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Buela-Casal: «Un buen número de conductas antisociales son generadas en la propia familia»

Gualberto Buela-Casal posa en los jardines del Palacio Miramar de San Sebastián.
Gualberto Buela-Casal posa en los jardines del Palacio Miramar de San Sebastián. / SARA SANTOS
  • Gualberto Buela-Casal, Catedrático en Psicología, Afirma que «hay muchos psicópatas a los que se les ha cronificado la enfermedad porque creen que actúan de manera adecuada»

El catedrático en Psicología de la Universidad de Granada Gualberto Buela-Casal participó recientemente en los Cursos de Verano de la UPV/EHU para abordar si las personas psicóticas pueden ser imputables y si son conscientes de sus actos. El experto asegura que una patología como la psicosis puede «cronificarse de forma que la persona enferma viva con total normalidad, creyendo que lo que le está sucediendo no es nada anormal». El profesor asevera que estas conductas, en la mayor parte de los casos empiezan a detectarse en la niñez y en la adolescencia. Subraya también que «una educación inadecuada puede llevar al chaval a comportamientos antisociales».

-¿De qué manera definiría la psicosis de una forma sencilla?

-La psicosis es lo que la gente conoce popularmente como locura. Hay muchos subtipos, como trastornos psicóticos breves, de esquizofrenia o trastorno delirante, por lo que no siempre la psicosis está relacionada con la violencia. Es un mito erróneo pensar que psicótico es igual a peligroso. Hay muchos pacientes que sufren esquizofrenia que tienen una conducta totalmente adaptada en su relación hacia los demás, sin tener ninguna conducta violenta. Uno de los debates que está sobre la mesa es saber si el psicótico debe ser imputado o no.

-¿Cuál es su opinión al respecto?

-Depende. No siempre un trastorno está relacionado con la imputabilidad, sino que deben ser los peritos los que decidan si en un caso determinado con una patología concreta esa persona puede ser imputable o no. Además, hay que tener en cuenta cuándo y cómo se producen esos hechos. También se pueden dar otras condiciones en el objeto como son la irritabilidad o si ha tomado drogas o alcohol. La suma de todos estos factores puede hacer que en el caso de psicótico haya imputabilidad y en otro no. Incluso tiene que ver si ocurre en una fase de delirio o si tiene manía persecutoria. Pero psicosis no es equivalente a imputable.

-¿Este tipo de patologías tienen cura?

-En la psicosis encontramos dos tipos de tratamiento. Uno es farmacológico y el otro psicológico. Para mí lo mejor es una combinación entre ambos.

-¿Puede haber psicóticos sin diagnosticar?

-Seguro. Cuando se habla de trastornos psicológicos siempre hay una parte que no está diagnosticada. Saber qué porcentaje de personas y qué prevalencia hay en un trastorno que no está determinado es la pescadilla que se muerde la cola. Puede que la esquizofrenia haya ido cronificándose y esa persona se haya adaptado a convivir con el trastorno. Algunos enfermos creen que la suya es la forma normal de actuar. A los depresivos les pasa, se creen que su manera de ser es la de una persona triste y abatida y se van adaptando.

-¿Hay demasiado estigma social hacia estas personas?

-Yo creo que se ha reducido, pero sigue existiendo un cierto rechazo. Los medios de comunicación son importantes en esta labor porque cumplen una misión didáctica. A veces, incluso las propias películas también la ejercen y ayudan a que la gente entienda qué es un psicótico.

-¿Cuándo aparecen los primeros síntomas de las conductas antisociales?

-Normalmente ocurre en la infancia o en la adolescencia. Es muy raro que alguien de adulto presente un trastorno de este tipo sin tener antecedentes. Muchas veces esta situación empieza por pautas educativas erróneas de los padres, el no tener ningún control sobre los chicos y la total ausencia de normas. Cuando se va gestando una conducta antisocial es difícil de diagnosticar porque para decidir qué conductas son antisociales, previamente hay que determinar cuáles son las socialmente adoptadas. Tenemos el ejemplo de insultar a un árbitro durante un partido. Para unos puede ser una conducta normal, mientras que para otros no. Pero bueno, en general, cuando se llega a un cuadro clínico es que ya hay una gravedad, el niño tiene conflictos en la escuela, con los amigos o en el hogar. Llega un momento, los padres ya no consiguen controlarlo. Entiendo la conducta antisocial como un continuo de formas de comportamiento.

-¿Las redes sociales aumentan las personalidades antisociales?

