Vecinos que se ayudan entre ellos

José Mari Alkorta y Maite Berzosa, en las instalaciones de Gureak donde se preparan las comidas que después reparten entre los más desfavorecidos./FOTOS: LOBO ALTUNA
José Mari Alkorta y Maite Berzosa, en las instalaciones de Gureak donde se preparan las comidas que después reparten entre los más desfavorecidos. / FOTOS: LOBO ALTUNA

Ambos acercan los servicios sociales gracias a su labor comunitaria con el programa Otordu, en el que colaboran Gureak, Fundación Zorroaga y Ayuntamiento José Mari y Maite reparten comidas en Intxaurrondo a quienes más lo necesitan

DANI SORIAZUSAN SEBASTIÁN.

«Repartimos comida, sí. Pero también servimos de paño de lágrimas para muchos que lo necesitan». Maite Berzosa define a la perfección cuál es la tarea solidaria que tanto ella como su compañero, José Mari Alkorta, llevan a cabo en Intxaurrondo. Son voluntarios del programa Otordu, una iniciativa que surgió desde Fundación Zorroaga y que, sumando esfuerzos con Gureak y el Ayuntamiento, permite desde 2014 el reparto de comida a personas que lo necesitan.

Es un trabajo de labor comunitaria, de ayuda entre conciudadanos. Todos los lunes y jueves, Maite y José Mari entregan 26 comidas para toda la semana a diferentes personas que han sido seleccionadas previamente por los servicios sociales de base, en función de las necesidades que tengan. A este servicio acuden hombres y mujeres con diferentes problemas, desde adicciones, situaciones de pobreza o depresión.

Es un trabajo pequeño, casi invisible, pero cuyo efecto en los beneficiarios es enorme. «Nosotros estamos estos dos días, de 11.30 hasta 13.00 horas, aproximadamente. La gente viene a recoger comida. Pero además de eso te cuentan sus problemas, se desahogan... Y nosotros hacemos que se sientan escuchados. Porque igual somos las únicas personas con las que van a hablar ese día», explica Maite.

«Hacemos que los usuarios se sientan escuchados, somos su paño de lágrimas»

El programa se inició en 2014 en el paseo de Mons, Intxaurrondo, barrio donde el Ayuntamiento pudo ofrecer un local para poder desempeñar esta labor. Fundación Zorroaga aporta desde entonces anualmente 36.000 euros para poder ofrecer este servicio. Gureak es quien elabora, empaqueta y distribuye las comidas. Y luego, Maite y José Mari son los encargados de su reparto.

«Es decir, todo el trato directo recae sobre estos voluntarios, lo que permite un mayor grado de afinidad, si cabe, con sus vecinos que son quienes aprovechan el servicio», destaca la concejala de Servicios Sociales, Aitziber San Román. La edil jeltzale destaca además que hay muy buena colaboración con los centros de servicios sociales del barrio y el ambulatorio. «De hecho, algunos de los casos de este programa los detectan desde el centro de salud», apunta.

El programa Otordu también sirve para que los servicios sociales puedan contactar o tener un acercamiento con estas personas y así poder garantizar que estén atendidos. «Es un servicio que ha mejorado la alimentación de las personas usuarias, con dietas equilibradas, pero también ha dado la oportunidad de poder hacer un seguimiento de las propias personas, de los integrantes de las familias y, en ocasiones, nos ha servido para detectar situaciones de otras personas con las que convivían», añade la edil.

Un paso más

Los agentes implicados en este programa, además de valorarlo positivamente, coinciden en una cosa: «es todo un acierto involucrar a la sociedad en los problemas de la comunidad». Entre otros motivos «porque no podemos llegar a todo si no optamos por fórmulas relacionadas con la ayuda comunitaria», señala San Román.

«Hay casos detectados en el ambulatorio, hay una gran colaboración», señala San Román (PNV)

Por todo ello, los servicios sociales donostiarras quieren dar un paso más y ampliar el programa. «Queremos que se integre dentro de la unidad de servicios sociales y que, además de los voluntarios, haya un apoyo profesional. Que la atención de psicólogos, educadores y ayuda domiciliaria pueda estar integrado», explica Tere Barrenetxea, directora del departamento de Servicios Sociales del Ayuntamiento. El nuevo servicio pasaría a llamarse 'Bolotordu', palabra que surge de la unión de las palabras en euskera Bolondresak (voluntarios) y Otordu (comida).

De momento es sólo un proyecto que necesita ser analizado antes de ponerlo en marcha. Pero están convencidos de que es una herramienta muy buena. En cuanto a la posibilidad de ampliarlo a otras zonas o incrementar el número de comidas, apunta que es algo que también está en análisis.

La comida que Maite y José Mari reparten es elaborada por los servicios de alimentación de Gureak. Hace un año abrieron sus nuevas instalaciones en Hernani, quintuplicando el espacio que tenían en su anterior sede de Errenteria. En la actualidad se encargan de preparar 2.500 comidas al día, que reparten en comedores sociales, empresas, ayuntamientos y centros hosteleros de todo el territorio. Tienen a 113 personas trabajando en total en el área de alimentación y salud.

Los platos están preparados por cocineros con y sin discapacidad que ponen todo su saber hacer para que, en el caso del programa Otordu, puedan ayudar a otros que también lo necesitan.

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