Limón y cola de conejo para el cedro rojo libanés

José Luis Lomas, restaurador del toledano Museo del Greco limpia, fija y da esplendor al retablo de la Iglesia de Capuchinos. Obra del artista aragonés Pueyo, está datado hace 60 años y presenta lagunas craqueladas, fisuras y suciedad por humo y calor humano

José Luis Lomas restaura el retablo de la explanada y el Santuario de Lourdes en la iglesia de Capuchinos. /FOTOS: LOBO ALTUNA
José Luis Lomas restaura el retablo de la explanada y el Santuario de Lourdes en la iglesia de Capuchinos. / FOTOS: LOBO ALTUNA
Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

José Luis Lomas se presenta en sus tarjetas, informes y artículos como el restaurador y escultor en Imaginería, Dorados y Policromía que fue hasta jubilarse. Tuvo su taller en el pabellón 8 del número 100 de la Donostia Ibilbidea del polígono industrial Bidebitarte, Astigarraga. Tuvo los mejores maestros, José e Ignacio Aguirre Oria, en los cinco años que fue alumno de la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad. Lo fue también de otra escuela sita en uno de los lugares más interesantes para el estudio de las artes plásticas y decorativas: Olot. Allí, al principio del siglo XX había más de 20 talleres dedicados a la talla del llamado Arte Cristiano. Cursó José Luis un máster en restauración de policromías, estucados y dorados en el Institut Royal du Patrimoine Atistique de Bruxelles y aprendió a reconocer casi cuatro mil especies de insectos devoradores de la madera en el Instituto Universitario de Arte y Madera de Caracas aunque en su memoria solo registró unos 1.800, precisamente el número de xilófagos que se alimentan del almidón escondido en las maderas que abundan en Europa, auténticas delicatessen para, por ejemplo, la Anobium puntactum. La única especie arbórea que se salva de ser agujereada y devorada por los xilófagos es el castaño pues su tinta, su resina actúa de repelente.

Sin embargo, no es la Anobium o el escarabajo relojero el problema que presenta el retablo de la iglesia de Capuchinos que actualmente restaura desde el punto más elevado de un andamio de cinco alturas el artista que durante diez años intervino y recuperó la madera de puertas, ventanales, cornisas, vigas, artesonado y celosías de la Casa del Greco en Toledo así como la maravillosa lacería mudéjar de la Capilla de San Bernardino. El cedro rojo del Líbano encerado que representa en uno de los laterales del presbiterio una escena en la que enfermos y peregrinos acuden a Lourdes cargados de fe y esperanza en la curación de sus males no ha sido atacado por los insectos sino por el paso del tiempo, las contracciones y distensiones de la madera (siempre un elemento vivo), el humo de las velas y los cambios de temperatura. Todo ello agravado por la sospecha de que en aquel año de 1958 los trabajos se iniciaran con la madera aun verde cuando en rigor no se debería haber actuado así. Actualmente lo que impera entre los maestros restauradores que como José Luis se encargan de trabajos de tanta importancia como las sepulturas de madera de la parroquia de Amezketa o la estructura del museo naval de Donostia, es realizar primero intensos y tecnológicamente precisos estudios de las diferentes temperaturas que se alcanzan a lo largo de un año en el lugar donde se colocará la obra. Se someterá luego a la madera (en espacio controlado) a esas mismas fluctuaciones de calor y frío y hacerla así resistente a los cambios. Por supuesto, seguirá sufriéndolos y seguirá contrayéndose en invierno y dilatándose en verano pero esos movimientos ya no serán tan violentos porque las tablas tienen 'memoria' y saben protegerse ante ellos. El mismo tratamiento, regulado pero de 'shock' se aplicará para aumentar la resistencia a la humedad.

