«No es ostentación, hemos querido agasajarlo»

«No es ostentación, hemos querido agasajarlo»

El rey emérito, acompañado de la infanta Elena y de sus nietos, visitó ayer las bodegas del restaurante Rekondo

PABLO GUILLENEA

El rey emérito don Juan Carlos I ya mostró especial querencia por los restaurantes y cultura vascos durante su gira gastronómica empezada al abdicar el trono. Durante esta visitó los restaurantes donostiarras Arzak y Akelarre, pero también pasó, entre otros, por El Celler de Can Roca o el Echaurren de Ezcaray. Y ayer, durante su visita al territorio, no dejó pasar la oportunidad de acercarse a la distinguida bodega del restaurante donostiarra Rekondo, situado en Igeldo. Rodeado de amigos, entre ellos los hermanos Oscar y Pablo Chopera, y familia -la infanta Elena y sus dos hijos, Froilán y Victoria-, el anterior jefe de Estado disfrutó además de un menú compuesto por platos tradicionales.

En el comedor principal, lleno de «clientes fieles, de toda la vida, y en un ambiente respetuoso», cuenta Lourdes Rekondo, «con mucha cordialidad por parte de don Juan Carlos, que no exigió ningún trato especial pese al lleno del restaurante por el día de la Virgen», la comitiva y el ex jefe de Estado disfrutaron de platos variados que fueron desde el tomate y ensalada de la huerta junto a un carpaccio de carabineros con vinagreta de pistachos y guacamole como entrantes; txangurro al horno, chipirones en su tinta y lomos de merluza en salsa verde y chuleta de buey para cerrar el menú castizo.

Pero pese a lo completo de la carta, posiblemente el atractivo principal y motivo de la elección fuera la bodega del restaurante, avalada por numerosos premios, nacionales e internacionales, y que recoge entre sus paredes miles de botellas del mejor vino.

«Sabíamos que el rey gusta del buen vino», cuenta Lourdes, hija de Txomin Redondo, que en 1964 decidió abrir la bodega. «Para mi padre ha sido un momento muy especial, recibir al rey después de tantos años supone un reconocimiento al trabajo realizado». Así, la sobremesa se trasladó a la bodega, donde Txomin aprovechó la especial visita para lucir sus mejores vinos.

Como plato fuerte, un Marqués de Riscal del 38, año de nacimiento del don Juan Carlos, al que se sumó un Viña Real del 64, cosecha muy especial en las viñas de la Rioja. Por su especial relación, además, con las bodegas de los hermanos Muga -gracias a ellos comenzó Txomin su larga afición por los vinos-, quiso también abrir una botella de Prado Enea de 1969. «No es que buscáramos hacer ostentación», explica Lourdes, «pero la visita de una personalidad como la de don Juan Carlos, que valora y comparte nuestra afición, siempre es especial. Hemos querido que se sintiera agasajado».

Sumados a estos, dos vinos franceses y un Imperial Magnum del 2009 completaron una cata de vinos redonda y representativa de lo mejor de la oferta de vinos nacionales de la bodega. «Tanto mi padre como el rey emérito han disfrutado mucho» cuenta Lourdes, «también el resto de comensales». «Hemos llenado el comedor principal con clientes de confianza, de los que vienen todos los domingos, para recompensarlos de alguna forma por su fidelidad».

Así, y pese a la diferente oferta de espacios -un reservado, comedor en la bodega, comedor pequeño y terraza- del Rekondo, don Juan Carlos quiso disfrutar de comida y vinos rodeado de gente y en conversación afable antes de marchar a la última corrida de toros de esta Semana Grande.

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