Donde nacían los niños donostiarras

Miles de bebés llegaron al mundo en las casas de maternidad antes de la construcción de la Residencia. La de Aldakonea funcionó hasta 1953, aunque durante la Guerra Civil recibió el impacto de una granada y el servicio tuvo que ser trasladado a villa San José, en Ategorrieta

La Casa de Maternidad Municipal de San Sebastián, actual centro de la fundación Nazaret, fue una obra de Antonio Cortázar promovida por la Caja de Ahorros./
La Casa de Maternidad Municipal de San Sebastián, actual centro de la fundación Nazaret, fue una obra de Antonio Cortázar promovida por la Caja de Ahorros.
JORGE F. MENDIOLASAN SEBASTIÁN.

Mañana se conmemora el nacimiento más famoso de todos los tiempos, el de Jesús en un portal de Belén. Pero, ¿dónde nacían los niños donostiarras antes de que existieran los hospitales? Hasta 1960, cuando se inauguró la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aranzazu, las mujeres daban a luz -además de en algunas clínicas privadas- en las llamadas maternidades. Las de Aldakonea y Ategorrieta fueron las más importantes y vieron llegar al mundo a miles de bebés -unos 4.000 al año- que ya peinan canas. Esta es la historia de ambas instituciones.

La Casa de Maternidad Municipal de San Sebastián fue construida en el barrio de Egia, donde hoy se ubica la sede de la fundación Nazaret y anteriormente la Escuela Hogar Virgen del Coro. Se inauguró el 1 de diciembre de 1932 y mantuvo su actividad hasta octubre de 1953.

Según cuenta el enfermero Manuel Solórzano (San Sebastián, 1956), autor de varios trabajos sobre los orígenes de su profesión en el territorio guipuzcoano, fue una «obra importante y adelantada a la época» promovida por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal y diseñada por el arquitecto Ramón Cortázar. Costó 1,2 millones de pesetas (7.200 euros), se creó para ayudar a todas las clases sociales. En ella tendrían acogida «las clases menesterosas, que son las verdaderamente necesitadas de estos auxilios y que tendrán habitaciones gratuitas, destinándose varias habitaciones de pago para clases modestas o clase media y otras de lujo», rezaba la memoria de la institución, que añadía que «como condición precisa para el ingreso, a las parturientas se les exige que se queden con el hijo que haya de nacer y no sirva la casa de pretexto para abandonar a la criatura. Y no sólo se dedicará a partos esta maternidad, sino que se interesará por la mujer durante toda su vida genital».

Este es uno de los cientos de documentos recabados por Solórzano en más de una década de investigación. Ha buceado en archivos y hemerotecas y se ha entrevistado con las matronas y enfermeras que protagonizaron aquellos años para conocer detalles que quizás se habrían perdido en el olvido.

Los periódicos de la época recogieron la noticia y loaron las bondades de la maternidad de Aldakonea. «La Casa de Maternidad, modelo, única podemos decir en su clase, ha de ser motivo de orgullo para esta provincia, en la que tanta atención se presta a las atenciones de carácter sanitario. Guipúzcoa, que contaba ya con instituciones admirables como el Instituto de Higiene, Casa Cuna de Fraisoro, Sanatorios, Asilos, etc., ha completado su labor social con la Casa de Maternidad, obra magnífica, para la que todos los elogios parecen escasos».

El edificio de Egia, hoy sede de Nazaret, costó 1,2 millones de pesetas y se inauguró en 1932

Había habitaciones gratis para las «clases menesterosas», otras de pago y algunas de lujo

El edificio constaba de tres plantas. En la primera se hallaban la administración, portería, salas de espera, pabellón de distinguidas, habitaciones, terrazas, clases para enfermeras, laboratorios, despacho del director, pabellón de consultas y salas de espera. En la segunda planta se encontraba el pabellón de puérperas, cuartos de aislamiento, guardería de bebés, el pabellón quirúrgico con diversas salas y dependencias y la biblioteca. El pabellón quirúrgico estaba formado por un cuarto de dilatación, dos salas de partos -sépticos y asépticos-, un cuarto de lavado de recién nacidos (lava-bebés), sala de operaciones, sala de esterilización, sala de material, dilataciones e intervenciones graves. También había un cuarto de aislamiento para operadas graves o eclampsias, además de una sala de médicos con aseo y ducha.

La tercera planta la ocupaban para ingresos de pacientes en el pabellón de embarazadas, los cuartos de aislamiento de las mismas y el pabellón de ginecología. El centro estaba dotado de salas de madres lactantes y en uno de los lados del cuerpo central se encontraba el comedor. Todos los pisos estaban provistos de abundantes servicios sanitarios.

