El más prodigioso inventor

El transbordador del monte Ulia. / JOSÉ MARI LÓPEZ

El ingeniero Leonardo Torres Quevedo creó el primer sistema para la conquista del aire

GARAZI REZABALSAN SEBASTIÁN.

Puede que a algún donostiarra le resulte familiar el nombre Leonardo Torres Quevedo. No es de extrañar, ya que fue el ingeniero que creó el primer transbordador de personas del mundo, nada más ni nada menos que en Ulia. Pero, seguramente, muchos no sepan que además de este gran inventó posee un sinfín de patentes que lo convierten en uno de los personajes más célebres de su época. Como dijo Maurice D'Ocagne, presidente de la Sociedad Matemática Francesa, «Torres Quevedo es el más prodigioso inventor de su tiempo».

El dirigible, el telekino, el ajedrecista y el ordenador son algunos de los magníficos e importantes inventos realizados por este español. «Su madre era cántabra y su padre de Bilbao. Además, sus antepasados eran guipuzcoanos», matiza Josu Aramberri Miranda, colaborador de la exposición 'Leonardo Torres Quevedo: la conquista del aire' que ofreció este pasade verno el Eureka! Zientzia Museoa en el parque de Miramón.

Son tres los motivos que animaron al museo de la ciencia de San Sebastián a darle un espacio a este célebre ingeniero: su brillante trayectoria profesional, su gran relevancia en el panorama científico mundial y, cómo no, su gran vinculación con Donostia. Y es que, hace ahora 110 años, el 30 de septiembre de 1907, el primer teleférico para el transporte de personas del mundo fue inaugurado en Ulia para conectar el barrio de Ategorrieta con la parte alta del monte.

El transbordador de Ulia

«El primer sistema para la conquista del aire que quiere poner en marcha Torres Quevedo es el Teleférico», asegura Francisco A. González Redondo, profesor titulado de Historia de la Ciencia de la Universidad Complutense de Madrid. El docente, uno de los mayores expertos en torno a este personaje, ha realizado encantado la labor de comisario de la exposición.

El teleférico de Ulia fue el primero del mundo que se utilizó para el transporte de personas

«El ingeniero tenía que hacer realidad una instalación para no perder la patente»

A pesar de que el primer transbordador para personas se estrenase en la primera década del siglo XX, Leonardo Torres Quevedo realizó la patente 20 años antes. «Y no tardó más porque si no se le caducaban los derechos. Tenía que crear una instalación para no perder la patente», añade el profesor.

El transbordador, que servía para cubrir 280 metros de distancia y un desnivel de 28 metros en tres minutos y medio, contaba con una pequeña barquilla para dieciocho pasajeros, y fue toda una atracción de la ciudad. Tal fue su importancia no solo en Gipuzkoa, sino en España, que desde el año 2015 aparece una imagen del transbordador en la primera página de 'visados' del pasaporte nacional de todos los españoles.

Arriba, el teleférico de Canadá, que sigue en funcionamiento. Y en la parte inferior, la sala Newton del museo Eureka! con el profesor Francisco A. González y el director del museo, Ignacio Zuzuarregui, junto a una compañera.

Para realizar la obra el inventor cántabro-vizcaíno de raíces guipuzcoanas, contó con la financiación de la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería de Bilbao, la primera inversión de la sociedad. «Esta asociación, creada en 1906 de la mano del rey Alfonso XIII, reunía a empresarios vizcaínos que confiaron en este hombre y que pusieron en marcha un proyecto de conquista tecnológica y científica financiando las invenciones de Torres Quevedo», asegura Francisco, y añade con humor Aramberri: «hoy una sociedad capital riesgo».

A pesar del éxito y la expectación que creó el transbordador entre donostiarras y turistas, que se acercaban a la ciudad expresamente para montar en él, el ingenio dejó de funcionar tras 10 años de servicio. «Con la creación del Parque de Atracciones de Igeldo la gente dejó de subir a Ulia. Esto provocó el cierre de los establecimientos que se situaban en este monte, y con ellos, llegó la desaparición del teleférico», cuenta con tristeza Aramberri.

