Carta abierta de Richard Oribe a los donostiarras: «Gracias a todos de corazón»

El Tambor de Oro 2018 expresa su gratitud a todos los donostiarras por la concesión del máximo galardón de la ciudad, un premio que le ha convertido en «la persona más feliz del mundo»

Richard Oribe, dirigiendo a los tamborreros de Gaztelubide durante la Izada el Día de San Sebastián./DV
Richard Oribe, dirigiendo a los tamborreros de Gaztelubide durante la Izada el Día de San Sebastián. / DV
RICHARD ORIBETAMBOR DE ORO

La odisea comenzó en el momento en que me enteré que el sueño se había hecho realidad. Estaba entrenando, apareció mi madre nerviosa, emocionada y sonriente: «POR FIN».

Quiero agradecer desde estas líneas a todas las entidades, sociedades, clubes, instituciones que me han llamado para hacer algún tipo de reconocimiento, porque he visto sinceridad, cariño y alegría allí donde he ido. Lo mismo a los donostiarras que me cruzaba por la calle y, por su puesto, a mi familia y amigos más cercanos que me han ayudado a lograr mi sueño.

Me siento la persona más feliz del mundo. Recuerdo la emoción que sentí cuando me recibieron en plan sorpresa en el colegio Alemán. El reconocimiento en el Real Club de Tenis de San Sebastián en cuanto se enteraron; de la Gimnástica de Ulia y la arriada de la bandera de su centenario; la bombonería Maitiana y su desayuno con el escaparate lleno de fotos mías; el Bar Ostebi de Irun, que también lo decoraron con imágenes; la presentación de la Tamborrada infantil en el Victoria Eugenia, donde todos los niños gritaban mi nombre... era difícil contener las lágrimas de emoción. Me impresionó la cantidad de gente que yo no conocía y me paraba por la calle para saludarme, hacerse una foto y decirme «Yo te he votado». «Te lo mereces». Muy emocionante.

Ha sido un sin parar. Me encantó llegar a Aspace a donde yo iba de pequeño y encontrarme a antiguos amigos emocionados de verme de nuevo y de haber conseguido lo que muy pocos logran. Otra sorpresa fue el acto en el Sabadell-Guipuzcoano. El primer acto solemne fue la cena con la corporación en La Perla. Ahí ya fui más nervioso, pero el alcalde Eneko Goia, que estaba sentado a mi lado, me mostró un gran cariño y aprecio y enseguida me tranquilicé. También estaban mi madre y Javi conmigo, que eso me da más confianza.

La noche de Gaztelubide genial. Disfruté con Mendi como un enano dirigiendo la tamborrada en la Izada. El día del Tambor de Oro cambié mi atuendo de cocinero por la mañana para ir guapo. Nervioso a tope, estuve en el balcón del Ayuntamiento viendo a los niños de la Tamborrada Infantil y otra vez... ¡RICHARD, RICHARD! y yo con agujetas en la cara de no parar de sonreír y emocionado. Lo mismo me ocurrió al entrar en el Salón de Plenos, todo el mundo en pie aplaudiendo, amigos, familiares, compañeros de mi club de natación, donostiarras que se acercaron y pufff, todo fue fantástico. Gente a mi alrededor que no contenían las lágrimas de la emoción durante toda la ceremonia de entrega. Corriendo a Istingorra, que también me iban a hacer un reconocimiento, y cantó el coro Gaztelupe. Y de ahí corriendo al restaurante, donde nos juntábamos la familia y amigos para comer.

Todo salió redondo. Yo feliz, mi familia feliz, mis amigos felices. Pero no acabó todo ahí. Luego realicé la Arriada en el balcón del antiguo ayuntamiento, yo miraba a Eneko Goia que estaba en el balcón de al lado para hacerlo al mismo ritmo que él. Después bajé a tocar el barril con la Unión Artesana. ¡Que pasada! A tope todo el día. Tras un corto descanso al día siguiente de la gran fiesta todavía tuve dos actos más, fui con mi amigo Oscar a ver el partido del GBC contra el Real Madrid y, sin terminar, corriendo al palco presidencial de Anoeta a ver el partido de la Real Sociedad porque la víspera me había invitado el 'presi' Jokin. No se puede pedir más.

Nunca me olvidaré de esos días y del cariño que he recibido de los donostiarras. Espero ser un buen Tambor de Oro. Gracias de todo corazón.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos