, ni tan siquiera difícil, según sostienen los miembros de la Asociación de Genealogía Vasca e Historia Local, Antzinako. Tampoco es una especialidad solo para expertos.

El desarrollo de las nuevas tecnologías (internet y la digitalización de los archivos civiles y eclesiásticos) han facilitado la labor para que todo el mundo pueda acceder sin demasiado esfuerzo a un sinfín de datos desaparecidos de la memoria familiar. Hace falta, eso sí, un pequeño empujón, una somera explicación del procedimiento y manejo de las herramientas a las que se debe acceder. Y esta es una labor que quiere desarrollar la asociación Antzinako, creada en Pamplona hace una docena de años e integrada por más de doscientos aficionados del País Vasco y Navarra, de ellos tan solo una veintena en Gipuzkoa. Todavía son muy pocos, considerando que la genealogía es una actividad emergente en todo el mundo en buena medida por las nuevas tecnologías. Solo en Baiona, por citar un ejemplo próximo, funcionan dos asociaciones de aficionados, según Jean Fernández Múgica, jubilado de Hendaya que forma parte de la asociación Antzinako.

Elaborar un árbol familiar

En esta labor de difusión pública de los procedimientos genealógicos, la entidad vasca organizó recientemente un taller de iniciación para una treintena de personas en el Centro Cultural Ernest Lluch. Fue impartido por la irunesa Begoña Senar, también miembro de la asociación. «Con estas iniciativas tratamos de dar orientaciones sobre cómo encontrar información de antepasados y enseñamos qué archivos y páginas web se pueden consultar». El taller descubre «lo fácil que resulta elaborar un árbol genealógico», según Senar. También contribuye a limar el miedo de acudir a los archivos, en caso de que así lo requiera el curso de la investigación. «La gente piensa que son un feudo de historiadores, pero no es así, están abiertos todo el mundo y los que trabajan en ellos son profesionales muy amables», subraya.

Además, como destaca el donostiarra Luis Goñi, jubilado y también miembro de la asociación, la labor de genealogía en el País Vasco resulta más sencilla que en otros lugares porque «existe una base de datos importante debido a que el Gobierno Vasco firmó un acuerdo con la Iglesia para digitalizar el Archivo Diocesano, que es una privilegiada fuente de información».

La genealogía tiene numerosas aplicaciones prácticas, más allá de la elaboración artística del árbol familiar coronado por el supuesto escudo de armas. El traductor donostiarra Joxemi Sánchez, por ejemplo, se aficionó y entró en la asociación por un asunto de índole administrativa. «Tenía que justificar notarialmente la relación entre mi padre y mi tatarabuelo, y en el camino de la búsqueda comenzaron a aparecer datos y detalles insospechados de mi familia», señala. «Descubrí, por ejemplo, que ese antepasado de Lezo había vivido en la localidad madrileña de Ciempozuelos porque participó en la construcción del ferrocarril y, tirando del hilo, llegué a otro antepasado que combatió en primera línea con el general Echagüe, y todo eso no lo sabíamos», añade.

La capacidad de la genealogía de situar a las personas en el contexto en que vivieron es lo que le enganchó a este socio donostiarra de la sociedad Antzinako. «Eso es lo bonito de la investigación genealógica, que entras buscando un documento y te encuentras por el camino con un montón de datos que no te esperabas». En ello abunda también Luis Goñi, que no solo encontró a un bisabuelo suyo, sino que lo situó combatiendo en la última guerra carlista.

Desde el Registro Civil

¿Cuál es el camino y cómo llegar al antepasado del que nunca tuvimos noticia? Los cuatro socios de Antzinako lo tienen claro: a través de internet, primero hay que buscar en el Registro Civil, que es la fuente más directa y más fiable. Esta búsqueda aporta apellidos y descubre antecesores. Se trata, sin embargo, de una fuente que llega solo hasta 1876, año en que se pone en marcha. Pero esto no es un gran problema. A partir de ahí se puede echar mano de los registros eclesiásticos, que están digitalizados. Las anotaciones de bautismo son una mina de información porque recogen las fechas, el nombre y apellidos de los padres y de los abuelos, así como el lugar de donde procedían.

