El vaciado del embalse de Artikutza incluye la tala de 1.614 ejemplares de roble americano

El embalse de Enobieta, en la finca de Artikutza, contenía 1,6 millones de metros cúbicos de agua al inicio de la operación de vaciado.
El embalse de Enobieta, en la finca de Artikutza, contenía 1,6 millones de metros cúbicos de agua al inicio de la operación de vaciado.

Fueron plantados para su explotación en los 40 y serán sustituidos por especies autóctonas

JORGE F. MENDIOLA SAN SEBASTIÁN.

Las obras en marcha en la finca de Artikutza conllevarán en los próximos meses el apeo de 1.614 pies de roble americano localizados en el entorno del embalse de Enobieta, en proceso de vaciado desde el pasado marzo. Según explica el concejal de Medio Ambiente, Miguel Ángel Díez, la actuación forma parte del proyecto de transformación de este espacio natural y afecta a árboles de repoblación que se plantaron para explotación a partir de los años 40 del siglo pasado hasta la década de los 60. Serán sustituidos por especies autóctonas, de mayor valor ecológico.

La Junta de Gobierno Local prevé aprobar hoy los pliegos de la subasta pública de la madera que se obtenga de la tala, que según el dictamen se calcula en 2.858 metros cúbicos. El diámetro medio de los troncos es de 43,62 centímetros. Tras quedar desierto el primer concurso, ahora se rebaja el precio de salida de 60.000 a 50.000 euros más IVA con el objetivo de atraer a empresas interesadas en pujar.

El vaciado del embalse de Enobieta es la última intervención pendiente para dejar Artikutza libre de obstáculos fluviales. Desde 2014 se han suprimido un total de diez azudes que constituían barreras infranqueables para los peces y otros organismos y modificaban la dinámica de sedimentos, reteniendo los finos aguas arriba y alterando las condiciones de anchura y profundidad en tramos que pueden llegar a más de un centenar de metros.

Entre los seres vivos ligados al agua y que podían estar afectados negativamente por estas infraestructuras destacan algunos peces como la anguila y el salmón. Además, es vital proteger al desmán de los Pirineos, la especie estrella de la finca, en peligro de extinción.

Fueron las principales razones para eliminar esas pequeñas presas que ya no servían para nada salvo para mostrar la mano del hombre en este entorno natural. El objetivo del Ayuntamiento con estas actuaciones previas -y con el vaciado controlado del embalse- es preservar el estado del ecosistema y los seres vivos con la mejora del sistema hídrico y el hábitat de las especies.

Construida entre los años 1947 y 1953 para asegurar el abastecimiento de agua al municipio, la presa de Enobieta tuvo una vida útil corta y necesitaba de una intervención urgente. En desuso desde 1992, sufre problemas de seguridad que han obligado al Ayuntamiento a actuar, tal y como le había advertido en más de una ocasión la Confederación Hidrográfica del Cantábrico.

El consistorio analizó las alternativas y concluyó que lo más aconsejable era proceder a la apertura controlada de la presa y al vaciado progresivo del embalse. En el otro lado de la balanza estaba la opción de rehabilitar y arreglar esta instalación y volver a ponerla en marcha, algo que fue descartado por su elevado coste (unos 1,8 millones) y por la falta de actividad práctica de la presa.

El proceso de vaciado será lento y durará meses. Antes de iniciar la operación, el Ayuntamiento encargó tres estudios sobre su impacto hidrológico y ecológico, que consideraron viable la inhabilitación del embalse. Otro informe de 2015 constataba asimismo que la apertura de la presa no tendría consecuencias ni sobre el caudal del Añarbe ni sobre el del Urumea.

El proyecto ha sido comunicado al resto de instituciones con competencias en el ámbito -Confederación Hidrográfica del Cantábrico, Aguas del Añarbe, Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Goizueta- y cuando el embalse se vacíe por completo se abrirá un boquete en la pared de la presa para restablecer la conectividad fluvial y permitir el paso de los peces.

Con una superficie de 3.645 hectáreas, Artikutza fue comprada por el Ayuntamiento hace casi un siglo en el término municipal de Goizueta y destaca por su riqueza medioambiental y cuenta con hayedos y robledales, así como otras especies introducidas como el pino silvestre o el propio roble americano.

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