La 'nueva' Trini del Jazzaldia: más cómoda… ¿y con menos sabor?

Sara Santos

Los espectadores más veteranos lamentan que se ha perdido parte del sabor de la abigarrada estética de antaño

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

La Plaza de la Trinidad estrena 'cara' en este Jazzaldia, aunque en lo esencial se mantiene fiel a su espíritu, ese halo que la convierte en seña de identidad del Festival desde su fundación, haca 52 años. La aplicación de las nuevas medidas de seguridad exigidas por el Gobierno Vasco ha limitado el aforo a solo 1.780 espectadores, ha aumentado el espacio de los pasillos, se ha doblado el número de vigilantes y se crean nuevas vías de evacuación.

El resultado es una plaza mucho más cómoda, con las circulaciones más fáciles para el público, aunque los espectadores más veteranos lamentan que se ha perdido parte del sabor de la abigarrada estética de antaño. Es cuestión de puntos de vista: en las últimas ediciones hubo quejas por las molestias que ocasionaba la 'superpoblación' de la plaza (el año pasado el concierto de Diana Krall marcó el momento crítico) y ahora hay quien se apena por la excesiva ordenación actual.

En la organización del festival se remiten a las normas acordadas con el Gobierno Vasco para cumplir las disposiciones de la normativa que desarrolla la Ley de Juegos y Espectáculos de la Comunidad Autónoma. Entre las novedades figura el hecho de que los pasillos entre las sillas tienen mayor amplitud, se reduce a uno el número de bares y se incrementa el de WC portátiles. Los entrañables e incómodos camerinos que se habilitaban con carpas en el callejón de Santa Corda, en el backstage, han sido trasladados al interior del museo de San Telmo. Los artistas ganan comodidad pero el conjunto pierde 'sabor'. En solo unos días los fieles a la Trini nos acostumbraremos.

52 HEINEKEN JAZZALDIA

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