También se puede echar mano de los testamentos. «Los notarios siempre han tenido mucho trabajo, más incluso siglos atrás que en la actualidad, y los documentos notariales son una impagable fuente de información», subraya Luis Goñi. Pero todavía hay más recursos adonde acudir: por ejemplo, los pleitos de hidalguía, los procesos judiciales y eclesiásticos y los censos.

Tirando del hilo, dice Sánchez, es fácil llegar al menos hasta la quinta generación, que permite conocer 32 apellidos, o a la sexta: 64 apellidos (en la séptima hallaríamos 128, en octava, 256; en la novena, 512; en la décima, 1.024, y así sucesivamente). Los árboles familiares que suele elaborar Luis Goñi para amigos y conocidos generalmente no sobrepasan los 32 apellidos por motivos de espacio: «Podría avanzar más, pero necesitaría un documento enorme», precisa.

Joxemi Sánchez sí ha ido más allá con su propia familia y en una 'sábana' de papel de casi dos metros ha logrado encajar seis generaciones. Ya es mucho, pero sobrepasar esta raya de 64 apellidos requiere una dedicación más paciente y más sofisticada.

Lo confirma Jean Fernández Múgica, que ha realizado toda una documentada investigación sobre su segundo apellido y ha llegado hasta la Edad Media, donde ha encontrado a los Butrón-Múgica, provenientes de «un abendaño» de Bizkaia. «Hay muchos Múgica, pero yo he hecho un registro de 15.000 individuos relacionados con mi familia, y a los descendientes de algunos los he encontrado en Canadá y Chile», destaca.

Es más, en colaboración con la UPV, ha realizado un estudio con ADN. «Hemos tomado la huella genética de un Múgica de Canadá y de un descendiente del historiador y archivero Serapio Múgica, y nos hemos encontrado con la sorpresa de que las mayores coincidencias se dan en el pariente canadiense», explica. No es la única investigación genealógica de este jubilado de Hendaya. «Ahora estoy buscando en los archivos, todavía sin éxito, a un personaje del que hablan los libros de historia. Se trata de Adrián Múgica, que se embarcó con Colón en el segundo viaje a América y lideró un motín que le llevó a morir ajusticiado como responsable de la rebelión».

Un camino con obstáculos

Sin llegar a estos extremos, «tirando del hilo en el Archivo Diocesanos de Gipuzkoa y con algo de suerte se puede llegar hasta el año 1.500, fecha anterior a que el Concilio de Trento (1563) confiriese a las parroquias el deber de realizar las partidas de nacimiento, matrimonio y defunción. El Archivos Diocesano de Gipuzkoa guarda, en concreto, uno de los primeros libros de anotaciones que se conocen. Es un valioso manuscrito que inicia los apuntes en 1498. Pero llegar hasta tan lejos no es tan sencillo porque el camino no siempre está despejado.

Son muchas y muy diversas las causas que dificultan la labor, desde incendios en iglesias que han arrasado los libros de registros a errores humanos, es decir, que el cura de turno sencillamente se ha olvidado de realizar la anotación. «Buscando en internet he encontrado muchos errores», explica Sánchez. «No es una ciencia exacta y a veces se dan situaciones que dificultan mucho el estudio, como que padre, hijo y nieto se llamen exactamente igual, o que los hijos de dos hermanos que se casan con dos mujeres que también son hermanas llevan los mismos apellidos y a veces también les ponen los mismos nombres», añade. «Pero estos obstáculos, que requieren un mayor detenimiento, son también alicientes de una actividad que genera muchas satisfacciones». De ello da fe este traductor donostiarra, que hace dos meses descubrió gracias a internet una rama familiar de la que no tenía noticia en Argentina. «Un nieto de mi tatarabuelo emigró a ese país y el hijo de este, que se casó con la hermana de Eva Perón, fue un hombre del círculo del presidente argentino. Nosotros no sabíamos nada de la existencia de este pariente y fue toda una sorpresa».

Aunque hasta ahora la asociación Antzinako no ha tenido demasiada presencia en Gipuzkoa, los socios quieren potenciarla a través de talleres, cursos y conferencias. «Tenemos una web (www.antzinako.org) muy activa y hasta ahora hemos funcionado por internet, pero queremos acercar la afición por la genealogía al gran público y en eso estamos», resume Begoña Senar.