Diario Vasco

Alanen: «En nuestras escuelas ni se acepta ni se tolera una situación de acoso»

Johanna Alanen, de la Universidad de Turku.
Johanna Alanen, de la Universidad de Turku. / USOZ
  • Johanna Alanen, Coordinadora internacional del programa finlandés contra el bullying, «KiVa no borra el acoso escolar, proporciona las herramientas para saber qué hacer en cada caso», asegura

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En poco más de cinco años, el ya célebre programa anti-bullying finlandés, desarrollado por la Universidad de Turku, ha reducido drásticamente los casos de acoso escolar que se producían en un sistema educativo admirado también por ese logro. KiVa, que no deja de ser puro sentido común, «no es milagroso, pero funciona».

- El programa comenzó a implantarse en 2009 y en seis años ha llegado al 90% de los centros de primaria y secundaria de Finlandia. Eso es rapidez. ¿Tan mala era la situación de partida?

- En realidad, cuando el programa empezó a desarrollarse en 2006 Finlandia estaba por debajo de la media en casos de bullying, pero el Ministerio de Educación y Cultura observó que lo que se estaba haciendo no daba resultados. Los casos de acoso no solo no se reducían sino que empezaban a repuntar, y decidió que había que empezar a actuar de otra manera.

MÁS

- Con excelentes resultados.

- Los informes anuales que se realizan desde 2009 muestran que el número de agresores se ha reducido a la mitad, y el de víctimas en un tercio. Desde que se lanzó KiVa, todos los datos muestran que en Finlandia los casos de acoso escolar no paran de descender. No hay nada de milagroso en KiVa, pero está claro que funciona.

- Algunas estrategias contra el bullying se centran mucho en la víctima y en el agresor. ¿Es esa la perspeciva de KiVa?

- No, miramos al conjunto de la escuela, y las familias también están implicadas. Todos los miembros de la comunidad escolar tienen un papel en las situaciones de acoso, no es algo que afecte solo a la víctima y al agresor; hay testigos, colaboradores, defensores, encubridores... El objetivo principal es poner fin a las situaciones de acoso y, en ese sentido, ayudamos a las víctimas y confrontamos a los acosadores con sus actos, pero más allá de esas intervenciones dotamos a la comunidad escolar de herramientas para identificar las situaciones de acoso y saber cómo gestionarlas. KiVa es, básicamente, una caja de herramientas que ponemos a disposición de las escuelas. No borra el acoso escolar, pero proporciona líneas y procedimientos claros para saber en cada momento qué hacer, así como quién debe hacerlo, y cómo. En las escuelas que se han sumado al programa hay un 'equipo KiVa' integrado por personal del centro especialmente preparado para gestionar esas situaciones, pero es el conjunto del centro el que debe implicarse en el programa, utilizar las herramientas que se le proporcionan y conseguir que funcionen.

- El compromiso del centro, por lo tanto, es vital para que KiVa cumpla sus objetivos.

-Absolutamente, y hay una figura clave, que es la del director, en la medida en que es quien apoya a los profesores, distribuye su uso del tiempo... Está demostrado que cuanto más tiempo y atención se le dedica al programa, mejor funciona.

- ¿En qué se pone el acento, en la prevención o en la corrección?

- Ambas son importantes. Cuando se produce un caso, los equipos especialmente entrenados para intervenir hablan mucho tanto con las víctimas como con los agresores. El diálogo es importante, y se basa en la idea que en esa escuela ni se aceptan ni se toleran ese tipo de comportamientos, bajo ningún concepto.

- ¿Esa 'tolerancia cero' es la clave del éxito de KiVA?

- Hay muchas investigaciones acerca de las razones por las que está funcionando bien. Se han realizado numerosas tesis doctorales al respecto, y una de ellas, que analizó lo que sucedía en un centro en el que, tras empezar a aplicarse KiVa, se habían reducido las agresiones, destacaba tres cuestiones. La primera era el cambio en la manera en la que los propios acosadores percibían su comportamiento, lo que conllevaba cambios en su actitud. En segundo lugar, cambiaba la percepción que tenían los alumnos del modo en el que los profesores reaccionaban al bullying, con una actitud crecientemente negativa. En tercer lugar, también cambiaba la percepción de los propios alumnos. Si alguien que consideras tu igual ve el bullying de manera negativa, en cierta medida deja de compensar convertirte en agresor. Se trata de aumentar la sensación de empatía entre los estudiantes, y de conseguir que los alumnos, con los que se realiza un trabajo continuado, entiendan que todos ellos son responsables de lo que pasa en su escuela. En ese sentido, tenemos tres unidades que se trabajan con los alumnos en tres momentos distintos, adaptados a distintas edades.

- Si la prevención no funciona, ¿la corrección incluye el castigo?

- No damos instrucciones sobre qué conductas deben ser objeto de sanción o castigo. Si el acoso o la agresión llegan al grado de delito, se pone en manos de la autoridad correspondiente, pero por lo demás es cada escuela la que decide cómo actuar, incluso a la hora de poner castigos.

- ¿Se puede entender KiVa al margen del los esfuerzos que, con tan buenos resultados, realiza Finlandia en materia educativa?

- Son dos cuestiones diferentes. Hay muchas razones por las cuales el sistema educativo funciona bien en Finlandia. No es algo que ocurra a causa de KiVa, pero se ha comprobado que si se reducen todas las formas de acoso físico o psicológico, incluido el ciberbullying, aumenta el grado de motivación académica y la sensación de bienestar de los estudiantes. KiVa no solo reduce los casos de agresión y victimización; como efecto colateral, también reduce los niveles de ansiedad y depresión.

- Los profesores también notarán la mejora...

- Al saber que están mejor equipados para manejar los casos de bullyng se sienten más seguros y confiados, y eso hace que también los niños confíen más en sus maestros.

- Cada vez son más los países que están 'importando' KiVa. ¿Encaja en todos los sistemas educativos, o hay que 'finlandizarlos'?

- El fenómeno del bullying es global, y sus mecanismos básicos son los mismos en todas partes. Por lo tanto, KiVa encaja en cualquier sistema educativo aunque, por supuesto, hay que localizarlo, adaptarlo, porque ni los métodos de enseñanza ni la cultura de los centros son los mismos en todas partes. Por esa razón, no facilitamos KiVa directamente, no lo 'exportamos' tal cual, sino de manera que sus materiales y procedimientos se puedan adaptar fácilmente a distintos países y sistemas, siempre en colaboración con socios y agentes locales.

- ¿Es caro?

- En Finlandia fue el Ministerio de Educación y Cultura el que tomó la decisión de extenderlo a todos los centros, asumiendo su financiación. En los países a los que ahora lo estamos 'exportando', el programa muchas veces corre a cargo de las escuelas. Nuestro objetivo es hacerlo accesible para que llegue al mayor número de escuelas posible, pero esa es una de las cuestiones que hay que trabajar con los socios locales.