Kepa Korta: «Donostia tiene un problema: no tiene jóvenes»

Kepa Korta, en la calle Ijentea. El director de la Oficina de Estrategia mira al futuro con optimismo. / USOZ

El envejecimiento de la población, la cohesión social, el cambio climático y la automatización, retos de la Donostia del futuro

JORGE F. MENDIOLASAN SEBASTIÁN.

A finales de los ochenta fue alcalde de su Ordizia natal y más tarde presidió diversas instituciones industriales comarcales, en las que redactó sus primeros planes estratégicos. Desde hace dieciséis años, Kepa Korta dirige la Oficina de Estrategia de Donostia, donde imagina la ciudad del futuro y detecta los obstáculos que se encontrará en el camino.

- ¿Qué es la Oficina de Estrategia y a qué se dedica?

- Se crea a finales de 2001 y su objetivo principal es elaborar un plan estratégico de ciudad, definir qué modelo de ciudad queremos para los próximos diez años. La oficina, que es pequeña, se encarga de redactarlo, hacer un seguimiento del mismo, prever la evolución de la ciudad en ese periodo e incubar algunos proyectos.

«El proceso inmigratorio es positivo, pero sin una inclusión real puede tener efectos negativos»

«Hay que atacar de una vez la baja natalidad con políticas que faciliten el proceso de maternidad»

«Hace falta un cambio de mentalidad hacia la reutilización, la llamada economía circular»

«¿Necesitaremos garajes cuando los coches vengan solos a recogernos a casa?»

- ¿En qué proyectos participa?

- Por lo general, los proyectos que salen del plan los desarrollan diferentes departamentos institucionales y organismos, pero en algunos casos, por su complejidad público-privada, trabajamos de forma directa en ellos, al menos en su germen: Tabakalera, Basque Culinary Center, Capitalidad Cultural Europea... La oficina también trata de identificar proyectos que pueden encajar en esa estrategia de ciudad.

- ¿Quién ha participado en la revisión del Plan Estratégico 2020?

- Es un proceso en el que han intervenido los agentes sociales, culturales, económicos, financieros, deportivos y de otros sectores que integran el Consejo Social. Se trata de construir la Donostia del futuro, con retos y objetivos a medio y largo plazo. Hemos realizado un diagnóstico de la ciudad, qué cosas positivas y negativas tiene. También se analiza lo que pasa fuera de aquí y cómo nos puede afectar. Con toda esa información intentas detectar por dónde van a ir los próximos años, qué tendríamos que hacer para adelantarnos a los posibles efectos negativos y cómo conducir la ciudad hacia ese modelo que queremos.

- ¿Hay que ser un poco visionario?

- Pues un poco, sí. Lo bueno de llevar tantos años -el primer plan estratégico data de 2002- es que antes había sueños y hoy tenemos realidades. Algunos sueños se han cumplido, otros no han salido como se esperaba... Como sucede en la vida, a la hora de plantearte el futuro de la ciudad tienes que imaginar. Tienes que soñar. Sobre todo, cuando se trata de proyectos que no son tan evidentes. Porque ahora ya nos suena normal, pero recuerdo que cuando en el plan se decidió apostar por la ciencia y la innovación aquello parecía cosa de marcianos.

- ¿Y qué sueños hay en el Plan Estratégico 2020 para Donostia?

- La estrategia diseñada en 2011 es correcta, pero vemos que la crisis ha puesto sobre la mesa algunas cuestiones que antes no estaban o quizás no tenían la importancia de ahora. El modelo de cohesión social, por ejemplo, es bastante bueno. Somos una ciudad que no tiene una enorme desigualdad entre barrios. Pese a eso, la situación en los últimos años ha empeorado en muchas familias y hay mucha gente en riesgo de exclusión. Hemos trabajado la cohesión social desde la perspectiva de los cuidados paliativos: la administración busca soluciones momentáneas, con sistema de desempleo, RGI, alquileres sociales y demás ayudas. Tenemos un sistema, con sus defectos, pero no hemos trabajado cómo sacar a la gente de esa situación.

- El envejecimiento de la población es uno de los grandes retos de futuro. ¿Cómo puede el Ayuntamiento favorecer la natalidad?

- Puede preparar la ciudad y tratar de influir en otras administraciones. Si yo considero que el nacimiento de un niño es un beneficio, desde las instituciones debo proteger la conciliación de los padres. Eso tiene costes, pero tenemos que hacerlo: políticas fiscales, escuelas infantiles... Hay muchas herramientas. El problema es que no estamos poniendo el foco sobre eso y no hay una conciliación real. ¿Por qué no hay hijos? Porque probablemente la condiciones no son las adecuadas: salariales, de estilo de vida, de vivienda... Tenemos que atacar este problema de una vez con seriedad para facilitar el proceso de maternidad. No podemos seguir a la expectativa. Pero con eso no va a valer...

- ¿A qué se refiere?

- Va a haber más inmigración porque en Donostia no tenemos jóvenes. Entre 15 y 20 años hay casi la mitad de población que entre 40 y 45 años. Y de eso no se está hablando. No va a haber gente suficiente para cubrir todos los puestos de trabajo y habrá que atraer jóvenes de fuera, pero eso supondrá un gran cambio cultural. Estamos hablando de mucha gente inmigrante. No estamos hablando de poca gente. Y un proceso así requiere de políticas de inclusión reales. En otros países hemos visto lo que puede pasar si no se hace adecuadamente. Hay que decirlo con claridad: el proceso inmigratorio es positivo y nos beneficia, pero debemos trabajar para que no tenga un efecto negativo.