-Ha cambiado mucho el comportamiento de los niños. Hoy en día es más fácil acosar a un compañero porque gracias a la tecnología puedes hacerlo en la distancia. Antes el área física en el que se tenía que dar ese acoso era reducido. Por eso ha surgido el ciberbullying.

-¿Estos chavales pueden acabar siendo delincuentes?

-La conducta antisocial, cuanto antes se trate mejor, porque tiende a cronificarse. Es más, el niño con ese tipo de comportamientos va generando conductas que le dan poder. Por ejemplo, sus compañeros pueden no querer participar en un partido por miedo, lo que termina reforzando sus conductas. Pero al mismo tiempo, el niño no tiene amigos o los que tiene son como él. Su conducta se comienza a cronificar, el chaval vive en un ambiente de hostilidad hacia los demás, consigue lo que quiere porque intimida a los demás. Pero al mismo tiempo, se va acostumbrando a no tener amigos. Los niños con estas conductas terminan generando un transtorno muy ligado a una conducta delincuente.

-¿Una persona puede tener más de un trastorno de personalidad?

-Puede ocurrir que durante un periodo, incluso de manera permanente, una persona que tenga un trastorno de conducta padezca al mismo tiempo otra alteración. Incluso los jóvenes estudiantes de Psicología, cuando llegan a la facultad creen que los trastornos de estas características se dan en compartimentos estancos, es decir que tengo depresión o ansiedad o psicosis. Pero no es así. Lo que hay es un alto solapamiento entre distintas dolencias. Puede ocurrir que un niño que tiene una conducta antisocial tenga otro trastorno.

-¿Las pautas educacionales de los padres tiene mucho que ver en las conductas antisociales de los hijos?

-Sí. De hecho, hay programas dirigidos a modificar las conductas de los padres. En muchos de los casos, la causa de la conducta antisocial puede deberse por las propias pautas educacionales erróneas de los padres. Por ausencia de normas o de falta de control. Si el chaval no tiene normas como la puntualidad, comer a una hora determinada, hacer una tareas o ayudar en el hogar la situación se puede agravar. Pero además, si al mismo tiempo el niño va consiguiendo regalos sin tener que realizar ningún esfuerzo, como por ejemplo, comprarse unas zapatillas de moda, a cambio de nada, va aprendiendo que las cosas no valen nada y que no se necesitan unas normas. En realidad, un buen número de conductas antisociales son generadas en la propia familia.

-¿Estos chavales pueden convertirse en tiranos de sus padres?

-En la mayoría de los casos sí se habla de tiranía hacia los padres. Al año 5.000 familias denuncian a sus hijos porque no pueden controlarlos. Esto es mucho. Hace cuatro décadas estos datos no existían. Había normas, un tipo de educación diferente. El tópico que dice que se ha confundido la libertad con el libertinaje en este caso es verdad. El respeto hacia los mayores o hacia los padres que había antes con el que existe ahora no tiene nada que ver. Y eso viene de caer en el error de que yo soy el amigo de mi hijo. Como dice el famoso juez Calatayud, entonces ese hijo se ha quedado huérfano. De hecho, los padres son los responsables de su conducta hasta que sea mayor de edad.

-¿El alcohol puede incidir de manera negativa en las personalidades antisociales?

-Cada vez la edad de consumo de alcohol como de las drogas es más baja. Es preocupante porque cada vez tenemos más información, sabemos de qué manera interfiere en el desarrollo y en el crecimiento. La tasa de alcoholemia es más grave en un adolescente que en un adulto. Lógicamente, el alcohol es un depresor del sistema central nervioso, mucha gente cree que es un estimulante, pero no es así. Hace que las personas emitan conductas más extrovertidas, incontroladas, pero no son conscientes. Las ciudades también son caldo de cultivo porque no es lo mismo que un niño viva en una lugar donde hay un botellódromo o en una donde hay veinte polideportivos.

-¿La crisis ha aumentado este tipo de enfermedades?

-La verdad es que sí, y de hecho ha ascendido el número de suicidios. Es lógico. Si antes los padres estaban en el trabajo, y hay padres conflictivos que ahora están en casa, la probabilidad de que haya problemas es mayor. La pérdida de empleo genera irritabilidad y frustración, con lo cual, no es lo mismos unos padres que trabajen o no. Otro factor que ha incrementado este tipo de conducta antisociales es el aumento de los chavales que socialmente estaban estabilizados en su entorno y que han entrado ahora en bandas callejeras procedentes de otros países.