Esclavos en España

La mayoría se aprovecha de mujeres desesperadas que limpian gratis: «Muchos nos piden sexo». Pero también se explota en la hostelería y el campo

ZURIÑE ORTIZ DE LATIERRO

El anuncio dice así: "Busco personal voluntario para limpiar bosque, cultivar un huerto ecológico, etc... A cambio proporciono comida y alojamiento gratis. Tarragona". Llamamos.

¿Es una ONG?

No, no.

¿Entonces es un trabajo?

Tampoco. Esto es una finca grande y hay que limpiar el bosque. Tengo unas caravanas. Yo te dejo una y te doy comida a cambio de que nos ayudes a limpiar.

Sin sueldo.

Entiéndelo como un intercambio. Viene gente normal, no te preocupes. Yo selecciono, no quiero inmigrantes ni cosas raras. Cojo a gente joven, normal, personas que se quedan sin trabajo o que están de vacaciones y se pagan así el alojamiento. No es un trabajo. Te digo de entrada que no se cobra. Y yo, claro, no puedo exigir mucho.

Los hay que sí lo hacen, aunque las maneras sean suaves. Otra oferta de esta misma semana en la red: "Necesitamos chica seria. Somos una pareja joven y buscamos alguien que nos ayude con nuestro hijo de 1 año por la tarde y la noche. A cambio ofrecemos alojamiento con todas las comodidades. Ambiente familiar. Bizkaia".

¿No pagan?

No hay sueldo porque solo trabaja mi marido. Tú me ayudarías, yo te ayudaría. Necesito a alguien en casa para que el niño no esté solo si salgo yo por la tarde.

¿Domingos libres?

Podría ser. Los domingos nos podemos arreglar sin ayuda.

¿Lo del dinero es innegociable?

Así es. Hay gente que se molesta. Si no tienes ningún trabajo por la mañana, si no tienes ingresos, entiendo que te puede resultar difícil. Pero para mí también lo es. He entrevistado a varias chicas, pero no me decido. Meter a una desconocida en casa es complicado.

En esas condiciones, además de complicado, es denunciable y está penado por la ley, coinciden fiscales, inspectores de trabajo, sindicatos, las ONG y el propio Ministerio de Trabajo. Todos están preocupados por la proliferación en internet de "anuncios esclavos". Otra cosa es que los persigan y castiguen. Son ofertas de empleo a cambio de cama y un plato de comida que vulneran de arriba abajo la legislación laboral y los derechos básicos del trabajador. En el campo, el servicio doméstico, la hostelería... dirigidas no solo a sectores tradicionalmente marginales, sino también a personas de clase media, víctimas del paro y de los desahucios de sus viviendas.

No existe una alerta institucional coordinada para perseguir estos reclamos y poner cerco a una nueva forma de esclavitud solapada, muchas veces, por los buenos modales, como los de este hombre de negocios madrileño que demanda asistenta para su chalé.

Vivo con mi hija, de 20 años. Busco a alguien que trabaje por la zona, y que en las horas que tenga libres limpie, haga un poco de plancha... La cocina es lo que menos me preocupa, nos apañaríamos.

¿La casa es grande?

Relativamente grande, pero para el jardín ya tengo un chico.

¿Sueldo?

No puedo pagar por razones que no vienen al caso. Es un intercambio. Tendrías habitación con baño y ducha incluida. Gracias por tu interés.

Subempleo ha habido siempre, pero se está cayendo tan bajo que asusta. La semana pasada, la Policía Nacional desmantelaba en Galicia una red que secuestraba a indigentes, algunos ancianos, para trabajar en edificaciones ilegales. Luego los retenía en barracones bajo amenaza de muerte. Si levantaban la voz, les golpeaban, como en las galeras. Lo de estos anuncios no es tan tremendo, "pero "contratar" abusando del drama de la persona empleada es constitutivo de delito. No tenemos una instrucción para rastrearlos, pero desde luego son perseguibles", señala Álvaro García Ortiz, fiscal del "caso Prestige" y presidente de la Unión Progresista de Fiscales.

