Historias de conductores y de viajeros

Ángel (55 años, 33 en Dbus) y Mario (31 y 6 años en la compañía). / DV
Ángel (55 años, 33 en Dbus) y Mario (31 y 6 años en la compañía). / DV

La reciente agresión a un trabajador relanza la campaña de Dbus para 'humanizar la imagen del conductor'. El ataque a Xabier Arzelus ha sido el primero de este año en la compañía municipal de autobuses, pero en 2016 hubo cinco agresiones.

CRISTINA TURRAU SAN SEBASTIÁN.

La agresión al conductor de autobús Xabier Arzelus hace unos días ha dado más valor a la campaña que lanzó este verano Donostibus para humanizar la imagen de los conductores y conductoras de la compañía y que aún puede verse en la página web www.historiasdbus.eus. Bea Martín, conductora y trabajadora de la compañía desde 2009, es una de las 'caras' que protagonizaron la campaña. Ella lo tiene claro. «Estoy encantada con mi trabajo y aunque alguna vez he tenido algún problema, lo normal es que los días transcurran felizmente y disfrutando», explica. «Me sumé a la campaña porque está muy bien recordar que quienes conducimos un autobús somos personas, que sufrimos igual que los viajeros por las obras y que, como ellos, tenemos sentimientos».

Desde que iba a la guardería, Bea Martín, que tiene 39 años, quería ser conductora de autobús. «Vengo de una familia que ha tenido una empresa de autobuses discrecionales y es algo que he visto desde niña. En mi familia todos conducían un autobús. Yo empecé a hacerlo a los 21 años, cuando pude sacarme el carnet. Ahora se saca más tarde».

De la empresa familiar pasó a la firma que compró la compañía y de ahí entró a Dbus hace 8 años. «Me gusta mucho mi trabajo y me gusta la gente, si no sería conductora de camión. De las 800 personas que pasan, igual un día tienes un problema con una, pero yo soy de hablar y de aclarar las cosas. Claro que hay veces que no se puede».

«Tenemos que agradecer a las primeras conductoras que desde 1981 trabajaron para que estemos aquí» nagore belmonte

Reconoce que el triste asunto de la violencia de algunos viajeros ha ido a más. «Antes no era tan habitual un caso como el del golpe a mi compañero», dice. «Además nadie se espera que 45 minutos después, con cazadora y gafas, esperes al conductor para agredirle».

Recuerda el caso de una chica que a las 6 de la mañana me dijo «de todo menos bonita». «Empezó a quejarse de la calefacción y eso que yo procuro que afecte sobre todo a la zona del conductor, ya que la gente va con abrigos. Luego se quejó de la puntualidad. Y eso que era el primer viaje de la mañana y había llegado a la hora. Decía que iba a llegar tarde a trabajar. Luego anunció que llamaría al servicio de atención al cliente de la compañía para protestar. Cuando se bajó, otros viajeros del autobús llamaron al servicio para relatar lo que habían visto y darme su apoyo».

La cara de Bea Martín se 'asomó' a las marquesinas de la ciudad dentro de la campaña 'Personas que llevan a personas'. Estos carteles de una campaña que se lanzó en junio buscaban humanizar la imagen del conductor de autobús, con historias de algunos de ellos. Se hicieron 4 tipos de carteles y se grabaron también 4 vídeos de conversaciones entre conductores. Están disponibles en la web www.historiasdbus.eus.

«Mi abuelo fue conductor 22 años, mi padre lleva 33 años al volante, y yo estoy orgulloso de seguir» Mario Arias

Cinco agresiones en 2016

Igor González, gerente de la empresa, defiende la necesidad de una campaña como esta. «Faltaba lanzar a la sociedad un mensaje con el estado en el que se encontraban los conductores, preocupados por la violencia que encuentran en algunos usuarios», relata. «Por eso dimos a conocer lo ocurrido en la última agresión. El tema de la violencia siempre ha existido. Es verdad que en las últimas épocas se ha acrecentado, sobre todo el año pasado, con cinco agresiones físicas».

Bea Martín (8 años en la compañía) y Nagore Belmonte (10 años en DBus) son dos de las 40 conductoras de la compañía. José Mari Auzmendi lleva también diez años conduciendo apra Donostibus. / DV

El ataque al conductor Xabier Arzelus ha sido el primero de 2017, «y ha sido aparatoso», dice. «En el momento inicial Xabier se sintió muy arropado por los compañeros, empresa y Ayuntamiento y quiso que se hiciera pública la agresión para ayudar a concienciar a la sociedad. Hay que dar respuesta a las agresiones con actuaciones preventivas, y ahí entra la campaña o la actitud de Xabier, y actuaciones correctivas: Tras la agresión, hay que identificar y dar una respuesta judicial. La denuncia ya está puesta por el conductor y la compañía va a hacer una ampliación de la denuncia reclamando al agresor los daños económicos que ha sufrido por la misma. Además, daremos apoyo jurídico a nuestro trabajador».

El conductor se recupera física y anímicamente gracias en parte a los apoyos recibidos. Sigue de baja, está más tranquilo, ya no lleva parche en el ojo, aunque le quedan los puntos. «Volverá a su puesto de trabajo», asegura González.

Hay un pasado traumático en la empresa, el de los años de 'kale borroka', cuando la compañía municipal de autobuses registró numerosas incapacidades y bajas de conductores objeto de la violencia callejera. Un conductor fallecido fue reconocido por el Gobierno Vasco como víctima de terrorismo, explica el gerente.