En la iglesia de los Hermanos Capuchinos se usarán tierras al graso o al huevo

En la de Jesuitas se restauraron mármoles de Carrara y ónices traídos de México y Pakistán

5.000 pesetas mes a mes

Koldo Saragüeta, que fuera Superior de la Fraternidad de Errenteria y lo es ahora de los Hermanos de San Sebastián, conserva testimonios de cómo se fraguó tanto artística como económicamente la creación y colocación de los retablos que recuerdan que la relación entre la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y la advocación de la Virgen que se apareció a Bernadette Soubirous en Lourdes es intensa y eterna. No por capricho la iglesia de la calle Andia/Oquendo se llama Nuestra Señora de Lourdes.

El 27 de septiembre de 1957, tal como consta en el Archivo Central de Pamplona, ya se toma la decisión de reservar 5.000 pesetas al mes para poder festejar como se merece la conmemoración del centenario de la aparición mariana en las llanuras de Bigorre, centenario a celebrarse el 11 de febrero de 1958. Manuscritas, las entradas de dinero y la relación de gastos dan fe de que el escultor Enrique Pueyo viajó varias veces de Zaragoza a San Sebastián para llevar adelante el encargo. El buen imaginero oscense que no dejó de trabajar en su taller desde 1940 falleció en 2012, a los 97 años y hay imágenes suyas tan lejos como en la catedral de Manila o en Japón.

Los retablos colocados a ambos lados del presbiterio, el sagrario y los ángeles que soportan el peso de la mesa del altar costaron exactamente 190.134 pesetas. O lo que hoy serían 1142, 73 euros.

La obra que José Luis restaura en horarios de siete de la mañana a las 13.00 horas del mediodía simplemente por placer y porque sus ojos de imaginero sufrían al ver tanto deterioro consisten en dos escenas, dos pinturas talladas situadas en los colaterales del presbiterio. Están constituidas cada una por tres piezas machimbradas que presentan en algunos casos desgarrones y grietas de hasta 7 centímetros.

Esculpir, pulimentar...

Las nuevas normas, principios y tendencias (escritas y no escritas) de la restauración de imágenes (y de todas obra de arte en general) abogan por la fidelidad debida al original y la reversibilidad de los materiales utilizados en su recuperación. Sin hacer, eso nunca, dejación de su calidad, buscando siempre su máxima durabilidad. La intervención del imaginero, en este caso, del maestro industrial Lomas será estrictamente la mínima y necesaria.

Así pues, José Luis se sube todas las mañanas al andamio y prepara como si un alquimista fuera (que lo es) una mezcla de cola de conejo, Blanco España y unas gotas de limón que servirá para restituir la capa de 'gesso' (aglutinante con tiza, yeso, pigmento) desaparecida en esas lagunas craqueladas de la madera. Es la operación que precede a la restauración de la capa pictórica que llevará, por lo menos unas seis capas de estuco. Juega también José Luis con bases que reproducen las usadas por los maestros anteriores, por ese mismo Pueyo que empezó a aprender su oficio en la fragua de su padre. Bases donde utiliza aglutinantes al graso (óleo) o al huevo y que ayudarán a la total reintegración cromática y facilitarán el barnizado final.

Con el tiempo, la intención de Lomas es afrontar la restauración de la escena situada a la izquierda del presbiterio en la que Bernadette adora a la Virgen en la gruta. Las fisuras que cruzan la tabla de arriba a abajo son visibles incluso desde las estaciones del Vía Crucis obra de Antonio Oteiza.

Ángeles de Uribesalgo

Cuando José Luis acabe su labor en Capuchinos y asuma los nuevos trabajos en San Ignacio se encontrará con la obra de un escultor que conoce bien. El ángel que vela sobre una tumba en la iglesia de plaza Cataluña fue labrado por Isidoro Uribesalgo, célebre artista de Aretxabaleta. En hermoso mármol. Como los de Jesuitas. Dos de aquellos, los más bellos, tienen el rostro modelado a partir del de el hijo del imaginero.

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