Loiola muestra su nueva cara

El antiguo muro ferroviario desaparece con el viaducto, que permite la permeabilidad con Ciudad Jardin y habilita un nuevo espacio cubierto./REPORTAJE FOTOGRÁFICO: PEDRO MARTÍNEZ
El antiguo muro ferroviario desaparece con el viaducto, que permite la permeabilidad con Ciudad Jardin y habilita un nuevo espacio cubierto. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: PEDRO MARTÍNEZ

El barrio se apresta a disfrutar de su nueva calle Urbía tras años de ruido, polvo y demoras. En dos semanas culmina la urbanización alrededor de la flamante estación del Topo, que genera un nuevo espacio libre de 10.000 m2

AINGERU MUNGUÍASAN SEBASTIÁN.

Encajonada entre el río, la carretera a Hernani y la trinchera ferroviaria, Loiola ha vivido encerrada en un triángulo desde hace décadas. La construcción de la nueva estación del Topo ha permitido transformar el entorno de forma significativa gracias a un viaducto ferroviario que permeabiliza las circulaciones bajo las vías. El barrio comienza a notar ya el cambio, con un ojo puesto en la próxima transformación que llegará a partir del año que viene con la reforma de la travesía (antigua carretera Donostia-Hernani) que se pretende convertir en un boulevard urbano.

Han sido años de ruido, polvo, parones, modificaciones y retrasos, pero por fin las obras de la estación de Euskotren llegan a su fin con la reurbanización de 10.000 m2 bajo las vías, que a buen seguro va a cambiar la vida del barrio. La consejera de Infraestrusturas del Gobierno Vascio, Arantza Tapia, indicó que se trata de una obra, realizada junto a los vecinos, de la que «nos sentimos especialmente orgullosos» dado que «el ferrocarril ejerce de elemento transformador y regenerador urbanístico».

El proyecto, firmado por los equipos Lamela-Vaumm, ha hecho realidad la materialización de una 'estación-puente' sobre la calzada que ha permitido liberar un gran espacio entorno a la estación gracias a la transformación de la antigua trinchera ferroviaria en un viaducto. Las vías vuelan en dirección al río sobre una plataforma apoyada en parejas de pilares, lo que permite las circulaciones peatonales, ciclistas y rodadas por debajo. E antiguo talud ferroviario era una gran barrera urbana, un muro infranqueable salvo por sus extremos, que impedía la continuidad entre Loiola y Ciudad Jardín.

La calle-salón cubierta bajo las vías permite instalar terrazas, kioskos, mercados o desarrollar actividades

Arana (PNV): «La travesía tendrá tres carriles, no dos, y cambiaremos el paso de peatones bajo la estación»

La nueva urbanización libera totalmente la calle Urbía y facilita la máxima conectividad entre los dos lados del viaducto. El nuevo espacio bajo las vías permite una permeabilización no solo transversal sino longitudinal (en sentido de las vías), al dar lugar a un espacio público abierto, con zonas verdes, zonas de estancia, de juego y «zonas de oportunidad», según indica la memoria del proyecto, «en las que se podrían desarrollar actividades comerciales, puntuales o de ocio». Hay que recordar que en el proyecto inicial, las parejas de pilares que sostenían la plataforma ferroviaria dejaban un espacio libre entre ellos de 1,7 metros. La modificación a la que se sometió el proyecto hizo que los pilares tuvieran un espacio libre entre si de 6,25 metros, lo que anula el efecto barrera en sentido longitudinal. De esta forma, el trazado bajo las vías convierte este espacio en una especie de «calle-salón» cubierta que podría ser ocupada por «ferias comerciales temporales», al estilo de lo que ocurre en capitales como París (mercado de Barbes, bajo la línea 2 de Metro). Con la apertura total de este ámbito se busca generar «un espacio de referencia» para el todo el barrio, idóneo para realizar todo tipo de actividades.

