Limpieza de élite para unas playas diez

Más de una veintena de operarios se ocupan desde la noche anterior de eliminar la suciedad de la arena, del mar y de los distintos accesos

DANI SORIAZUSAN SEBASTIÁN.

Conseguir que las playas donostiarras luzcan sus mejores galas para salir bien en las postales no es tarea sencilla. Detrás hay un trabajo diario de limpieza llevado a cabo por más de una veintena de profesionales que desde la noche anterior y hasta la tarde siguiente se encargan de que los usuarios de La Concha, Ondarreta, Zurriola y la isla sólo se preocupen de colocar su toalla y disfrutar.

«Es una tarea que puede resultar ingente si se realiza después de un día festivo y con muy buen tiempo», asegura Mikel Egurza, encargado del grupo de limpieza de las playas donostiarras de la empresa FCC. Un equipo de le acompaña junto al resto de trabajadores -un total de 24- en una de sus jornadas de trabajo. Son las 7.30 horas del miércoles y el día ha amanecido nublado, pero no amenaza lluvia. La Concha está en pleamar y el agua de la bahía luce como un plato. Nuestra cita arranca en la rampa más cercana al hotel Londres. Allí nos reciben Egurza y el concejal de Playas, Miguel Ángel Díez, quienes ejercerán de guías de esta excursión a la cara menos conocida y más desagradable de nuestra costa.

toneladas de basura se recoge un día de buen tiempo entre las tres playas y la isla
Sube a 8 toneladas en fechas señaladas como Semana Grande o Jazzaldia.
3,5
Equipos de limpieza
Humanos
24 personas componen el equipo de limpieza de las playas, si bien la cifra se puede ampliar a 29 en días de fiesta como Jazzaldia o Semana Grande.
Maquinaria
tres tractores, cinco cribadoras, tres embarcaciones y hasta doce vehículos para llevar a cabo distintas operaciones.
Horario
desde las 22.30 horas en la Zurriola hasta la tarde siguiente.

A esta hora las tareas para poner a punto la playa están avanzadas. De hecho, las máquinas que se encargan de cribar y peinar la arena llevan trabajando desde las 22.30 horas del día anterior en la Zurriola. Los trabajos en este arenal se extienden hasta las cuatro de la madrugada. De ahí, los vehículos encargados de esta tarea se trasladan a Ondarreta, donde están hasta las 6.30 horas, para acabar en La Concha, donde suelen estar trabajando hasta las 9.30 horas. Este arenal se deja el último por ser «el que más vida nocturna tiene, tanto en la arena como en los bajos. El orden sólo se cambia cuando hay algún evento como pudiera ser el Festival de Jazz», cuenta Egurza.

Se recogen restos de plásticos, botellas de cristal y otros desechos más desagradables

En el momento de nuestra llegada, este encargado nos muestra el trabajo que está llevando a cabo el personal de arena. Están a punto de empezar con la limpieza de los bajos de la playa. Previamente, la Guardia Municipal ha tenido que pasar por la zona para despertar a los sintecho que han pasado la noche aquí y pedirles que se retiren. Algo que en ocasiones retrasa el inicio de estas tareas. Una vez despejado el paso, primero se procede a recoger los restos de basura que se han abandonado en el lugar. A veces incluso encuentran deposiciones humanas, según nos explican los responsables de la limpieza. Acto seguido se fumiga la zona con un producto químico que elimina los olores a orín y por último se utiliza una manguera para eliminar los restos y dejar limpio el paso.

Mientras tanto, sus compañeros de brigada llevan ya una hora realizando diferentes quehaceres. Unos recogiendo manualmente, valiéndose de unas pinzas, los restos de basura que hayan podido quedar en la arena y que la cribadora no ha sido capaz de eliminar. Y otros vaciando las papeleras repartidas por el arenal o barriendo y limpiando el resto de accesos y rampas. «En total, al día podemos recoger en torno a tres toneladas y media de basura. Una cantidad que después de días de fiesta como Semana Grande o el Jazzaldia se duplica», indica Egurza.

En cuanto al tipo de residuo más habitual, este profesional que lleva 12 años en el cargo destaca que lo más común que se encuentra en la arena son papeles, envases de helados o botellas de agua. En alguna ocasión también han hallado animales muertos como delfines o focas que, tras avisar a los expertos de la sociedad para la conservación de la fauna marina Ambar, también se encargan de retirar de la arena. Los fines de semana en La Concha, por su parte, se recogen restos de botellas de cristal de los botellones hechos en los voladizos. «Lo importante es que no queden restos de cristales para que los usuarios no se hagan cortes», añade. Acto seguido coge el móvil y da el aviso de que toca meterse al agua para seguir con el resto de trabajos.

Montamos en una de las barcas de FCC para acudir al siguiente punto de nuestro recorrido: los gabarrones. A primera hora de la mañana, estas plataformas presentan un estado que echaría para atrás a todos aquellos bañistas que se suben encima a tomar el sol o a saltar del trampolín. La superficie en este momento del día está cubierta de las heces de las gaviotas que han pasado aquí la noche. Es su baño particular. El olor que desprende da buena cuenta de ello. La imagen, se pueden imaginar: un auténtico campo de minas.

Una manguera con agua a presión es suficiente para desincrustar la suciedad y devolver a los gabarrones un aspecto más agradable como para atreverse a apoyar unos pies descalzos. «Eso sí, los días que hace mucho calor las deposiciones penetran en el material y cuesta mucho más limpiarlo», apunta el operario.

El otro punto de actuación está en la isla. Por allí pasan cerca de mil personas a diario, mil quinientas si es un día festivo con unas condiciones climáticas excepcionales, por lo que aquí el trabajo tampoco es baladí. Antes de que sus instalaciones abran a las diez de la mañana se deben llevar a cabo tareas como barrer la zona por la que se mueven las personas, es decir, el entorno del chiringuito y los accesos a la playa, y vaciar y cambiar las papeleras. Aunque la tarea más farragosa se encuentra en la parte de arriba, donde están los baños públicos. «Hay gente muy incívica que rompe las bolsas de basura y que en los baños es incapaz de hacer sus necesidades dentro del váter», describe Egurza.

La limpieza también es necesaria en el mar, donde una motora con dos palas delanteras armadas con redes se encarga de recoger la basura flotante que se cruza a su paso. Lo más habitual: restos de redes de alta mar y plásticos.

Los trabajos en las playas terminan sobre las 9.30 horas, «aunque si hay que estar más se está, como cuando hay algas o hace falta un cribado de refuerzo porque la marea por la mañana ha estado alta», explica Mikel. Por su parte, las tareas en el mar recogiendo flotantes se pueden prolongar hasta las 18.00 horas, mientras en la isla, un día de buen tiempo, los equipos pueden estar trabajando hasta las 16.00 horas.

El coste del servicio de limpiezas contratado por el Ayuntamiento de San Sebastián durante la temporada de playas es de 645.000 euros.

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