Se venda barandilla

ANA VOZMEDIANO

Era de esperar que el ansia por tener uno de los elementos más emblemáticos de San Sebastián, y esta vez el adejetivo no es una exageración, iba a tener el éxito. Parece que a poco tramo de verde que uno tenga, incluso en un balcón que pueda considerarse ya terraza, es imprescindible contar con un trozo de barandilla quedemuestre la donostiarridad de quienes viven en el lugar, igual que en esas casas en las que un ladrillo confiesa «aquí vive un hincha de la Real». Un conocido personaje de la vida de la ciudad comentaba el otro día sus ganas de tener una parte de esa barandilla, incluso dos, para colocarla en la casa familiar que tiene en una localidad navarra. En el empeño están todos los hermanos, para poder conseguir el preciado recuerdo que vende en algunas cuñas de radio el delegado municipal de Espacio Público, Alfonso Gurpegi. Es verdad que como vendedor el concejal no tiene mucho futuro, al menos a juzgar por estos anuncios, pero también que no hace falta demasiada palabrería para hacer que el reclamo funcione en un alma tan orgullosa como. Puede que los franceses que visitan la ciudad estos días se asombren del éxito de la iniciativa si llegan a conocerla, que no entiendan ese afán por guardar todo lo que suene a recuerdo. Es probable también que duden de si alguna vez salió el sol en San Sebastián, se maldigan por haberse dejado las botas en casa o corran a la búsqueda de algun chubasquero a buen precio porque lo del plástico para evitar la lluvia ya no es suficiente en esta primavera que nos engaña.

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