No obstante, el invento se mantuvo vivo, pero en otro continente. Un año antes del cierre del teleférico del monte Ulia, el 8 de agosto de 1916, se inauguró el transbordador Spanish Aerocar, en las Cataratas del Niágara, Canadá, que aún sigue funcionando sin ninguna incidencia. «En cuanto al sistema empleado, este teleférico es exactamente igual que el que se encontraba en Donostia y es el primer teleférico utilizado para el transporte de personas instalado en Norteamérica», aclara Francisco A. González.

A diferencia del de San Sebastián, el teleférico canadiense está acondicionado para 35 pasajeros y realiza un viaje de 450 metros. Se mueve sobre seis cables a 76 metros de altura y se desplaza a una velocidad de 7 km/h.

El 'hermano pequeño' del teleférico de San Sebastián ha sido disfrute por más de 10 millones de personas y «también fue financiado por la Sociedad de Estudios y Obras y realizado por constructores», asegura González, quien precisa que «además fue de explotación comercial española hasta los años 60, momento en el que Canadá lo compra».

Dirigibles y Telekino

Pero, como ya ha sido mencionado, el transbordador no es el único inventó del gran ingeniero. Así, la exposición de Eureka! también ha dado protagonismo a otros dos ingenios: el dirigible y el telekino. «El dirigible fue patentado en mayo de 1902, y el telekino en diciembre de ese mismo año. Para ambos hemos dedicado sendas secciones en la sala Newton del museo», indica el profesor Francisco.

El dato

110 aniversario
Hace ahora 110 años, el 30 de septiembre de 1907, se inauguró el transbordador de Ulia. Fue el primer teleférico del mundo utilizado para el transporte de personas. Tras diez años de funcionamiento, cerró su cabina, eclipsado por el éxito del Parque de Atracciones de Igeldo.

«Durante los primeros años del siglo XX los sistemas Zepelín eran los que controlaban el aire, pero de forma mediocre», explica Francisco A. González. Eran muchos los problemas que estos presentaban. Unos eran demasiado rígidos, y esto provocaba que, a pesar de conservar la forma, en caso de impacto se destrozasen. Otros, sin embargo, eran tan flexibles que no conservaban su forma, lo que hacía imposible mantenerlos en el aire de manera eficiente.

Ante esta situación, Torres Quevedo aunó las ventajas de los Zepelín rígidos y de los flexibles, eliminando todos sus problemas y creando su propio sistema de navegación. «En la exposición tenemos el documento dirigido a la Academia de Ciencias de París que dice 'ensáyese cuanto antes, esta es la solución al problema de la navegación aérea'», apunta González.

Aun así, el sistema Torres Quevedo contaba con una traba, que los ingenieros ingleses no tardaron en detectar. Tal y como los anglosajones subrayaron, los dirigibles diseñados por el español estaban llenos de hidrógeno, elemento muy inflamable. Las propias chispas de los motores podrían hacerlo estallar. «Pero Torres Quevedo no abandonó su idea y le dio una solución al problema: teledirigir los dirigibles sin piloto; sin poner en riesgo vidas humanas. Así inventó el telekino, para volar sin que los humanos tengan que pilotarlo», explica el profesor.

El dron, un invento de 1902

«El telekino es lo que hoy llamamos un dron. No es un invento del siglo XXI, sino más bien del XX, de Leonardo Torres Quevedo», afirma el profesor con orgullo. Este invento es un autómata electromecánico con dos partes. Por un lado se encuentra el emisor de ondas hertzianas, que a principios del pasado siglo ya existía. Y, por otro, el receptor con memoria, la gran novedad del ingeniero cántabro-vizcaíno.

«El receptor es el que recibe y almacena las señales de código morse mandadas por el emisor, para después interpretar y ejecutar cada orden enviada», explica el profesor.

Con esta invención Torres Quevedo trajo la inteligencia artificial al mundo, ya que el receptor, al ver su funcionalidad, fue trasladada a máquinas de calcular. Así, el gran ingeniero, también creará el primer ordenador electromecánico de la historia. «A partir del telekino, en 1910 comenzó a construir la primera computadora, y tras 10 años de trabajo, un español inventó el ordenador electromagnético». Asimismo, Torres Queveo es el padre del 'Autómata ajedrecista', la primera máquina que jugó al ajedrez con un ser humano.

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