Quién es quién en un festejo taurino

Ayer por la mañana se procedió al pesaje y encorralamiento de los toros que se lidiarán en la Feria de Semana Grande.
Ayer por la mañana se procedió al pesaje y encorralamiento de los toros que se lidiarán en la Feria de Semana Grande. / USOZ

La complicada labor de 'atarse los machos' y otras liturgias de los diestros antes de la corrida. El toreo está rodeado de códigos y ceremonias que deben seguirse a rajatabla y cuyo origen no siempre es conocido por el gran público

MANUEL HARINA SAN SEBASTIÁN.

Si seguimos detenidamente la lidia de un toro en cualquier corrida, observamos que además de los matadores, banderilleros y picadores, intervienen otra serie de personas con cometidos muy concretos: los alguacilillos, los monosabios, los mulilleros, los areneros, el torilero, el encargado de las banderillas...

Al sacar el presidente el pañuelo para comenzar el festejo, se abre el portón y acceden al ruedo a caballo los dos alguacilillos. Vestidos de negro, al estilo del siglo de oro, con penacho de plumas, se dirigen despacio a saludar a la presidencia, para a continuación volver sobre su grupa y bordeando la barrera realizar el despeje de la plaza. Salvo en alguna ocasión puntual, como en corridas goyescas, este hecho es puramente simbólico. Cuando las corridas se celebraban en las plazas mayores de las ciudades, el público debía ser desalojado o el ruedo debía ser despejado, como se quiera entender, y esa era la labor de los alguaciles o alguacilillos. Su función en el festejo es encabezar el paseíllo, recoger y entregar la llave del toril, trasmitir a las cuadrillas las órdenes del presidente o del delegado y entregar los trofeos. Las llaves se las han entregado al torilero. Este pisa el ruedo antes de la salida de cada toro para comprobar que no queda nadie en el ruedo, solicitar con la mirada o con la mano el permiso del espada actuante y abrir el toril.

Con los picadores saltan al ruedo dos o tres 'monosabios'; como curiosidad, el nombre proviene de unos monos anunciados como sabios en un espectáculo de circo celebrado en Madrid allá por 1850, que llevaban un uniforme igual al de los mozos de los caballos de picar. De ahí el público comenzó a llamar 'monosabios' a estos auxiliadores del picador, que le ayudan a montarse, están pendientes del caballo durante la suerte de varas y son los únicos autorizados, aparte de las cuadrillas, para pisar la arena durante la lidia.

Cuando tocan a banderillas uno o dos empleados distribuyen los pares a los peones de cada cuadrilla. En algunas plazas les denominan «chulos de banderillas». Para arrastrar al toro se utilizan tiros de mulillas o caballos, guiadas por los correspondientes mulilleros, que todavía en algunas plazas hacen restallar el látigo en el aire. Finalmente los areneros alisan la arena y están atentos a las indicaciones de los banderilleros para no dejar ningún agujero o desnivel.

El traje de luces o vestido de torear que dirían los puristas, ¿pesa mucho? ¿Es incómodo? Su peso oscila entre los cuatro y cinco kilos, según sea de bordados más ligeros o más recargados. Está compuesto por tres piezas: taleguilla, chaleco y chaquetilla y es muy complicado de vestir y ajustar. Uno de los momentos más íntimos y a veces hasta sobrecogedores es cuando el mozo de espadas, en la soledad de la habitación del hotel, viste al torero. Primeramente le coloca unos 'pantys' que le llegan hasta más arriba de la cintura, las medias de seda, rosas, por encima de las rodillas y bien sujetas. Como con calzador, el torero introduce las piernas en las perneras de la taleguilla y muchas veces el mozo tiene que levantarlo cogiendo la taleguilla por la cintura, para que quede completamente ajustada. A continuación el matador se cala la montera para que le coloquen justo debajo el añadido, es decir, la falsa coleta que recrea la tradición de que el torero usaba coleta y se la cortaba el día de su retirada.

Y toca, 'atarse los machos', o lo que es lo mismo, ajustar la taleguilla con unos cordoncillos acabados en dos borlas, los machos, justo debajo de la rodilla y abrochar los botones. No es fácil, es un trabajo laborioso por lo ceñido. La labor de abrochar la realizan los mozos de estoques normalmente con una especie de gancho especial ya que es imposible hacerlo a mano. Luego la camisa blanca, los tirantes de cuero, el corbatín y la faja. Como calzado los toreros llevan unas zapatillas negras con lazo, llamadas también 'toreras', que pueden tener diferentes tipos de suelas, incluso con tacos planos para agarrarse mejor al piso de la plaza.

Llega el momento de colocarse el chaleco, del mismo color y bordado. Algunas veces, dado que el matador puede elegir no llevar un traje bordado en oro, sino en plata o cordoncillo negro, el chaleco suele llevarlo del mismo color del traje pero bordado en oro. Finalmente el ritual del vestido finaliza con la colocación de la chaquetilla. Ésta es completamente rígida, abierta en las axilas para facilitar los movimientos del torero y va completamente bordada por detrás y con una serie de adornos más ligeros por delante. Lleva dos hombreras muy sobrecargadas de bordado de las que cuelgan delante y detrás de cada una los correspondientes machos.

Ya sólo resta el complemento del capote de paseo, que se lleva doblado en el brazo, hasta el momento de 'liarlo', es decir, colocárselo en torno al brazo y costado izquierdo. Es de seda y puede ir adornado con bandas de oro, plata o cordoncillo o bordado con motivos florales e incluso puede llevar una imagen religiosa en el centro. Es tradicional que en la plaza de Azpeitia, uno de los matadores actuantes cada tarde utilice un capote de paseo verde con la imagen bordada de San Ignacio de Loiola. Este capote es propiedad de la comisión taurina, que lo ofrece en cada corrida a uno de los espadas.

Los picadores

Mención aparte supone el traje de los picadores, que combina el traje de luces con una especie de armadura que les cubre las piernas. La camisa, la corbata y la faja es similar a la de los hombres de a pie. La chaquetilla va completamente bordada por delante y por detrás. Los picadores pueden llevar el bordado en oro, privilegio de tiempos pasados, en plata o cordoncillo. Curiosamente la hombrera derecha no lleva colgado un macho delante, ya que se soltaría muy fácilmente con el movimiento de la vara de picar.

Las piernas van protegidas por un pantalón acolchado sobre el que se colocan dos protecciones de metal. La de la pierna derecha, que es la que queda a merced de la embestida del toro, cubre totalmente el pie hasta el muslo y es articulada en el talón y en la rodilla; la de la pierna izquierda protege de la rodilla para abajo y termina en una bota con espuela. Van pintadas de color crema y se denominan 'Monas' o 'Gregorianas'. Ni los mismos picadores se ponen de acuerdo sobre si cada una tiene una denominación distinta; hay quién dice que 'mona' es la derecha y 'gregoriana' la izquierda, hay quien opina al contrario y terceros que utilizan indistintamente cualquiera de ambas denominaciones. Sobre estas armaduras llevan una 'calzona' de gamuza color crema con botones metálicos en la parte inferior.

Los varilargueros van cubiertos con un sombrero de los llamados de medio queso: el castoreño. Como curiosidad, los picadores tienen la costumbre todavía de cubrirse los dedos pulgar, índice y medio de la mano derecha con esparadrapo para evitar el roce y el quemazón de la vara al lanzarla al morrillo del toro.

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