Es lo que parece

Arantxa Aldaz
ARANTXA ALDAZ

A Donostia se le pueden reprochar muchos defectos, pero no el de resultar ser una ciudad envuelta en demasiadas capas. No hay trucos de magia ni trampantojos. Es todo lo que parece. En algunos municipios conviene rascar en la superficie para encontrar la verdadera esencia urbana. Aquí se puede tirar de estereotipo sin peligro de equivocarse. Hay ejemplos perfectos que parecen superficiales pero que retratan en el fondo el alma donostiarra. El sorteo de barandillas de La Concha, con una demanda cinco veces superior a la oferta el primer día de inscripción, se ha convertido en el culmen del hiperrealismo. Probablemente ninguna de esas películas plagadas de tópicos sobre Norte/Sur, o en versión autopista A-8, guipuzcoanos/bilbaínos, hubiera guionizado el destino de esos viejos trozos de hierro en un paseo marítimo de La Antilla a petición del Ayuntamiento de Lepe. El sorteo de toldos, y el consiguiente trueque entre los adjudicatarios cual juego del Risk, daría para otra descriptiva secuencia. No necesita más atrezzo.

Siempre que se apela a lo que se esconde bajo la superficie, se acaba desdoblando la realidad entre la fachada asomada a esa barandilla simbólica y la postal 'fea' eliminada consciente o inconscientemente del carrete de imágenes mentales. El error quizá es creer que la otra cara de la moneda es la falsa, cuando simple y llanamente también es la realidad, por mucho que a veces ninguna de las partes se vea retratada en el espejo del otro.

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