El primer bebé de Navidad (1958), un quirófano y el obispo Jaime Font Andreu. / DESTELLO/ KUTXA/ DIARIO FRENTE POPULAR/ BRAVO

Había dos sótanos. El primero se destinó a servicios de desinfección, lavadero y plancha. El segundo incluía todos los servicios necesarios, además del pabellón y habitaciones de alumnas enfermeras, cocina, ascensores, servicios de tratamiento físico, diatermia, lámpara de cuarzo, rayos X, pabellón de anatomía patológica... Por este sótano entraban los coches ambulancia para la descarga de enfermas dentro de la misma casa y a pocos metros del ascensor de camillas, con lo que se facilitaba su desplazamiento. El quirófano era una de las instalaciones mejor montadas.

En total había 60 camas para las mujeres: una sala con 25 camas generales, otra gratuita con 10 camas, habitaciones particulares de una y dos camas para las operadas de vagina y pabellón de distinguidas con 5 habitaciones de una cama junto al hall de entrada a la maternidad. Los servicios de cocina, calefacción, agua caliente y vapor utilizaban como combustible el aceite pesado.

El personal lo integraban el director, doctor Juan María Arrillaga, el médico ayudante, el jefe de laboratorio, dos comadronas, cuatro jefes de servicio, tres enfermeras, el administrador, el subalterno, el ordenanza-jardinero, el sereno, la portera, la cocinera, dos pinchas y seis sirvientes, aparte del servicio religioso.

Solórzano recuerda que la Casa de Maternidad de Aldakonea creó una Escuela de Enfermeras Comadronas, entre las que había enfermeras visitadoras. También estaban allí las damas enfermeras voluntarias de Cruz Roja y las instalaciones se abrían para que los médicos pudieran hacer prácticas.

La maternidad sufrió durante la Guerra Civil una breve interrupción de sus actividades al ser alcanzado el edificio por una bomba lanzada por una unidad de la Armada. El servicio fue trasladado a una villa de Ategorrieta, villa San José, para volver a su sede una vez reparados los desperfectos producidos. Poco tiempo más duró su actividad. En 1953 cerró sus puertas y la Caja de Ahorros Municipal destinó la casa a otro tipo de fines sociales.

La primera de su clase

Tras haber acogido hasta 1941 y de forma provisional los servicios de la Casa de Maternidad de Aldakonea y haber funcionado como hotel durante algunos años, villa San José se sometió a una reforma integral para convertirse a partir de 1947 en la Residencia Maternal de la Caja Nacional del Seguro de Enfermedad, la primera de su clase en Gipuzkoa al contar con los más modernos elementos sanitarios.

La remodelación del edificio afectó a todas las plantas. En semisótano se amplió la zona del lavadero y secadero y se creó un acceso directo para los enfermos con necesidad de camilla y para todas las atenciones del servicio: desinfección, costura y plancha, despensa, cocina, dormitorio de servicio para tres camas con armarios empotrados, aseo de servicio, cuarto de baño de servicio, cuarto para la caldera, un pequeño almacén, garaje y leñera.

Comadronas (1933), el doctor Arrillaga y destrozos en Aldakonea (1936). / DESTELLO/ KUTXA/ DIARIO FRENTE POPULAR/ BRAVO

En la planta baja se establecieron el despacho de la dirección, el comedor, el oficio con su fregadero y un montaplatos en comunicación con el oficio de la planta de semisótanos anejo a la cocina, habitación del médico de guardia con su baño, dormitorios de seis camas con cuarto de baño anejo, sala de curas con un pequeño aseo y el laboratorio. Una escalera de piedra artificial con barandilla de hierro y un montacamillas comunicaban los diferentes pisos.

En la planta principal se localizaban la sala de partos con un baño anejo, una pequeña sala de curas, el quirófano, cuarto de esterilización, el oficio -con idéntica distribución a la de las otras plantas- y tres dormitorios de dos, seis y cuatro camas, respectivamente, con sus correspondientes baños.

En la segunda planta estaban la sala de rayos X con la cámara oscura aneja, el comedor de religiosas -que podía ser habilitado también como capilla, aunque existía un pequeño oratorio-, el oficio, una sala de aislamiento, dos camas con un servicio anejo, departamento de religiosas con dormitorios de seis camas y cuarto de baño y un dormitorio de cuatro camas con baño. En la reforma se aprovechó toda la carpintería del edificio, tanto interior como exterior, y se colocaron persianas enrollables en todos los huecos de las fachadas.

El día de la inauguración, las instalaciones fueron bendecidas por el prelado de la Diócesis de Vitoria (la de San Sebastián se creó en 1950) y asistieron al acto «los gobernadores civil y militar y restantes autoridades locales, así como otras personalidades», relataba El Diario Vasco a la mañana siguiente.

Por la maternidad de Ategorrieta pasaron miles de neonatos donostiarras hasta que cerró sus puertas en los 60 con la apertura de la Residencia y el traslado allí de la maternidad.

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