Obra de Antonio Cortázar, se inauguró en 1872

Los primeros datos sobre la existencia de un puente en la zona que hoy ocupa el de Santa Catalina se remontan a 1377, pero no fue hasta 1872 cuando los sucesivos modelos de madera dejaron paso a la arquitectura pétrea. El 23 de junio de aquel año se inauguraba por todo lo alto el puente de Santa Catalina, obra de Antonio Cortázar, el primero y más simbólico de la ciudad.

Tras las obras de ampliación de principios del siglo XX, en 1926 se instalaron las farolas monumentales diseñadas por Juan Alday y fabricadas en Luzuriaga. Las luminarias esféricas de vidrio prismático refractor, que ahora serán sustituidas, datan de los años 70.

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