Réquiem por un chalet

Con el derribo de Villa Luna son ya una veintena las casas originales que han desaparecido de la ciudad-jardín de Ondarreta

Villa Luna ha sido el último chalet de Ondarreta en ser demolido. /
Villa Luna ha sido el último chalet de Ondarreta en ser demolido.
Borja Olaizola
BORJA OLAIZOLA

Villa Luna, un chalet de tres plantas que lindaba con el desaparecido restaurante Chomin, ha sido la última baja en la trama que conformaba el conjunto urbanístico original de la ciudad-jardín de Ondarreta. La vivienda fue derribada en un plisplás sin que las llamadas de atención realizadas por los defensores del patrimonio urbano hayan llegado a alcanzar eco alguno. La demolición de Villa Luna eleva ya a una veintena las viviendas que han desaparecido en los últimos años del entorno original de la ciudad-jardín, uno de los elementos más característicos del paisaje urbano donostiarra.

Villa Luna había sido proyectada en 1963 por Joaquín de Yrízar, que fue presidente del Colegio de Arquitectos y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A él se deben, entre otras muchas actuaciones, las restauraciones de la casa de Legazpi en Zumarraga, de la de Zumalacárregui en Ormaiztegi o de la de Oquendo en el barrio de Gros. El trabajo, explica Alberto Fernández D'Arlas, de la Asociación Áncora de defensa del patrimonio, respondió a un encargo que recibió de Isabel de Guillamás y Caro, una aristócrata que fue varias veces Grande de España y que tenía su residencia principal en el palacio de Villahermosa de Madrid, que es la sede actual del Museo Thyssen. «Era duquesa viuda de Villahermosa, de Granada de Ega y de Luna, título aristocrático del que deriva la denominación de la villa», explica Fernández D'Arlas, que recuerda además que también descendía de Juan de Echevarri Rober, un almirante donostiarra del siglo XVII.

Joaquín de Yrízar, presidente del Colegio de Arquitectos, fue quien proyectó el edificio en 1963.
Joaquín de Yrízar, presidente del Colegio de Arquitectos, fue quien proyectó el edificio en 1963.

La duquesa cambió en la década de los sesenta del siglo pasado la suntuosa residencia que tenía en Miraconcha por la más sencilla villa de Ondarreta, que en sus tres plantas reservaba amplios espacios para la servidumbre y también un oratorio. La vivienda ocupaba una parcela de 622 metros cuadrados. «Exteriormente -cuenta el representante de Áncora- evocaba el arquetipo del caserío vasco, con su cubierta simétrica a dos aguas. Era una villa que destacaba por la rotunda sencillez de sus volúmenes, ofreciendo una imagen muy acorde a la del colindante restaurante Chomin, destruido en 2016». Para Fernández D'Arlas, la pérdida «no estriba tanto en la singularidad o valor arquitectónico individual del edificio, sino en su innegable aportación a un contexto ambiental en el que venía a integrarse a la perfección».

Isabel de Guillamás y Caro, aristócrata, encargó el proyecto.
Isabel de Guillamás y Caro, aristócrata, encargó el proyecto.

Villa Luna perdió su condición residencial en 1984 y se transformó en sede de una empresa. La demolición confirma la amenaza que pende sobre el conjunto urbanístico de la ciudad-jardín de Ondarreta, que en los últimos años ha visto desaparecer muchas de las villas que conformaban su trama urbanística original. «El nuevo derribo agrava la rápida degradación de una zona que ha ido perdiendo autenticidad, coherencia y carácter a manos de la especulación inmobiliaria», ha denunciado Áncora, que estima que ya son una veintena las casas de Ondarreta que «han sido sustituidas por bloques modernos sin ningún interés cultural». La asociación advierte además que «está prevista la futura demolición de otras nueve viviendas», a la vez que insiste en la necesidad de que las instituciones declaren toda la trama de la ciudad jardín como conjunto protegido.

Imagen de Villa Luna, antes de ser demolida.
Imagen de Villa Luna, antes de ser demolida.

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