Tres fiestas para cerrar un año «de rabietas y cavilaciones»

En el hotel Príncipe de Saboya se celebró a lo grande la llegada de 1948./KUTXATEKA
En el hotel Príncipe de Saboya se celebró a lo grande la llegada de 1948. / KUTXATEKA

En 1947 en La Perla, el salón Victoria y el hotel Príncipe de Saboya prometían «grandiosas despedidas de año»

MIKEL G. GURPEGUI

En vísperas de la Nochevieja que empezará en 2017 y terminará en 2018, en la calle de la Memoria entornamos los ojos y nos trasladamos setenta años atrás, intentando acercarnos a aquel cambio de año siguiendo lo publicado entonces en nuestro DV.

Además de las celebraciones familiares, ¿había cotillones para recibir 1948? Pues sí, aunque no usasen la palabra cotillón en la edición del 30-XII-1947 se anunciaban tres fiestas de fin de año. En el Hotel Príncipe de Saboya, que se situaba en el paseo de Ramón María Lilí, prometían el «grandioso festival de las uvas y el champán de cava extra Goma, amenizado por Juanito Heredero y su gran orquesta». (No tenían el problema de diferenciar el champán del cava).

También prometían una «grandiosa despedida al año» en el Salón Victoria, amenizada por la orquesta Palermo. En el anuncio añadían dos detalles interesantes: «Magnífico servicio de bar. Obsequio de las clásicas uvas». Pero el cotillón con más tirón parecía ser el de La Perla, entonces denominada «Casino de la Playa - La Perla del Océano»: «Mañana, desde las 11 de la noche hasta la madrugada, gran festival de baile como despedida del año con asistencia de Conchita Panadés y su compañía». Entonces popular, la Panadés encabezaba una compañía de operetas y zarzuelas que actuaba entonces en el Principal. ¿Recibiría el año en la Perla cantando algún fragmento de zarzuela?

Las penurias de la postguerra aún apretaban y un comentario de 'Sirimiri' despedía el año el 31-XII-1947 con un balance más bien sombrío: «'Urte-zar'. Acaba hoy el año. ¿Malo? ¿Bueno? ¿Peor? ¿Mejor? Cada cual hablará de él según le haya ido. Para ciertos estraperlistas en gordo, enriquecidos de un año a otro, ha sido 'negosio erredondo'. Allá ellos. Para la mayoría, un año de muchos equilibrios con déficit final. Para las echecoandres, año de rabietas y cavilaciones. Para los maridos de las echecoandres, el caos. Para la luz, '¡apagao!'. Para los tranvías, un año de ir tirando. Para los ascensores, de reposo. Para los inquilinos, de gimnasia. Para el estadio, la puntilla. Para el acueducto de Iztueta, un añito cuesta arriba. Para las viviendas protegidas y sin proteger, otro año de espera; ¡y si no fuera más que este año! Y para ustedes y el sirimirista, un año más y un año menos».

Ya el 2 de enero de 1948, Txiribisko añadía otro debe al balance: «Se ha terminado el otoño y hasta todo el 1947 sin que se hayan puesto en circulación, como se prometió solemnemente, los trolebuses».

El redactor de 'Sirimiri' estaba filósofo: «Estrenamos año aunque no lo parezca. A cierta edad viene a ser lo mismo que estrenar corbata». Eso sí, reflejaba algo del ambiente de Nochevieja: «Alegría nocturna no faltó, ni en las casas -cuyos patios eran cajas de resonancia- ni en las calles. Sin duda, las doce uvas comidas con excesiva prisa para que cada grano entre con cada campanada, se les atragantaron a algunos. Luego, para desatascar, trago y más trago. El balance, es natural, tuvo su... balanceo y con música, o, al menos, con solos y coros».

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