Un vecino de Bilbao frena a un hombre que esgrimía un cuchillo en pleno paseo de La Concha

«Oí que la gente gritaba y que había niños por la zona, así que me acerqué a él y le estuve entreteniendo hasta que llegó la Policía», resume

SOLANGE VÁZQUEZ

Lo que iba a ser un tranquilo domingo visitando San Sebastián, mirando al mar y disfrutando con la familia, se torció ayer de repente cuando A. G., vecino de Bilbao, oyó que los transeúntes que estaban a la altura del tiovivo, gritaban aterrorizados: «¡Tiene un cuchillo! ¡Un cuchillo!». Aunque, en ese momento la lógica más inmediata invita a cualquier ser humano a correr, sobre todo, si está acompañado de menores, como era el caso, este bilbaíno, de 40 años, decidió acercarse al individuo que estaba generando el revuelo. Efectivamente, era un hombre que llevaba un cuchillo en la mano y que increpaba a los peatones con una actitud muy agresiva. «Oí que la gente gritaba y que había niños por la zona, así que me aproximé a él y le estuve entreteniendo hasta que llegó la Policía».

Al acercarse al hombre del cuchillo, A. G. se percató de que sus facultades mentales estaban alteradas, «no sé si por alguna enfermedad o por alcohol, ni idea». Aun así, consiguió entablar una conversación con él «para distraerle» (tal y como puede verse en el vídeo) y evitar que siguiese fijándose y asustando a las personas que iban por el concurrido paseo. «Se tranquilizó bastante. Hasta guardó el cuchillo en un bolsillo trasero, pero lo sacaba y lo metía... y se ponía nervioso a ratos - relata-. Entonces, empecé a camelarle, a preguntarle de qué país era, me dijo que era egipcio. Y yo le comentaba cosas del monte Igeldo, diciéndole que quería ir a verlo, le decía que mirase la playa... mi objetivo era que se centrase en el mar, no en la gente».

Según indica A. G, la Policía tardó «unos cinco minutos en llegar». «Esto ocurrió sobre las 15.40 horas. Fue poco tiempo. Luego ya se hicieron ellos cargo, me dieron las gracias. No pasé miedo, algunos pensaban que era un yihadista o un ladrón... pero enseguida percibí que era otra cosa. No soy Superman, pero no pasé miedo», asegura. Sin embargo, su familia no puede decir lo mismo. Mientras él charlaba con el hombre armado, estaban cerca, viendo la escena. A ellos esos minutos sí que se les hicieron eternos. Sobre todo a su pareja. «Casi me pone las maletas en la calle», bromea.

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