Seis años de prisión

El Código Penal, en su artículo 311, castiga con hasta seis años de prisión a quienes mediante engaño o abuso de situación de necesidad impongan a los trabajadores a su servicio condiciones laborales o de Seguridad Social que perjudiquen, supriman o restrinjan sus derechos. "Y en muchos de esos anuncios hay un abuso de necesidad. No hemos actuado porque las víctimas no lo denuncian, se sienten extremadamente vulnerables. Pero deberíamos intervenir de oficio la Inspección de Trabajo con la Policía. Hay delito y se debe perseguir. Debería haber una campaña contra todo esto", reclama Fermín Yébenes, portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo, que representa a casi la mitad de un colectivo de mil profesionales. "No me ha tocado ningún caso así de extremo, pero a una amiga le ofrecieron trabajar cuidando a dos niños por las tardes, bañarlos, darles la cena, acostarlos, 48 horas a la semana, por 350 euros. Eso está ocurriendo".

Para actuar hay que "conocer y saber", matiza Isabel San José, presidenta del Sindicato de Inspectores de Trabajo, el mayoritario. "No he conseguido dar con algún caso en el que hayamos intervenido, pero desde luego es un ámbito que ya hemos hablado que habría que desarrollar. Sacar a la luz a los trabajadores invisibles es crucial para nosotros y los esfuerzos, ímprobos".

La Inspección de Trabajo ha declarado la guerra a la economía sumergida: en los tres primeros trimestres del año pasado destapó 68.534 empleos ocultos, 225 cada día. Más pistas de la podredumbre que avanza con la crisis: los fiscales abrieron 46 diligencias por trata de seres humanos con fines de explotación laboral en 2013 ?último año publicado?, 39 personas fueron condenadas con sentencia firme por este delito, otras 854 por atentar contra los derechos de los trabajadores y 206 por ir contra los derechos de ciudadanos extranjeros.

Ahora aparece un nuevo enemigo escurridizo del que no hay estadísticas, "ni ningún estudio serio", denuncian CC OO y UGT. Los agentes sociales constatan, en cualquier caso, que los "anuncios esclavos" crecen al ritmo de la desesperación de gente que vive al borde del abismo. Un leve empujón, un solo desprecio más, y caerán al fondo. "Es una tipología muy compleja que estudiamos ahora. Estamos pendientes porque parece que está aumentado. Están jugando con que hay mucha gente en paro y se están aprovechando. La gente tiene que denunciar, no tragar, y saber que no está sola, que está respaldada y que las represalias se tomarán contra los supuestos empleadores", alienta un portavoz del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Pero es complicado que Bárbara denuncie nada: 40 años y una niña de 7, sin empleo, casa, ni pareja. Velaba a una anciana en un piso del centro de Murcia, pero la han llevado a una residencia. Con la espalda encorvada, como si cargase con un peso invisible, habla con una voz serena y pausada.

? Se me han acabado los ahorros y la habitación donde vivo con la niña me cuesta 250 euros al mes. He puesto un anuncio para limpiar a cambio de alojamiento para las dos. Pero llaman muchos hombres que quieren sexo. Me dan asco. Estoy sola, sin familia. Me ha llamado un chico peruano para que vaya a su piso. Yo limpio, él ni me toca, y nos deja vivir allá. Parece buena gente. Probaré.

Tampoco parece dispuesto a ir a la Inspección de Trabajo el hombre sin nombre pero con foto que se anuncia como un español sin trabajo. "Me vendría bien acompañar a alguien por la noche y hacer algún recado o gestión por el día, a cambio de alojamiento. Soy persona seria, de confianza, sano, sin vicios, buen trato, educado, buena presencia, un saludo, gracias". Debe tener cincuenta años, su camisa gris ajada, los zapatos sucios, cara mortificada.

¿Está dispuesto a trabajar sin cobrar un solo euro?

Si me dan alojamiento, sí. Llevo demasiado tiempo sin empleo. No veo otra salida.

Tomás, bilbaíno, funcionario jubilado del Gobierno vasco y separado desde hace dos años, se presenta como un hombre responsable, culto y educado, para colaborar o trabajar, a cambio de una cama.

He tenido dos llamadas. Una para llevar una casa rural en Navarra, sin sueldo. Están en las últimas y necesitan a alguien. Gente extraordinaria, pero con deudas. No me decidí. También me ha llamado una señora muy simpática de Estepona, con buen chalé y una madre a la que cuidar. Pero ella quería, además, un tipo de compañía que yo no se la puedo dar porque sigo queriendo a mi mujer.

Detectar el fraude en ese hotelito navarro o en las caravanas de Tarragona "es más fácil que entrar en una casa", se lamentan en el Ministerio de Empleo. Para UGT no es excusa: "Existen instrumentos para combatir este tipo de explotación laboral, que es esclavitud pura y dura. Pero falta una coordinación entre sindicatos, inspectores de trabajo y fiscales. Y que seamos eficaces. Todos somos responsables. Es curioso que desde el Gobierno no hayan desarrollado ya una campaña para controlar estos anuncios. También habría que dirigirse hacia esos portales, los emisores, otra pata del banco. Fallan muchas cosas en un problema lleno de oscurantismo", denuncia José Antonio Lucena, abogado laboralista del sindicato.