Hoy se ha decidido utilizar tres tramos bajo las vías para colocar juegos infantiles, bancos y luminarias, algo que se ve con gran expectación por parte de las familias que, por fin, van a poder contar con un espacio para estar con los niños a resguardo de la lluvia en invierno y del sol en verano. Pero las posibilidades de este gran espacio se multiplican ya que se podrían colocar «puestos o quioscos livianos y transitorios en donde poder desarrollar usos y actividades complementarias al paseo, como cafeterías, puestos de venta o exposiciones temporales», recoge el proyecto.

La liberación del espacio bajo las vía permitirá una mejora de las circulaciones, tanto las rodadas como ciclistas, ya que se conectan los trazados de la travesía con Sierra de Aralar y el bidegorri que discurre junto al río. La eliminación del antiguo talud ferroviario supone, además, una oportunidad de regeneración urbana de una zona sombría y oculta hasta la fecha -«los locales de la planta baja parecían cuevas», nos dicen los vecinos-.

Nuevas actividades

Los redactores del proyecto están convencidos de que la creación de un nuevo espacio público urbano hará que los locales en planta baja puedan disponer de nuevos accesos por la fachada, lo que facilitará la promoción de «nuevas actividades comerciales», que a su vez harán de «motor de una regeneración urbana cuyo germen podría iniciarse en el entorno de la nueva estación, pero podría extenderse y catalizarse a todo el barrio». La memoria del proyecto destaca, igualmente, que las amplias zonas cubiertas con aparcamiento para bicicletas «facilitarán la intermodalidad» (ferroviaria, peatonal y ciclista) y «una reducción del vehículo privado». Apunta, incluso, que la zona cubierta es «apta» para la colocación de una estación del servicio público de préstamo de bicicletas Dbizi.

En la actualidad, los operarios están llevando a cabo los últimos remates de la urbanización. Los jardineros se afanan en dejar a punto las zonas verdes, con la colocación de todas las especies vegetales previstas. A uno y otro lado del vial de la calle Urbía (la zona más próxima a Ciudad Jardín) se han plantado cerezos, a un lado, y esta misma especie y liquidámbar, por el otro. A modo de transición entre el viaducto y el bloque de viviendas se ha plantado en los nuevos parterres césped rústico y árboles ornamentales de hoja caduca. En las zonas ajardinadas más soleadas colocadas alrededor de la explanada que da acceso a la estación se ha pensado en «praderas de césped floridas multicolor», con ejemplares de fresno. En la zona más al sur se han colocado cedros y abedules para que hagan de pantalla acústica y visual frente a la carretera. Finalmente, en la transición entre la estación y el colegio La Salle se han plantado también abedules.

Amplia explanada

La plazoleta de acceso a la estación se plantea como un amplio espacio urbano, una explanada despejada y flanqueada en sus bordes perimetrales por parterres y bancos. Es un área tan grande que a muchos vecinos les sorprende su amplitud hasta el punto de considerarla excesiva. La superficie peatonal se extiende por la travesía hasta el otro lado de la carretera, de tal forma que en la actualidad la acera y la calzada están situadas al mismo nivel, lo que genera una extraña sensación de inseguridad a muchos vecinos cuyos hijos deben atravesar este punto para dirigirse al colegio.

La concejala de Movilidad, Pilar Arana (PNV), indicó que el diseño de esta zona es consecuencia del proceso de participación que llevó a cabo el Ayuntamiento para definir la boulevarización de la travesía de Loiola pero «no tiene el visto bueno del Departamento de Movilidad», que no está de acuerdo con este paso de peatones a nivel con limitación de velocidad a 10 km/h para los vehículos. «Lo modificaremos en el proyecto de Boulevarización de la Travesía, donde además vamos a plantear que en vez de dos carriles (uno por sentido) la calzada tenga tres (uno sentido Martutene y dos en sentido Riberas) porque los desarrollos de Txomin Enea, Antzita y Ciudad Jardín requerirán más capacidad para este eje viario. Y, además, plantearemos que el paso de peatones bajo la estación no sea a nivel, tenga escalón y esté semaforizado».

Fotos

Vídeos