- ¿Cuándo empezará a percibirse?

- Será un proceso muy rápido. Los que ahora tienen entre 15 y 20 años, en los próximos 5 o 10 años se van a incorporar al mercado laboral. Necesitamos atraer y retener a la juventud, que la gente encuentre aquí posibilidades de empleo. En una reciente feria turística celebrada en San Sebastián, la mitad de quienes fueron a buscar empleo eran extranjeros. En poco tiempo vamos a tener mucha gente de fuera con nosotros. Y hay que crear actividades para ellos y ver cómo podemos atraerles. Una ciudad que tiene juventud es una ciudad dinámica.

- ¿Tiembla al ver la pirámide poblacional?

- En unos pocos años tendremos personas muy mayores, en muchos casos con discapacidad. Hay que pensar cómo nos preparamos para que tanta gente se mantenga en sus casas porque el sistema público no va a tener capacidad para atender a todos. Pero también porque es mejor para esas personas. Pero hay que crear una red de apoyo para ellos. Por eso estamos trabajando programas para que la comunidad de vecinos y los comercios de proximidad mantengan contacto puntual con estas personas. Debemos fomentar el valor de la solidaridad con los mayores y un cierto compromiso de todos.

- Dicen que la soledad será la gran pandemia del siglo XXI...

- Estamos rodeados de aparatos que nos permiten conectarnos con personas de todo el mundo, pero en el fondo estamos solos. Y está demostrado que la socialización favorece una mayor longevidad. A veces, desde lo físico, lo urbanístico, actuamos sin tener en cuenta cómo funcionan las relaciones humanas. También es fundamental la conexión intergeneracional, que se está perdiendo porque no hay una comunicación entre jóvenes y mayores. Esa convivencia es necesaria.

- El plan advierte de los riesgos económicos del futuro.

- Habrá una gran transformación de la actividad. Lo estamos viendo. Nos está afectando la economía colaborativa, inicialmente con los pisos turísticos, pero también con el uso del vehículo. ¿Qué va a pasar con la automatización de los vehículos? ¿Vamos a necesitar un garaje o no? Igual hay una aplicación con la que pides que el coche, que se está cargando en un pabellón, vaya a tu casa y te recoja. La movilidad es un elemento importante de transformación, también en al ámbito económico.

- La automatización también afectará a las empresas...

- Sin duda. Van a necesitar otro tipo de perfiles laborales. El 60,4% de los jóvenes donostiarras entre 30 y 34 años tiene estudios superiores. Las ciudades del entorno no llegan a ese porcentaje. Tenemos una juventud preparada, pero debe estarlo para poder llevar a cabo esos procesos de automatización. Y como todas las máquinas estarán conectadas entre sí, la ciberseguridad será mucho más importante.

- ¿El cambio climático nos obligará a modificar nuestros hábitos?

- Tras la Cumbre de París, el objetivo es que en 2030, dentro de trece años, reduzcamos un 40% las emisiones de carbono. Teniendo en cuenta que fundamentalmente en la ciudad la contaminación procede del tráfico, la movilidad será uno de los capítulos más afectados. El cambio climático nos obligará a adaptarnos también a la subida del nivel del mar, el ascenso de las temperaturas, la probabilidad de inundaciones... Nos afecta muy directamente porque tenemos playas que son una parte importante del atractivo de la ciudad. El cálculo es de 64 centímetros de subida en 2050, que parece que no es nada, pero rebosará como cuando echas más agua en un vaso lleno. No sabemos cómo será el proceso, pero parece que incluso se puede acelerar.

- ¿Cómo debe adaptarse la ciudadanía al nuevo escenario?

- Además de cambiar el sistema de movilidad, para reducir las emisiones de CO2 tendremos que comer productos de 'kilómetro 0' para ahorrar costes de transporte, rebajar la artificialización del territorio, rehabilitar los edificios para un mayor aislamiento...

- ¿Cuánto tardarán en popularizarse los coches eléctricos?

- Será un proceso rápido, al menos en otros países. Suecia y Noruega han anunciado que prohibirán la venta de vehículos diesel y gasolina en 2025. Quien compre ahora coche, tendrá que pensárselo bien porque igual ya no podrá venderlo de segunda mano. El Ayuntamiento ya está tomando decisiones importantes en este sentido. Dbus ha reducido sus emisiones gracias a la incorporación de autobuses eléctricos e híbridos. Además, se está generando toda una economía relacionada con la movilidad sostenible, que es una oportunidad en sí misma. Los autobuses eléctricos de Dbus, por ejemplo, son de Irizar, una empresa guipuzcoana. Así favorecemos que entren las compañías en este sector e invertimos en empleo y en riqueza en nuestro propio territorio.

- ¿Ha tocado techo el reciclaje de residuos?

- Hace falta un cambio de mentalidad hacia la reutilización. No podemos seguir con un modelo que no incide en ella. Suecia acaba de reducir a la mitad el IVA de las reparaciones. Es lo que llaman la economía circular: volvemos a introducir un producto en todo el sistema y da vueltas. Hay una oportunidad de empleo también en este sector. Ya empiezan a abrir tiendas a granel. No podemos mantener este ritmo de derroche de material. La gente mayor conoce bien la reutilización porque siempre la ha practicado.

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