Arte en cada rincón de la Semana Grande donostiarra

Cristina y Borja aglomeran a decenas de espectadores en derredor de un escenario improvisado. / JOSÉ USOZ
Cristina y Borja aglomeran a decenas de espectadores en derredor de un escenario improvisado. / JOSÉ USOZ

Artistas multidisciplinares llenan este verano los 47 puestos repartidos por toda la ciudad por el Ayuntamiento donostiarra

PABLO GUILLENEA

Andar con prisas por ciertas calles de San Sebastián no es una opción razonable en verano, y menos en Semana Grande. Sea por turistas siguiendo un paraguas cerrado, sea por improvisadas aglomeraciones en derredor de artistas variopintos, la previsión de una travesía breve puede acabar siendo odiséica hasta la desesperación. Y, sin embargo, unos minutos frente a cualquiera de estos artistas callejeros calma cualquier enfado. Son bailarines, músicos, titiriteros, malabaristas y principiantes o expertos de demás disciplinas, y con poco montaje y la determinación de hacer «arte como sea» alegran las abarrotadas calles del centro donostiarra durante la temporada estival.

Luã y Eider, guipuzcoanos de 24 y 31 años, mantienen esa voluntad. Guitarra en mano y hasta hace no mucho «ukelele también, pero se me ha roto y ahora solo canto hasta conseguir otro», versionan sus canciones favoritas con un toque de reggae, soul y bossa nova que los desenmarca de cualquier definición al uso. «Somos mestizos, no nos definimos en ningún género concreto», explica Eider, actriz de formación y que desde hace unos años, tras una de las clases de armonía que recibe en el Colegio Municipal de Música y Danza de Donosti, se reconoce a sí misma también como música, aunque aún en progreso.

Luã, el miembro más joven del grupo 'Kaxueira', que ambos integran, también tiene formación musical, como guitarrista en su caso, y se dedica a impartir clases de guitarra el resto del año. «La temporada empieza en verano», cuenta, «pero intentamos tocar todo lo que podemos a lo largo del año». No es fácil si se tiene en cuenta que el ayuntamiento limita a 15 los días al año que los artistas callejeros tienen para realizar sus espectáculos. «Tú pides permiso y ellos te dan el día y el lugar en el que puedes tocar en unas horas determinadas», explican, «está claro que hay sitios mejores que otros, así que dependiendo de dónde nos sitúen igual ni vamos, porque muchas veces no merece la pena. Además, solemos tener problemas con los municipales pese a que cumplimos con todos los permisos, pero es que hay gente que no respeta los turnos».

Ayer les tocó un lugar privilegiado. Situados en el Paseo de la Concha, y después de que una mañana lluviosa diera lugar a una tarde en la que el sol hacía que algunos de los guías turísticos llegaran a abrir sus paraguas, tocaron en uno de los mejores puestos de los 47 que habilita el Ayuntamiento por todo Donosti. A pocos metros, Borja, bilbaíno, y Cristina, mexicana, bailan tango a la voz de Gardel. «El tango es muy callejero, en Argentina no llama la atención que se baile en la calle», cuentan. Llevan dos años bailando juntos y ocho por separado, y han hecho de este baile su profesión. «Llevamos una escuela en Bilbao, 'Tango Laztana', pero hacemos exhibiciones por toda Europa» cuenta Borja, «hemos actuado en las calles de Toulouse, Marsella y dentro de poco tenemos previsto irnos a Croacia». No todo es una isla de flores: «es un mundo difícil», reconocen, «a veces hay suerte y, como hoy, encontramos un buen lugar, pero muchas otras no nos va tan bien». A su alrededor, parejas, adultos y niños no dejan de acercarse a dejar su voluntad monetaria.

Desde Chile, Marcela madre y Marcela hija reviven un amplio repertorio de canciones de su grupo favorito, 'The Beatles'. A su mando, McCartney, Lennon, Harrison y Ringo reproducen los 'When I Get Home' y 'A Hard Day's Night' que hicieron a la madre combinar su «fanatismo por el grupo» y su afición por los títeres hace seis años. «Yo misma fabrico las marionetas», dice, «también he hecho marionetas de otros artistas y me gustaría montar una exposición itinerante para enseñarlas en la calle». Ambas viven cerca de Donostia, y vienen de vez en cuando durante todo el año, no solo en verano.

Es el caso de Aitor, donostiarra, que hace resonar su trikitixa en los arcos de la Plaza Gipuzkoa. «Hacía tiempo que no tocaba, pero este año me he cogido cinco días para Semana Grande». Cuenta que hasta hace poco se juntaba «con otro compañero que toca la alboka, aunque este año no ha podido». «Yo soy profesor de trikitixa y toco en otras agrupaciones siempre que se da la ocasión». Disfruta de lo que para él es un 'hobby' pese a que en ocasiones los lugares que le tocan no son los mejores. «El sitio te lo ponen, son dos horas por la mañana y dos horas por la tarde», explica, «pero, por ejemplo, si está lloviendo y esa mañana te corresponde actuar en el paseo de La Concha intentas buscar un sitio a cubierto».

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