Diario Vasco

El cole más duro

Estudian de ocho a diez horas diarias. Arriba, el San José.
Estudian de ocho a diez horas diarias. Arriba, el San José. / CARLOS MORET
  • El internado de Froilán pone de actualidad los colegios de verano para casos imposibles. «Son como la cárcel». Muchos otros famosos los sufrieron

Ya lo deja claro el director del colegio en su carta de presentación a padres y alumnos: «Ofrecemos una educación integral de inspiración cristiana y apoyada en los valores del Evangelio, la disciplina, el hábito de trabajo, la austeridad, la seriedad, el autocontrol, el orden, la limpieza, la obediencia, la amistad, la colaboración y la convivencia».

Virtudes que el díscolo Froilán, que el próximo día 17 cumplirá 16 añitos, podrá trabajar durante este mes en el internado al que le han apuntado sus padres, el elitista y estricto Colegio Episcopal Sagrada Familia de Sigüenza (Guadalajara). Allí, de paso, se preparará para recuperar en septiembre la pila de asignaturas que el nieto mayor de Don Juan Carlos y Doña Sofía se ha vuelto a dejar por el camino durante el curso.

Después de repetir 2º de ESO, este año se había matriculado en Diversificación Curricular, un programa especial donde los alumnos con más dificultades de aprendizaje refuerzan contenidos. El furgón de cola. Y, a pesar de todo, Froilán solo ha aprobado Educación Física e Inglés. Algo que suena tremendo en Zarzuela, donde los expedientes académicos que bajan del sobresaliente ya son considerados poco menos que indignos de palacio. Es cierto que Felipe VI hizo COU en un internado en Canadá, sí. Pero con algunas diferencias: allí adaptaron el plan de estudios al entonces príncipe heredero y el hoy monarca se trajo todo matrículas.

En la Casa Real «no hay comentarios al respecto», sentencia un portavoz. Lo que sí está claro es que el Sagrada Familia de Sigüenza, más conocido como "el Safa", parece la solución inmediata a todos los quebraderos de cabeza que está provocando Froilán en plena travesía por la edad del pavo.

El director es su tutor

Al menos así lo ha decidido doña Elena, que el pasado día 30 acompañaba a su hijo hasta la misma puerta de la Real Casa de Enseñanza y Misericordia, sede del colegio y conocida popularmente como "el Hospicio", uno de los edificios más emblemáticos de Sigüenza. La infanta no ha dejado un cabo suelto. En junio se informó "in situ" y en primera persona de todas las condiciones del exigente internado, uno de los más reclamados entre las familias adineradas de toda España cuando hay que enmendar la errática trayectoria de algún hijo levantisco.

El propio Jaime de Marichalar, padre de Froilán, pasó por la experiencia en Sigüenza «y también los hijos de ministros de Guinea, que coincidieron allí conmigo», recuerda Nacho Ruiz, director de la galería T20 y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona. «Mi hermano y yo éramos un desastre, habíamos suspendido todo y mi madre nos llevó por desesperación, consideró que era la mejor opción, pero no lo es. Además tuvo que empeñarse». No parece que vaya a pedir un crédito la infanta Elena para apoquinar los 1.540 euros que cuesta el mes, incluida la manutención y la lavandería.

Los alumnos, dentro ya del colegio, no necesitan más que obedecer, estudiar y, si acaso, hacer deporte. Las normas establecen que «no se debe tener dinero, objetos de valor, aparatos de música, teléfono móvil, etc...». Un auténtico drama para cualquier "teenager" como Froilán, para los que el "smartphone" es poco menos que la vida. No solo eso. «Los chicos frágiles lo pasan muy mal. La primera semana se organizan grupos y todos tienen miedo, así que los matones aplacan su temor haciéndose los duros y los débiles sirven de "punching ball". Esa constante se mantiene y, si eres débil, lo eres para todo el verano (o toda la vida). Es un poco como la mili o la cárcel», detalla Nacho Ruiz.

Froilán solo estará en el Safa hasta el próximo 31 de julio y cada semana pasará una evaluación para decidir si puede pasar el fin de semana en casa. Su tutor será el propio director del centro, Miguel Ángel García Tabernero, y parece que ya ha hecho «buenas migas» con cinco o seis alumnos. A diario, Froilán deberá tener «una serie de hábitos imprescindibles»: levantarse con puntualidad (a las ocho de la mañana hay que estar arriba como un clavo), respetar el descanso de los demás y guardar escrupuloso silencio nocturno (si se habla por las noches, el castigo son tres horas de pie en el pasillo), cuidar la forma de vestir, el aseo personal y el pelo (ni largo, ni al cero, ni teñido...), sin ningún tipo de pendiente o similares, ni tatuajes, con vocabulario y modales ejemplares.