«Mucha gente te conoce y se preocupa por ti; una viajera me tejió un jersey al saber que iba a ser padre» José Mari Auzmendi

La compañía celebró el año pasado sus 130 años de historia. «Nos parecía que era un momento adecuado para apoyar a los conductores», explica González. «No habíamos socializado este valor. A veces pensamos que el autobús funciona de forma autónoma y es justo todo lo contrario. Solo es posible porque hay un grupo de profesionales muy importante detrás».

De los 500 trabajadores de Dbus, 400 son conductores. «Colaborando con los propios trabajadores diseñamos la campaña. Que la gente viera que ahí está su vecina, su compañero de sociedad o el padre de los compañeros de colegio de sus hijos. Que se viera que detrás del volante hay personas».

Así nació la campaña 'Personas que llevan a personas'. «Recogimos historias de los conductores y las dimos a conocer a través de diferentes formatos: marquesinas, anuncios por la ciudad, rotulación en autobuses o la web».

Había un doble objetivo: «Poner en valor el trabajo realizado en estos 130 años y trabajar la empatía del usuario con el conductor», dice.

La campaña recoge las historias de numerosos conductores y conductoras, que con pequeños relatos muestran los entresijos de su trabajo diario al volante del autobús, sus inquietudes y sus vivencias. «El objetivo de esta iniciativa es que la ciudadanía donostiarra pueda conocer y comprender un poco más el trabajo de las personas que conducen el autobús, personas que llevan a otras personas, día a día, y ante diferentes situaciones», explican los responsables de la campaña.

En la web 'historiasdbus.eus' los usuarios han podido contar su propia historia como viajero. De todas las recibidas, se han premiado cinco, que han recibido un pase gratis en las líneas de Dbus durante tres meses.

Uno de los premiados es José Ángel Arrieta Oslé, de 49 años. «Vi la campaña de los conductores y una noche que estaba ante el ordenador, me puse a escribir, a ver si se me ocurría algo», relata. «Los autobuses me traen muchos recuerdos de cuando era pequeño».

«Las personas más importantes para mí han estado al volante. Mi aita, mi ama y mi marido» Bea Martín

Su historia lleva por título 'Cómo hemos cambiado'. «Tengo un gran recuerdo de mis viajes en autobús durante toda la EGB para ir al colegio, ida y vuelta, mañana y tarde», explica. «Viajabas con los amigos y lo pasabas muy bien. Tengo hasta algún recuerdo del viejo trolebús y sus antenas eléctricas, aunque ya no sé muy bien si es imaginación o realmente lo viví».

El viaje se disfrutaba. «Era bien corto, pero teníamos nuestro hueco en el bus. Nos ha acompañado en nuestro crecer. Empecé en EGB y ahora uso menos el autobús pero aquella época te marca y está muy presente en tu vida porque lo usas todos los días y encima en grupo, lo que da más ambientillo».

Contaba Arrieta en su relato cómo les gustaba sentarse en el antiguo puesto del cobrador. «Estaba en la parte de atrás del autobús y disfrutamos mucho de ello, antes de que retiraran aquellos últimos autobuses. Íbamos corriendo para poder coger ese puesto».

Recuerda la parte de atrás de los antiguos autobuses y su barra central. «Ahí lo pasábamos en grande. Mirando por las ventanillas, sentándote en el hueco junto a la puerta, tratando de no caerte sin agarrarte. Jugabas un poco en el autobús».

Hay una añoranza de aquellos recuerdos de infancia. «Por eso también me animé a escribir», explica.

En aquellos desplazamientos iba de Herrera a Gros y de Gros a Herrera. Vivía en Herrera y estudiaba en el Corazón de María. «Ahora vivo en Gros y como trabajo en el centro tampoco utilizo mucho el autobús. Cuando más lo uso es para volver a Herrera y visitar a mi madre y mis hermanas que viven allí».

Aquellos años de infancia sembraron su hoy. Trabaja en un centro de día atendiendo a personas con discapacidad intelectual. «Hacemos programas de radio, vamos a la piscina, tenemos grupos de lectura fácil y también huerta. «Son actividades que eligen los usuarios con la ayuda de la familia y la nuestra. Queremos que participen en la sociedad y estén presentes en el barrio. Esa es la labor. Dar calidad de vida a las personas con discapacidad intelectual».

Ilustrador donostiarra

En la campaña se han recogido un total de 80 historias de conductores y usuarios del autobús. De todas las historias propuestas por los viajeras se han seleccionado cinco. A estas historias, el ilustrador donostiarra Diego Besné les ha puesto imagen. Aún pueden verse en algunos anuncios callejeros. También fueron objeto de una campaña de 'perching', en la que se colgaban cartulinas con estas historias en las barras interiores de los autobuses.

Bajo el lema 'más de 28 millones de viajes al año dan para muchas historias' se desarrolló el concurso entre los viajeros.

Hay quien habló de sus 'Momentos de lectura', como Iker Izal, o de sus 'Paseos por La Concha', como Leticia, ya jubilada, que relata en su historia cómo disfruta leyendo el periódico en el bus, con vistas a La Concha.

Así contaba José Ángel Arrieta la suya en 'Cómo hemos cambiado': «Yo, a las puertas de mis 50 primaveras, vuelvo la mente atrás y me fluyen recuerdos y sentimientos en torno a nuestro querido transporte público. No sé si se me mezclan recuerdos con imaginación, pero sea lo que fuere no puedo sino sentir cierta nostalgia por el tiempo pasado que diría aquél».

Había lugares codiciados en el autobús. «En ellos crecimos, corriendo para montarnos en el puesto del cobrador, cual príncipe a caballo, pasamos la EGB montando diariamente en la parte de atrás, agarrados a aquella barra trasera, divisando la vida a través del cristal o sentados en el hueco de la puerta trasera, lugar codiciado... y veo los actuales autobuses y pienso... cómo hemos cambiado y qué bonito viaje, el de la vida».

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