Ane Gabarain: «Me alucina la cantidad de expertos en los fuegos que hay en esta ciudad»

Gabarain, en La Farándula, donde ha vivido la experiencia del microteatro. /UNANUE
Gabarain, en La Farándula, donde ha vivido la experiencia del microteatro. / UNANUE

La actriz va a vivir esta Semana Grande desde el escenario del Principal sucediendo a Arturo Fernández y Silvia Marsó

MIKEL G-GURPEGI

Hemos disfrutado de su chispa y oficio en infinidad de obras de teatro, series de televisión y películas, aunque ahora para muchos sólo sea la Maritxu de ‘Allí abajo’. Ane Gabarain, que como buena donostiarra se reconoce poco fiestera, va a vivir esta semana desde el escenario del Principal, sucediendo a Arturo Fernández y Silvia Marsó.

– Esta Semana Grande trabaja.

– Y es el segundo año. El año pasado también me tocó estrenar y trabajar en Semana Grande. Entonces fue ‘Bi izarren kalenturak’ con Iñake Irastorza, también en el Principal. Y además el pasado verano estuve con ‘El sueño de una noche de verano’ en Cristina-Enea, de la que guardo muy buen recuerdo. Aquello fue irrepetible... a menos que se meta muchísimo dinero.

– Qué intensidad. Y encima participó en el cañonazo con el equipo de ‘Allí abajo’. Es un comienzo de fiestas peculiar, ¿no?

– Sí, porque no es chupinazo, ni hay pregón. Es el cañonazo y luego, a cantar el ‘Artillero’. La verdad es que estuvimos muy a gusto, nos trataron muy bien y lo pasamos fenomenal.

– Este año también anda ocupada. Tras la tercera temporada de ‘Allí abajo’, acaba de representar una pieza de microteatro en La Farándula y prepara el estreno de una comedia el viernes en el Principal. Da la sensación de que está en todo.

– Ya, qué pesada... (risas). Esto va por rachas y cuando te vienen las cosas hay que aprovecharlas. Yo la verdad es que a pocas cosas digo que no. Somos actores de base, currantes, que lo mismo hacemos teatro de calle que salimos en la tele si nos llaman. Yo soy de la generación de las compañías, de colectivos en los que todos hacíamos de todo. Así se adquiere mucho oficio y aprendes a valorar el trabajo arduo que hacen todos los gremios.

– Después de haber hecho decenas de personajes, que toda España le conozca como Maritxu, ¿le descoloca?

– El otro día estuve en Mendabia en un pregón y todo el mundo me venía llamándome «¡Maritxu, Maritxu!». Hombre, hubiese sido más raro que me viniesen con «¡Medea, Medea!» (risas). En general, la gente es majísima y estoy encantada. En Donosti estoy más vista que el tebeo y nadie me dice nada. Pero de repente viene gente de fuera, te ve y les parece que Maritxu está en el ‘pack turístico’ (risas).

– ¿Ycon ‘Allí abajo’ nos reímos de lo mismo vascos y andaluces o no?

– Es curioso, porque aquí igual nos hace más gracia el andaluz y en Andalucía se ríen más con los personajes vascos. Estamos muy contentos y pasarme seis meses entre Sevilla y Donosti es un lujo. A ver qué pasa en la cuarta temporada...

– Aún no ha descansado de la sesiones del microteatro ‘Las dos hermanas’ en La Farándula.

– Ni mi compañera Maribel Salas ni yo habíamos probado esta experiencia. Nos animó Oscar Terol y muy bien. Al principio, con un poco de susto por tener al público tan encima. Es como trabajar con un primer plano constante. Para un actor es una experiencia muy interesante. Y para el público, un buen plan.

– Antes en Semana Grande venían los comediantes españoles más famosos y ahora hay teatro en euskera. Eso sí que es un cambio.

– Es una apuesta de Donostia Kultura y parece que está funcionando. El teatro comercial, entre comillas, en euskera, también tiene su público y está bien darle su espacio. Aunque Arturo Fernández venga antes y más días.

– Al público que va al teatro en fiestas, ¿le notan distinto?

– Igual viene más festivo, con ganas de pasarlo bien. Además, lo vamos a hacer, del viernes al domingo en el teatro Principal, a las 8 y le da tiempo a todo, a llegar a los fuegos después. Producido por Txalo, ‘Etxeko saltsak’ es un vodevil muy ‘british’ sobre la hipocresía, una comedia ligera para el verano.

– Al margen de que le toque trabajar, ¿cómo es su relación con la Aste Nagusia?¿La disfruta o la sufre?

– De pequeña la esperaba y me encantaba. Luego me he ido desinflando. La verdad es que no soy muy fiestera. Si me pillan los fuegos artificiales, los veo y los difruto. Eso sí, me alucina la cantidad de gente experta en los fuegos artificiales que hay en esta ciudad, que habla con vehemencia. A mí el año pasado me hicieron una entrevista tras la retransmisión de los fuegos en ETBy no sabía qué opinar. Sólo tengo claro que me gusta que la traca final sea potente.

– ¿Pro o antitaurina?

– No soy nada radical. Yo no asisto, pero si me invitan un día, voy. Creo que las corridas de toros naturalmente tenderán a desaparecer, pero mejor no forzarlo.

– ¿Quizás los donostiarras no sentimos la Semana Grande como fiestas sino como otra cosa?

– Sí. Esa cosa de entrega y de sentimiento está más en el día de San Sebastián, sin duda. Ahí ya se puede llorar incluso (risas). En general, somos más contenidos que apasionados.

– ¿No estaremos aquejados de ‘donostiarrasis lúgubre’, como bromeaban en una actividad del 2016?

– Ah, sí. Puede ser que no seamos muy de jolgorio. Esta ciudad no es arrabalera, para bien y para mal. Pero también sabemos reírnos.

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