Las advertencias para las alumnas son curiosas: «Podrán llevar un pendiente en cada oreja, un anillo en cada mano, una pulsera en cada brazo y una sola cadena en el cuello. Cualquier objeto que porten los alumnos que no sea de plata ni de oro». Incumplir alguna de estas normas está considerada una falta muy grave. Y eso supone la expulsión del internado.

La educación basada en la «austeridad, el espíritu de sacrificio y el servicio a los demás» que pregona el centro en su web, en el caso de Frolián va complementada con casi nueve horas de estudio intensivo, algún descanso para comer y cenar, un buen rato para hacer deporte, media hora nocturna para consultar el móvil (en otros internados, ni eso) y, a las once, todos a la cama.

Por si hubiera dudas, el colegio también deja muy claro en sus normas que no tolera ni un solo escarceo con las drogas, denominador común en todas las escuelas de este tipo: «Nunca se puede llevar o consumir tabaco y la posesión y/o consumo de alcohol o cualquier estupefaciente dentro o fuera del centro, constituye la baja inmediata del mismo». Aunque después allí «fuma porros hasta el gato y en los ratos libres son muchos los que van a los bares de la parte alta del pueblo, que ofrece todo lo que un crío de 15 años puede desear», puntualiza Ruiz. Pero el colegio aplica mucha mano dura. Ni un solo paño caliente.

Justo lo que parece hacerle falta a Froilán. Un Grande de España que ha pasado de ser un nene gracioso, que pegaba patadas a sus primos durante la última gran boda real, a un adolescente inquieto. Las auxiliares de la clínica en la que estuvo ingresado cuando se disparó accidentalmente el pie, hace un par de años, le tacharon de «despótico y caprichoso».

En el entorno de la familia creen que Froilán solo cumple a la perfección los peores parámetros de cualquier hijo de padres divorciados. Quien no pierde ripio con el mayor de sus nietos es Doña Sofía, que se encarga de abroncar en público a su ojito derecho si es preciso (el verano pasado, y después de un desplante del joven a la prensa que también le valió una colleja de su madre) o tomar directamente las mejores medidas para su educación. Fue ella quien recomendó por primera vez meter a Froilán en un internado. Fue en 2012 y entonces el nieto rebelde se pasó un año entero en el Reino Unido. Ni por esas.

34.000 euros el curso

Aunque fuentes de la Confederación Española de Centros de Enseñanza aseguran que el modelo de colegio interno «está perdiendo fuerza», la treintena de centros que funciona (y a pleno rendimiento) en nuestro país sigue siendo una de las principales opciones para los padres a la hora de "amenazar" al retoño de turno: ¿A que te mando a un internado? Lo que habría que estudiar es si verdaderamente dan resultado.

Si, además de ser el último recurso para jóvenes rebeldes, son el paradigma de la excelencia académica y la panacea para los malos estudiantes. La oferta es interminable. Uno de los más elitistas es el British Council School, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), cuya matrícula anual para los internos roza los 34.000 euros y que ha contado entre sus alumnos (en régimen abierto) con los hijos de Rajoy. También están el célebre Alfonso XII de El Escorial, en Madrid; el San Luis (Pravia, Asturias), fundado en 1894; el San Francisco Javier, en Santurce (Vizcaya), que ofrece entre sus actividades optativas jazz y tiro con arco...

No todos son de inspiración católica. Hay colegios severos por vocación, otros ofrecen instalaciones sofisticadas y refinados entretenimientos a alumnos diversos. Algunos tienen una mezla de ambas cosas. El denominador común es el poco tiempo libre que cabe en horarios perfectamente programados. O la condición de dejarse los cuernos de lunes a viernes delante de los libros para poder salir el fin de semana.

Para Nacho Ruiz, por ejemplo, meter a los hijos en un internado «es una pérdida de tiempo y dinero, una manera de quitarle un marrón a los padres. El alumno cambia cuando encuentra la motivación». En el San José de Campillos, en Málaga, presumen de ser uno de los más famosos de España, además de uno de los más eficientes corrigiendo trayectorias turbulentas. También entre las familias del colorín. Sin ir más lejos, por las aulas del "Campillos" (como se le conoce coloquialmente, y que tenía listas de espera de centenares de alumnos hace algunos años) han pasado críos que luego se han convertido en reputados profesionales. Desde el cantante y presentador Bertín Osborne (un pieza de cuidado en su época) al periodista Matías Prats, pasando por el mismísimo juez de menores Emilio Calatayud. Un buen espejo en el que mirarse el joven Froilán.