Un baile que busca dejarnos con la boca abierta

Un grupo de personas contempla los fuegos artificiales el año pasado desde el Paseo Ramón María Lilí.
Un grupo de personas contempla los fuegos artificiales el año pasado desde el Paseo Ramón María Lilí. / USOZ

Leo Hernández, gerente de Pirotecnia Accitana, desvela algunas curiosidades relacionadas con los fuegos artificiales

IÑIGO URKOLA

El pasado miércoles, cuando tuvo lugar esta entrevista, Leo Hernández no se atrevía a mirar el pronóstico del tiempo para la noche de hoy en Donostia. «Recuerdo que cuando estuvimos hace diez años no paró de llover desde que empezamos a montar hasta que terminó la colección», comenta el gerente de Pirotencia Accitana María Angustias, la encargada de abrir esta noche el Concurso 54º Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de Donostia.

Mucho ha llovido, en el sentido literario, pero también en el literal, desde aquella noche en Donostia, por lo que los fuegos artificiales de hoy no tendrán nada que ver con los de entonces. Hernández destaca que «todo avanza muy rápido en el mundo de la pirotecnia». Ahora trabajan con una tecnología llamada Pirodigital que les permite trabajar a la milésima de segundo: «Es una máquina de disparo de última generación que nos permite cargar la colección en un programa informátivo y que ésta se dispare con un solo click».

Gracias a ella, las colecciones de fuegos artificiales son prácticamente coreografías: «Planteamos secuencias de un minuto y vamos de menos a más, siempre buscando un ritmo creciente para llegar a un final apoteósico. Planteamos bailes en el cielo con nuestros fuegos artificiales, que hagan dibujos y que se lancen con diferentes formas a distintas alturas y con diversas trayectorias para que a ojos del espectador hagan coreografías», resume el gerente de Accitana.

Más color que ruido

Hernández está muy contento con la colección que dispararán esta noche, si bien considera que no han tenido demasiado suerte al tocarles abrir el Concurso: «Puede ser un hándicap, sobre todo de cara al jurado popular, porque el oficial valora unos parámetros concretos y ahí no influye qué día se lancen», expresa. Pese a ello, confía en una colección cuyas secuencias han ido probando por separado en otros concursos y cuya simulación completa han visto en ordenador: «En Donostia gustan más el color y el ritmo que el ruido. Si tuviéramos que lanzar esta colección en Valencia, apostaríamos por el estruendo, que es lo que allí gusta, pero aquí es diferente», añade.

Hernández considera que, gracias a la tecnología, cada vez hay menos imposibles en la pirotecnia: «Hay formas, como la del corazón, que hace años eran muy complicadas de conseguir y hoy en día salen casi perfectas». Eso sí, determinados colores siguen resistiéndose, sobre todo por razones de seguridad: «Los colores no dejan de ser mezclas de productos químicos y hay algunos que no se consiguen por muchas pruebas que hagas, mientras que otros es mejor no intentar lograrlos por la reacción química que pudiera producirse», contesta el granadino.

Así, con una tecnología infalible y una colección con la que están más que satisfechos, a Leo sólo le preocupa lo que no depende de él: la meteorología. Si pudiera elegir, se quedaría «con un cielo sin nubes y un poco de viento que nos quite el humo, pero sin desviar la trayectoria de los fuegos. La lluvia no quiero ni verla, porque resta público y nos dificulta mucho las labores de montaje».

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