La protección de 'la otra San Sebastián'

La protección de 'la otra San Sebastián'Gráfico

Un estudio encargado por el Ayuntamiento sobre villas y edificios residenciales susceptibles de ser incluidos en el catálogo del Peppuc propone 257 elementos a conservar

IÑIGO PUERTA SAN SEBASTIÁN

El Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido de San Sebastián' (Peppuc) recoge elementos portadores de valores culturales, artísticos o arquitectónicos que merecen ser protegidos. En el contexto de su revisión, un encargo municipal recayó en manos de Alberto Fernández-D'Arlas de la Peña y Eneko E. Oronoz para inventariar las edificaciones residenciales donostiarras susceptibles de ser incluidos en una lista renovada.

«El detonante nació el verano pasado con los derribos de la villas Txomin y Kanimar. Se detectó una laguna en la lista del Peppuc, a la vez que se estaban tramitando más solicitudes de derribo por parte de particulares, con el perjuicio cultural e identitario que suponen para el patrimonio de la ciudad», explica Alberto. «El Ayuntamiento decidió suspender las tramitaciones de derribo en el área de Ondarreta. Se detecta un vacío, por lo que se nos pidió hacer un inventario de las villas de la ciudad». El derribo del edificio de Miracruz 19 o la polémica sobre el Bellas Artes «también llevaron el debate a la calle». Incluso se descubrió que «villas de Ondarreta que habían estado catalogadas se desprotegieron después. Era el momento de unificar criterios», añade Eneko.

Gestión complicada

El Peppuc ha tenido una gestión muy complicada desde su gestación hace ya veinte años. «Tuvo dos aprobaciones iniciales, presiones económicas y cambios de legislatura. Luego el Bellas Artes bloqueó la tramitación del plan. Un solo elemento de la ciudad, pero de mucho peso. Más tarde, la villa Txomin terminó por detonar el documento. Fue una gran pérdida porque Ondarreta es una ciudad jardín donde el conjunto ha quedado tocado», recalca Alberto.

El trabajo encargado «ha sido de tipología residencial, para habitar. Se incluyen las villas, chalets o casas de campo que suelen estar en la periferia urbana», especifica Alberto. «San Sebastián ha sido una ciudad balnearia desde el siglo XIX, pero al ver el plano de las áreas protegidas hasta hoy, vimos lagunas muy grandes. En Miraconcha o Miracruz sobre todo, había zonas que estaban sin detectar, cuando casi no hay más que villas», agrega Eneko.

Dueños e interés general

La posición de los propietarios de estos edificios susceptibles de ser protegidos sale a colación. «Hay un instrumento que es el plan especial, hay derechos particulares, pero también un interés general de los ciudadanos». Alberto y Eneko defienden que las alternativas al derribo son múltiples. «Se puede reutilizar el patrimonio construido. Dividir o ampliar espacios interiores. Desde hace mucho existe una conciencia social para proteger estos bienes, pero no por eso deberían conllevar indemnizaciones». El consistorio donostiarra recibió más de 600 alegaciones al Peppuc por parte de instituciones públicas y privadas. «Es evidente que crean una identidad».

Entre los propietarios de estas villas «muchos las miman, les encantan y quieren que perduren. En otros casos no les dan valor». Si se acometen reformas, no entrañan dificultades extra porque «las protecciones son de imagen exterior. Si los técnicos municipales las estudian no suelen ser problemáticas».

La crisis económica tuvo una importancia vital. «Se notó. Ahora también se ha reactivado el sector inmobiliario. Si se entra en una dinámica especulativa, es peligroso», advierte Alberto. Inciden en que su trabajo «es una propuesta de protección, no tienen que preservarse todas las viviendas que listamos».

Conjuntos a cuidar

En las casi 600 páginas recopiladas, un apartado habla sobre conjuntos a proteger. «Hay algunas zonas de la ciudad donde vemos una coherencia por su proyecto de urbanización o por su ámbito geográfico, no solo por estilos». El ejemplo más claro es Ondarreta. «Un conjunto ciudad jardín que empieza en los años veinte, con tipologías similares. Se gestó de acuerdo a normativas y ordenanzas específicas propias, gestadas por los constructores, la familia Brunet. Normas que han estado en vigor hasta hace poco», apunta Eneko. Otro ejemplo es la falda de Igeldo. «Desde que se construye el funicular, en cinco años nacen todas las villas con diferentes estilos, pero con bases parecidas».

En total han advertido seis nuevos conjuntos a proteger en la ciudad «que nos parecen indispensables». En esta tipología no han podido incluir Ategorrieta porque «es amplio, de perfiles difusos y creado en su tiempo entre dos localidades, Altza y San Sebastián. Es de difícil articulación». En el País Vasco, «conjuntos como los de Neguri en Bizkaia están protegidos, algo que aquí no ocurre», recuerda Alberto.

Una criba gradual

«Hay un trabajo de archivo y documentación importante para el Ayuntamiento. Luego otro de campo con desplazamientos, fotos e identificación de elementos. Hemos intentado graduar en importancia, para que no fuese inasumible. Proponemos seis conjuntos y cincuenta elementos indispensables a proteger. El patrimonio es mayor, por lo que listamos otros cincuenta de protección prioritaria», explica Alberto. «Los buques insignia de la ciudad como Miramar ya están protegidas por el Gobierno Vasco, pero hay mucho más».

En la mesa del Ayuntamiento hay más estudios en marcha sobre patrimonio industrial, caseríos, fortificaciones militares y villas. «Cuentan con arquitectos y técnicos municipales, pero por la amplitud del estudio han tenido que recurrir a asesores externos».

Futuro del estudio

«Debería establecerse alguna medida cautelar mientras se estudia la lista», precisan sus autores. «Por ejemplo, Vista Eder en Miraconcha es de lo más auténtico y ahora mismo se podría tirar a pesar de que Diputación y Gobierno Vasco ya lo hayan advertido. Lo mismo ocurre con más de 300 elementos». El trabajo pone el foco «sobre la otra mitad de la ciudad. Parece que solo existe el Ensanche Cortazar, pero hay otro 50% que está en colinas, cerros, periferia o escondida en la vegetación». Un patrimonio de nuestra fisonomía urbana que «en ciudades como Biarritz se mima. Aquí sabemos lo que hay... pero no sabemos lo que tenemos».

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