"Es un abuso miserable", clama Rubén Sánchez, portavoz de la asociación de consumidores Facua. "Estamos encima de ellos porque se está instalando la idea de que vale cualquier cosa para salir de la crisis, se están normalizando", alerta Julia Fernández Quintanilla, directora de la ONG Accem.

En una oferta de Granada piden cocineros y camareros. Tampoco hay sueldo y ponen bastantes pegas.

Lo siento, estoy probando a un chico. A usted no le interesaría.

¿Por qué?

Es un trabajo masculino, en el mundo del espectáculo, señora. Lo que no quiero para mi señora, no lo quiero para otra.

Tirón de orejas de Europa

Bruselas acaba de abroncar a España por el nivel de pobreza, el aumento de la desigualdad y la escasa eficacia de su política social. La Comisión Europea ha emitido un informe donde recoge que 740.500 hogares sobrevivían sin ingresos en el segundo trimestre de 2014, casi el doble que en 2008. Recuerda que la miseria se ha cebado con niños, jóvenes y familias monoparentales. Para Cáritas, "hay oferta de empleos impresentables porque hay demanda, van dirigidos a personas con un nivel de desprotección tremendo".

El Papa Francisco pedía acabar "con las nuevas formas de esclavitud" en el primer Ángelus del año, pero los escrúpulos no se llevan bien con la crisis. Beatriz, una joven de Ciudad Real, quiere probar suerte en Valencia, aunque no descarta mudarse a cualquier punto del país. Se ofrece de interna a cambio de nada. Ha ensayado varias fórmulas en los portales de internet "para que me dejen de llamar hombres. Quieren que limpie su casa, cocine, planche y que me acueste con ellos por comida y techo. He sido camarera, vigilante jurado, dependienta... No encuentro nada de eso. Creo que solo tengo una oportunidad en el servicio doméstico y sin cobrar, pero sin llegar a esos límites que me piden".

Isabel Gómez, madrileña, 35 años, dos en el paro, auxiliar administrativa, nutricionista. Creció en un orfanato con sus dos hermanos, pero las relaciones familiares "son frías". Está sola. Acaba de romper con su pareja. Ha caído en el fondo varias veces porque siempre hay más fondo de lo que uno piensa. Conmueve su optimismo: "Tengo un piso hipotecado y no encuentro nada de trabajo. Estuve a punto de perderlo y de suicidarme. Pero logré alquilarlo y empecé a vivir en casa de mi novio. Ahora se ha terminado y busco trabajo de interna. Me llamó un señor mayor que me ofrecía su casa y, cuando muriese, su dinero a cambio de que lo cuidara. Nada de sexo. Me decía que su condición era que yo fuera tranquila, que así tendría un futuro... Pero yo quiero libertad. Miro hacia adelante, no pienso mal".

Marcelo es italiano, electricista, jardinero... Otro desesperado: "Ahora estoy en Lérida, pero me muevo donde sea, donde me alojen a cambio de trabajo. Tengo 51 años y hago todo tipo de mantenimiento en las casas, incluidas las depuradoras de piscinas. Pido algo de comida, un techo y unos 300 euros al mes... aunque me podría apañar con 200".

Con tanto donde elegir se explican mejor las exigencias de algunos "contratadores", como este hombre de Barcelona que busca asistenta para algo parecido a un hotel, aunque él lo llama casa.

¿Está usted sola?

Sí.

¿Estaría dispuesta a limpiar?

Depende de cómo sea la casa.

Es muy grande, tiene 7 habitaciones. Por eso pagamos 200 euros al mes, además de darle habitación. Por la mañana puede ir a su trabajo, pero por la tarde tiene que limpiar la casa.

¿El sueldo no es negociable?

No, pero quizás tendría un plus de 70 euros por los fines de semana. Entre la noche del domingo y el lunes por la mañana tiene que limpiar sábanas, toallas, vajillas, manteles... Toda la casa de arriba abajo, porque la alquilamos para fiestas.

¿Qué tipo de fiestas?

No se preocupe. Fiestas familiares, bodas, comuniones... Del jardín se ocupa un chico que también vive allí, pero usted tendría un acceso independiente. Los 200 euros son innegociables. Venga un día y hablamos. Por cierto, es necesario que tenga coche.

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