Playas limpias, verano feliz

El personal de limpieza dedica «casi 24 horas diarias» a estas tareas en la capital de Gipuzkoa

Un total de 23 personas se dedican a mantener los arenales limpios en época estival.
Un total de 23 personas se dedican a mantener los arenales limpios en época estival. / SARA SANTOS
AMALIA IBARGUTXI

Las playas de Donostia encabezan rankings internacionales gracias a la calidad de las mismas. Los visitantes resaltan en redes sociales, además de su localización, lo limpias y cuidadas que están. Funcionan de escaparate para turistas, pero también son un gran reclamo para los guipuzcoanos. Por eso, aunque suela pasar inadvertido, el trabajo de quienes se dedican a mantener la costa limpia es constante, «de casi 24 horas diarias».

La primera fase del proceso de limpieza empieza de noche, en la playa de la Zurriola, explica Mikel Egurza, encargado de coordinar a las 23 personas que durante los meses de verano se dedican de estas tareas de limpieza, de la empresa FCC. «Las máquinas de cribado de la arena arrancan a las diez de la noche y se aparcan hacia las cuatro de la mañana siguiente. Primero pasan por la playa del barrio de Gros, después por Ondarreta y por último, por la Concha». Limpian así la superficie de la arena, separando los residuos más grandes. Este orden se ve alterado «solo en casos como el Jazzaldi u otras fiestas que concentran actividad nocturna en los arenales».

El siguiente paso es el que incluye el voladizo de la Concha, los bajos, las rampas de acceso y demás moviliario. Son las cinco de la madrugada y es el turno del personal de arena. «Después de que la Guardia Municipal vacíe los bajos de personas que bien la utilizan para dormir o para seguir la fiesta, procedemos a desinfectar la zona. Rociamos un producto químico sobre las paredes para que no quede ni rastro del hedor de la orina y después las limpiamos con agua». Recogen los restos de basura que han dejado la vida nocturna y la jornada de playa y zarpan hacia la isla, no sin antes parar en los gabarrones, donde el trabajo se reduce, básicamente, a extraer los excrementos de gaviota de las plataformas utilizando una fórmula sencilla: «una manguera y agua a presión».

Al día recogen más de tres toneladas entre la Concha, Ondarreta, Zurriola, gabarrones y la isla de Santa Clara

Rondan las siete de la mañana cuando llegan a la isla de Santa Clara, donde limpian «playa, espigón, la zona del bar... Nos encargamos de toda la isla en general», indica Egurza. Por allí pasan a diario alrededor de mil personas, cifra que aumenta en días de buen tiempo. De vuelta a tierra firme, recogen los restos flotantes del agua, entre los que suelen abundar «bolsas y demás basura que arrastra la marea».

Trabajo de temporadas

La plantilla de los trabajadores está compuesta por 23 personas en verano y en invierno, en cambio, por tres. El ritmo de trabajo de la limpieza de playas lo condiciona «mayormente, el tiempo», argumenta el encargado de estas labores.

«El buen tiempo atrae bañistas, con lo cual el panorama la mañana siguiente suele incluir restos de comida, envoltorios de bocadillos y botellas de agua u otras bebidas, entre otros. La mayor carga de trabajo suele estar sobre tierra, en seco. Cuando hace malo no hay casi restos de actividad humana, pero la marea es la que revuelve y acerca la basura a la orilla». La cantidad de basura recogida por día asciende a las tres toneladas -una entre la Concha y Ondarreta y dos en la Zurriola-, cifra que se dispara con festividades como la Semana Grande.

La recogida de basura del agua ha estado marcada este año por las algas. «Cada año, cada temporada, es diferente. Este año hemos recogido mucha alga. También encontramos un delfín, cosa de ser los primeros y últimos en pisar la arena cada día». Hubo años de mucha medusa, por lo que se muestra «agradecido» por no tener que encargarse de estos animales.

De entre los malos hábitos de los usuarios de las playas, Egurza subraya «las colillas y alimentos enterrados, como los huesos de fruta. Esto nos obliga a reajustar la capacidad de las máquinas de cribado para que sean capaces de separar elementos tan pequeños como estos. Rematamos la tarea manualmente, lo que la convierte en un quebradero de cabeza», sentencia. También recalca el trabajo que acarrean las hogueras de la playa, que para apagarlas se entierran «y luego hay que rebuscar para encontrarlas».

A pesar de todo, Egurza defiende que los hábitos de los bañistas son «cada vez mejores». Calcula que de la playa de la Concha, por ejemplo, este verano han recogido «menos» basura. Asegura que «además de una mayor concienciación, también ha ayudado el cierre de las discotecas situadas en primera línea de playa, que atraían a más gente al botellón, creando más residuos».

La Concha, «la más sucia»

En cuanto a la situación de las playas en general, destaca la playa de Ondarreta como la más limpia, «por ser más de barrio, más familiar» y como más sucia señala a la Concha, que al fin y al cabo reúne «más actividad tanto diurna como nocturna».

Otro gesto positivo remarcado por Egurza es el del reciclaje, que asegura que la gente respeta «bastante», aunque también ellos retiran la basura vertida en el cubo equivocado en caso de ser necesario.

Este verano, «como otras veces», Donostia ha sido visitada por muchos turistas, pero el punto álgido de afluencia a playas está ya cerca de haber pasado. Las regatas de principios de septiembre son, explica Egurza, el último peldaño del verano y las jornadas playeras. «Los chavales vuelven a las clases, el calendario laboral suele reiniciarse ya y aunque con los días soleados de otoño la actividad puede volver a subir, el verano como tal ya ha acabado».

De tres a ocho de la tarde se efectúan los vaciados de papeleras, última tarea antes de volver a empezar de nuevo.

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