Magia contra viento y marea llegada del río

Sus Majestades llegaron en barca hasta el Paseo de Francia. La ajetreada jornada les llevó por varios barrios y continuó por la tarde con la recepción en el Ayuntamiento, donde atendieron los deseos de los niños, como la pequeña Agata, en la imagen. La cabalgata llenó de magia las calles. / LOBO ALTUNA / MICHELENA / M. FRAILE / I.A.
Sus Majestades llegaron en barca hasta el Paseo de Francia. La ajetreada jornada les llevó por varios barrios y continuó por la tarde con la recepción en el Ayuntamiento, donde atendieron los deseos de los niños, como la pequeña Agata, en la imagen. La cabalgata llenó de magia las calles. / LOBO ALTUNA / MICHELENA / M. FRAILE / I.A.

Los Reyes Magos visitaron varios barrios donostiarras a bordo de un coche clásico y recibieron las cartas de cientos de niños antes de su ajetreada noche

DANI SORIAZU SAN SEBASTIÁN.

Se prometía una jornada mágica para los niños donostiarras y ajetreada para Sus Majestades de Oriente. Y a pesar de que la lluvia no lo puso fácil, Melchor, Gaspar y Baltasar cumplieron con toda su agenda. Llegaron a la ciudad en barca, recorrieron varios barrios de la ciudad en un coche clásico, recogieron todas las cartas que los más pequeños les entregaron en el Ayuntamiento y desfilaron por el centro en la cabalgata. Y esta noche han trabajado a destajo para que los más txikis hayan podido encontrar a primera hora los regalos junto a sus zapatos.

Eran en torno a las 10.45 horas de ayer cuando cientos de familias con hijos se asomaban a la barandilla del Paseo de Francia. Algo se veía al fondo, navegando el Urumea aguas abajo. «¿Los ves ama? ¿Son ellos», decía uno de los congregados, cobijado bajo su paraguas. Según se iban acercando se despejaban las dudas. Se habían adelantado quince minutos según la hora prevista, cosas de la meteorología, pero ahí estaban los tres Reyes Magos, en una barca movida con los remos que manejaban los pajes reales. Gritos de emoción. Cada niño llamaba a su rey favorito. Los tres saludaban emocionados desde la embarcación, ansiosos por pisar un año más la ciudad de San Sebastián.

Sin mayor dificultad alcanzaron el paseo de Francia y lo recorrieron dándose un baño de multitudes. Y también de agua, ya que Sus Majestades avanzaron bajo la lluvia estoicamente. Y eso que ellos están más acostumbrados a climas más secos. Pero el calor humano de los críos congregados, que les saludaban y sonreían, parecía suficiente para sobrellevar las inclemencias climáticas. Durante su paseo lucieron los trajes de diseño local que confeccionó para ellos Cinthya Cubillo, ganadora del concurso organizado por el Clúster Donostia Moda.

Allí mismo se montaron en un flamante Buick Six de 1927 de color negro con el que recorrieron los barrios de Gros, Bidebieta, Intxaurrondo, Amara y el Antiguo con parada en las plazas Cataluña, Juan XXIII, Sagastieder, Ferrerías y José María Sert. Al igual que el año pasado, la iniciativa tuvo mucho éxito y en aquellos lugares donde se detuvieron los más pequeños se abalanzaron sobre ellos. Besos, abrazos, reparto de caramelos. Ah! Y las carteras reales, que se estrenaban este año en la comitiva de Sus Majestades, pudieron recoger en sus grandes zurrones todas las cartas que les entregaban.

La mañana fue larga e intensa. Pero no lo fue menos la tarde. Tras un breve descanso, a las 15.30 horas se abrieron las puertas del salón de plenos del Ayuntamiento donde Melchor, Gaspar y Baltasar recibieron en persona las peticiones de los niños. No fueron pocos los que hicieron cola en Alderdi Eder desde primera hora de la mañana. La primera en coger sitio fue Teresa, que se plantó a las seis de la mañana para poder entrar con los pequeños de la familia sin demora. «Es algo que hacemos todos los años, y siempre estoy casi desde que amanece», decía.

En el interior se respiraban nervios e ilusión a partes iguales. Los había quienes iban a conocer por primera vez a los Reyes Magos. La pequeña Agata, de tres años, como es costumbre entre los niños, abandonó su chupete para regalárselo, en este caso, a Baltasar. El resto, con sus cartas en la mano y una sonrisa de oreja a oreja, fue pasando de uno en uno a conocer al rey que previamente habían elegido. «La cola ha merecido la pena», aseguraba uno de ellos. Pura magia.

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